El apoyo en Israel a la ofensiva acalla las voces críticas con Netanyahu
Manifestación de la extrema derecha israelí en Sderot - afp

El apoyo en Israel a la ofensiva acalla las voces críticas con Netanyahu

El primer ministro sabe que pagaría muy cara una retirada sin haber desarmado a Hamás

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Más bombas ayer, más sangre y más muertos en la plaza de un mercado en Gaza y en un colegio. Israel había anunciado un alto el fuego de cuatro horas, Hamas lo había rechazado. Hay muchas voces que dicen que esos alto el fuego solo sirven para confundir y llevar a la gente confiada hacia la muerte. Hamás se ha reafirmado en sus objetivos y voluntad de combate. Mohammed Deif, líder del brazo armado de Hamas, insistió en que «no habrá alto el fuego sin levantamiento del bloqueo». E Israel ha dejado claro que no habrá fronteras abiertas sin desarme de Hamás. Ni habrá fin de la operación hasta que sean destruidos los túneles y los depósitos de cohetes.

En Israel, las voces críticas con Netanyahu han callado. Mientras dure la operación tendrá un apoyo sin fisuras. Entre los estudiantes el respaldo es de un 97%, según un sondeo de ayer. Sabe el primer ministro que pagaría muy cara una retirada sin haber roto de forma decisiva la capacidad militar de Hamás.

Si el apoyo es general en Israel, en ningún sitio es tan ferviente como en Sderot, la villa de 25.000 habitantes que en algún punto está a menos de un kilómetro de la frontera de Gaza. En las lomas del extrarradio están los tanques que disparan a objetivos marcados desde el interior. En ese mismo campo se han descubierto varias salidas de túneles. En uno se mató hace poco a trece miembros de Hamás a punto de entrar en un kibbutz. «Nosotros vivimos así desde hace muchos años. Nuestros niños están educados para crecer sanos pese a las bombas. Pese a las alarmas a diario. Nada más aprenden a andar aprenden a correr hacia el refugio, con prisa pero sin pánico».

«Aquí es siempre así»

El refugio es parte de la vida en Sderot. En el kindergarten como en el colegio hay salas fortificadas, como en las casa, oficinas o en la calle donde las paradas del autobús son un búnker. «Nosotros somos la primera línea de frente del mundo civilizado, estamos en la trinchera. Pero todo Israel no puede vivir así, bajo las bombas, permanentemente». Quien así me habla es el alcalde de Sderot, Alon Davidi. Que no tiene duda de que la operación tiene que seguir. Y no puede ser una más. Para que dentro de meses o un par de años, Hamás esté igual. Aquí somos judíos llegados de Irán e Irak, también marroquíes. Israel nos ha protegido y protege. Nosotros protegemos a Israel». En la plaza central, estelas funerarias recuerdan a cada ciudadano de Sderot muerto por cohetes. Todos los hombres en edad militar andan armados. «Aquí es siempre así, no solo ahora que estamos en guerra”»

El hospital Saroka es un espléndido complejo ultramoderno en la ciudad pujante en el desierto del Neguev, que lleva el nombre de Beersheva, del asentamiento fundado por Abraham junto a un pozo. «Por esto se llamó a este lugar Beersheva, porque allí juraron los dos» (Génesis 21, 31). Allí llega la mayoría de los soldados heridos en Gaza. Varios han muerto allí en estos días. A Serkova no llevan heridos palestinos que trasladan a otros hospitales más al centro y norte de Israel, para evitar que coincidan con los familiares de los soldados. Hay soldados en gravísimo estado. Pero no hay ni un familiar dispuesto a parar la operación en Gaza. «Llegamos a esta tierra para protegernos los judíos. Eso hicieron nuestros abuelos, nuestros padres, nosotros y nuestros hijos. No sé si mi hijo vivirá. Pero otros lo harán. Nos fuimos de Gaza y hoy es una base terrorista. Si no acabamos con Hamás no habrá paz».