Entre el júbilo y el llanto, Egipto un país dividido
Júbilo de los adversarios de los islamistas en la Plaza de Tahrir de El Cairo - afp

Entre el júbilo y el llanto, Egipto un país dividido

Los islamistas convocan para hoy manifestaciones en todo el país para rechazar el golpe de Estado

paula rosas
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La capital egipcia se despertó ayer con una extraña sensación de resaca. Como tras la final de un derbi, con ganadores y vencidos, un peligroso cóctel de sentimientos extremos de euforia e indignación. Durante toda la noche, miles de personas celebraron en las calles de muchos barrios de El Cairo el golpe dado en la mesa por el Ejército egipcio. Con fuegos artificiales y banderas de Egipto, las bocinas de los coches pusieron la banda sonora a una noche que sin duda pasará a la Historia.

En otras partes de la ciudad se impuso el silencio. Los alrededores de la mezquita de Rabaa el Adauiya, en el barrio de Medinat Naser, donde durante días habían estado concentrados los seguidores del presidente Mohamed Mursi, y donde ayer seguían apostados, eran la viva imagen de la desolación. Pero no se dan por vencidos. Hoy volverán a salir a las calles a manifestarse para denunciar el derrocamiento del ya exmandatario. La Coalición Nacional para Apoyar la Legitimidad, una alianza formada por unos 40 partidos islamistas, han convocado protestas pacíficas para la jornada de hoy y los Hermanos Musulmanes han instado en su página web a sus seguidores a “mostrar moderación y compromiso con la paz”.

“¿Quién protege mi voto? ¿Para qué voy a votar la próxima vez?”, se preguntaba ayr Ibrahim el Arsal, doctor en arte islámico. El joven, padre de dos niños, se mostraba triste y, sobre todo, decepcionado. En su barrio, el distrito de Haram, junto a las pirámides de Guiza, el anuncio de los militares despertó sentimientos encontrados. Mientras que algunos salieron a celebrar la caída de Mohamed Mursi, grupos de vecinos se manifestaron por las calles contra el general Abdel Fatah el Sisi, jefe de las Fuerzas Armadas. “A mí no me gustaba ni Mursi ni como estaba gestionando las cosas, pero yo quería que continuase los tres años que le quedaban, porque la democracia es así”, se lamentaba Arsal.

Rumorología desbocada

Como este joven, muchos egipcios desconfían de quién está realmente detrás del golpe del Ejército, y sospechan que las fuerzas del antiguo régimen, los conocidos en Egipto como “fulul”, son las que realmente han movido los hilos y manipulado a los jóvenes que pedían la caída de Mursi. Egipto es un campo abonado para la rumorología, que estos días cabalga a rienda suelta en el país.

Tan difícil es convencer estos días a los defensores del presidente de que no todos los manifestantes en Tahrir, que pedía la caída de Mursi, eran fieles a Hosni Mubarak, como asegurar a los que han celebrado el golpe de que no todos los islamistas tienen armas y están apoyados por Hamás. “Sabemos que han llegado armas desde Gaza y desde Libia para armar a los Hermanos Musulmanes, armas más sofisticadas incluso que las de la policía”, aseguraba, sin margen para la duda -y sin pruebas-, la doctora Nevin Ahmed, que llevaba desde el pasado domingo acudiendo todos los días a Tahrir con su marido y sus hijas.

En su barrio, el acomodado distrito de Zamalek, donde al anochecer los cafés se llenan de jóvenes liberales que beben cerveza y fuman shisha, la tradicional pipa de agua, no había espacio para la tristeza. En cuanto Al Sisi inició su discurso, el barrio estalló en vítores y la fiesta se prolongó durante toda la noche. Desde hacía días, banderas de Egipto, carteles con la palabra “erhal” (vete) y fotografías del presidente tachadas con una cruz roja, adornaban balcones, portales e incuso vehículos.

La polarización que vive el país desde hace más de un año se ha visto acentuada, sin duda, tras los últimos acontecimientos. La sensación de vencedores y vencidos se ha impuesto en la sociedad, con el peligro de que sea el ansia de revancha el principal obstáculo que haya que salvar en esta nueva transición.