¿De qué infiernos huyen los inmigrantes que naufragan frente a las costas de Italia?
Un grupo de inmigrantes, a su llegada al puerto de la Valleta tras el último naufragio - afp

¿De qué infiernos huyen los inmigrantes que naufragan frente a las costas de Italia?

Analizamos loss focos que expulsan a los miles de inmigrantes

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Los víctimas de los últimos naufragios ocurridos en las costas del sur de Italia no son inmigrantes económicos sino ciudadanos que huyen de guerras civiles, estados fallidos, hambrunas y regímenes opresivos, como los casos de Siria, Somalia o Eritrea.

Siria

Los trágicos naufragios frente a la isla de Lampedusa han puesto de manifiesto la desesperación de más de dos millones de sirios que han huido de la guerra en su país. Los campamentos de Naciones Unidas en Turquía, Irak y Jordania están a rebosar. En tanto que en Líbano, decenas de miles de sirios sobreviven en asentamientos ilegales o en casas de parientes o amigos. En Estambul (donde el número de refugiados supera ya los 100.000), pueden verse a decenas de familias sirias, normalmente las más humildes, durmiendo en parques y mezquitas.

Muchos tratan de emigrar clandestinamente a una Europa que, con la excepción de Suecia, no se ha mostrado muy acogedora con los ellos. Huyen de la guerra civil y del creciente fanatismo imperante en su país. Para su escapada existen dos rutas principales: una a través de Turquía y Grecia, y otra por Egipto.

En Egipto, el éxodo se aceleró tras la reciente campaña contra sirios y palestinos, alimentada por las nuevas autoridades militares. A los niños no se les deja matricularse en las escuelas egipcias, y a los adultos se les niega cualquier tipo de trabajo. Huyen desde Alejandría, pagando 4.000 dólares por una plaza en barcazas de mala muerte en las que llegan a viajar hasta 200 pasajeros. El destino final, para muchos de ellos, es el fondo del mar.

Eritrea

Bab al Mandeb («La Puerta de la Pena y el Dolor»). En la actualidad, ésta es la ruta de escape habitual elegida por los inmigrantes eritreos hacia la esperanza. Bab al Mandeb es el punto más corto en la ruta de huida hacia Yemen, desde donde intentarán escapar hacia cualquier otro país.

A lo largo de su trayecto de huida, estos refugiados son víctimas de una vil explotación laboral e incluso sexual a manos de mafias sin escrúpulos. Pero, a pesar de que los guardafronteras tienen la orden de «disparar a matar», a pesar de todo, se calcula que cerca de 1.500 eritreos huyen cada mes de su país, uno de los más brutales y opresivos de África.

Hasta ahora estos inmigrantes solían dirigirse a Arabia Saudí y emiratos del Golfo. Algunos iban también a Kenia. Ahora intentan llegar también a Europa.

Huyen de un régimen paranoico y represivo. Desde su independencia en 1993, al menos 10.000 presos políticos han sido encarcelados, muchos sin acusación formal. El régimen acalla brutalmente la menor disidencia y ha construido una densa red de prisiones, donde la tortura es ley de vida. Poco o nada queda ya de aquel otro país considerado, en los años noventa, ejemplo de libertad y lucha por la igualdad.

Somalia

Huyen de la guerra civil, de la miseria, de la hambruna en un Estado fallido donde además se han hecho fuertes las milicias integristas de Al Shabab, ligadas a Al Qaida. Un millón y medio de somalíes han huido de su país. Parte de esos refugiados son los que intentan llegar ahora a Europa, muchos de ellos a través de Libia, país también sumido en el desgobierno.

Solo en 2011 al menos 1.500 inmigrantes irregulares y refugiados (buena parte de ellos, somalíes) se ahogaron o desaparecieron al intentar cruzar el mar Mediterráneo para alcanzar las costas del Viejo Continente. Un año antes, 260.000 personas murieron en la hambruna que asoló al país. Para ellos no había más alternativa: o la muerte por inanición o la huida.

«Llegamos hace veinte años huyendo de la miseria. Volver ahora es imposible», nos relató un refugiado en Dadaab. En octubre de 1991, nueve meses después de la caída del dictador Siad Barre, la ONU levantó el campo de refugiados de Dadaab, en el noreste de Kenia, el mayor del mundo. La intención original era levantar tres campamentos para 90.000 personas, pero a día de hoy el centro acoge a más de 400.000 (630.000 según fuentes extraoficiales), algunas de ellas refugiados de tercera generación. Es decir, hijos y nietos de refugiados que no han conocido más realidad que estos campamentos.