Imagen de La Reverte, antes de confesar que era un hombre
Imagen de La Reverte, antes de confesar que era un hombre

Reverte, el torero travestido que engañó a España durante dos décadas: «¿Pero es hombre o mujer?»

A principios del siglo XX, una famosa figura del toreo, María Salomé Rodríguez, sorprendió a toda España al confesar, después de casi dos décadas llenando plazas, que en realidad era un hombre llamado Agustín Rodríguez

MadridActualizado:

« ¿Pero qué es La Reverte, a ver? ¿Hombre o mujer?», se preguntaba ABC el 15 de octubre de 1911. La polémica sacudió durante meses al mundo de la tauromaquia de aquella España presidida por José Canalejas. Y no fue fácil averiguar el misterio o la trampa que rodeó a aquella figura que consiguió acumular más de una década de triunfos en algunas de las plazas más importantes del país. Como recogía este diario cuando el escándalo ya llevaba tiempo en boca de todos: «El gobernador de Bilbao ha reclamado los documentos que justifican el cambio de sexo [...]. El acertijo es, a esta hora, la jaqueca de los taurófilos. Toda la afición está pendiente de los papeles del torero o torera, de su autenticidad y de las complicaciones que puedan acarrear. El empresario de la plaza de Vista Alegre, en Madrid, porfía en que se trata de una mujer. El empresario de plaza de Indautxu, en Bilbao, no cede en su denuncia de que se trata de un varón».

La Reverte, como hombre y como mujer
La Reverte, como hombre y como mujer

La historia de María Salomé Rodríguez Tripiana, alias «La Reverte», comenzó en 1888, año en que debutó de la mano de Machaquito y Lagartijo chico. Tras abandonar su trabajo en las minas de La Carolina y Arquillos, en Jaén, se marchó con estas dos grandes figuras a hacerse un nombre en las plazas de Zaragoza, Madrid, Granada, Valencia, Murcia, Sevilla, Lisboa y otras ciudades portuguesas. Y no se puede decir que no lo consiguiera, porque logró suplir la falta de técnica y estilo con increíbles muestras de valentía. Eso la llevó a conseguir notables éxitos de taquilla y a hacerse un hueco en los principales periódicos de la época, que seguían su carrera con gran curiosidad… y sin la más mínima sospecha sobre su sexo. «La Reverte estuvo muy valiente, pero yo no estoy por el feminismo en el toreo», comentaba el crítico taurino de « El Enano» en enero de 1899. «Es muy valiente y muy morena. Capea, banderillea, mata y salta la barrera como un hombre. Tiene mucha decisión, pero nada más», añadía « La Correspondencia de España» en noviembre de 1900.

En las crónicas de sus corridas, y por parte de los mismos aficionados, La Reverte recibía aplausos e insultos por igual. Era la diana tanto de los elogios más generosos como de los reproches más machistas. Otra vez en « El Enano», esta vez con motivo de otra faena en 1900, se indicaba: «El becerro destinado a la matadora doña María Salomé era un bicho colmenareño. Según nos dicen, más chico que los lidiados por el sexo fuerte y de color castaño [...]. En su quinto estuvo muy valiente y mejor que los hombres». Por su parte, la revista « El Toreo» apuntaba en 1899: «María Salomé demostró mucha valentía en la muerte de sus toros. Como dice un colega de la corte, nos ha demostrado que es una mujer con toda la barba». Y en Barakaldo, en noviembre de 1905, el semanario « La Fiesta Nacional» aseguraba: «La Reverte ha estado superior con el capote, haciendo mil filigranas y oyendo grandes ovaciones. Con el estoque también tuvo fortuna, despachando sus tres toros con cuatro buenas estocadas y siendo aplaudida. Una gran tarde para la torera».

La prohibición

Así continúo Salomé hasta que, en el verano de 1908, su suerte cambió cuando los gobernadores civiles recibieron la orden del entonces ministro de Gobernación, Juan de la Cierva, que prohibió torear a las mujeres: El telegrama advertía: «La opinión pública ha protestado en varias ocasiones contra la práctica que va introduciéndose en las plazas de toros de que algunas mujeres tomen parte en la lidia de reses bravas […]. Esto constituye un espectáculo impropio, opuesto a la cultura y a todo sentimiento delicado. Por eso dispongo que, en lo sucesivo, no se autorice función alguna de toros en que estos hayan de ser lidiados por mujeres». ABC informaba así de la nueva medida: «Los aficionados a las emociones taurinas experimentaron un grave contratiempo. Iban a ver torear en Tetuán a La Reverte, la joven torera que, como tenga la misma afición a coser que a estoquear novillos, será una excelente mujer de su casa. Pero va la autoridad y... ¿qué hace? Pues prohíbe la corrida».

La Reverte, en 1910, durante su reaparición en una plaza de toros ya como Agustín Rodríguez
La Reverte, en 1910, durante su reaparición en una plaza de toros ya como Agustín Rodríguez- ABC

La censura indignó de tal manera a la famosa matadora que se lanzó a pelear en los tribunales su derecho a seguir ejerciendo su profesión. «Que el señor De La Cierva me dé una credencial de hombre y yo seguiré toreando como puedan hacerlo los hombres, pues soy tan capaz como el que más», insistió Salomé. Pero pasó el tiempo y la batalla legal no se decantó en favor de La Reverte. La polémica, finalmente, acabó desembocando en un escándalo mucho mayor del que se podía esperar de aquella medida machista en una época machista. Al intuir que no ganaría el juicio y que no podría seguir toreando, nuestra protagonista confesó que no era una mujer y que no había sido bautizada como María Salomé, sino que era un hombre.

Algunos años más se estuvo hablando del tema sin que quedara confirmado, médicamente hablando, si la susodicha era hombre. En septiembre de 1911, este periódico aún ponía en duda tales informaciones en un artículo titulado « Cambio de sexo»: «Hemos leído que María Salomé no es la tal María y que la antigua matadora de novillos es hoy Agustín Salomé Rodríguez. Que viste airosamente traje masculino, que cubre su cabeza con elegante jipi y que ha estado en Madrid, donde, previo examen, ha quedado resuelta la duda de muchos años [...]. Lo que podemos afirmar nosotros es que la vimos torear una vez en la plaza de Madrid y advertimos en ella un valor grande al estoquear dos novillos con respetable cornamenta, una agilidad impropia de una mujer para correr y saltar vallas, así como una resistencia física que no es común en los individuos de sexo débil».

Agustín Rodríguez

El sexo de esta figura de principios del siglo XX fue objeto de toda clase de interpretaciones con el paso de los años. Él nunca quiso aclararlo de todo y, de hecho, siguió toreando desde entonces como hombre, anunciándose en los carteles como Agustín Rodríguez. Algunos aficionados creyeron que había ideado la estratagema después de que le prohibieran torear como una mujer, con el objetivo de seguir ganándose la vida. Y ponían en duda, sin que faltaran las mofas, que fuera realmente un varón. El Registro Civil de su pueblo natal, Senés (Almeria), podría haber terminado con la polémica, pero resulta que se quemó durante la Guerra Civil, al igual que el Registro Parroquial donde fue bautizado. No quedaban rastros.

Años después corrió el rumor de que un médico había atendido a La Reverte tras un percance sufrido en Salamanca, el cual determinó que sus atributos eran masculinos. El suceso trascendió al público y mucha gente hizo cábalas sobre un supuesto caso de hermafroditismo. Hasta que, a mediados de los años 30, puso fin a su carrera en los cosos y se fue a vivir de sus ahorros en su casa de las Navas de Tolosa. Y cuando se le acabaron, tuvo que ganarse la vida como guarda en una mina de Jaén hasta su muerte.

El caso siguió siendo recordado cada ciertos años, incluso décadas, después de que nuestro protagonista falleciera en alguna fecha indeterminada de mediados de la década de los 40. En 1945, la contraportada de « El Ruedo» se hacía eco de su historia. En ella, el escritor y cronista taurino Benjamín Bentura, «Barico», dejaba patente su indignación por aquel episodio: «He aquí un caso de desvergüenza que no tiene par en la historia del toreo. Esta María Salomé ni era María, ni Salomé, ni debió apodarse La Reverte. Parece que la historia, poco edificante, de esta señorita torera, que no era señorita ni sabía torear, debió servir de tema para un juguete cómico de finales del siglo pasado. Pero las superchería de Agustín Rodríguez no tenía gracia. Y si se le recuerda, es por los embustes y fraudes que hizo en su dilatada vida profesional».

En 1962, ABC publicaba otro artículo para rescatar «el más extraordinario y singular personaje que ha pisado los ruedos españoles». «Su vida, caricaturesca y absurda, tuvo cierto aire de leyenda y ha pasado a la historia del toreo como algo extraordinario e inaudito», escribía Francisco Rodríguez Batllori. «Sus afanes por torear más y mejor fueron inútiles, puesto que las deficiencias que el público había tolerado a María Salomé no eran, en cambio, perdonadas a Agustín Rodríguez [...]. No es posible, sin embargo, desdeñar el mérito de aquel juego difícil y peligroso, mantenido durante años, sin que las empresas taurinas, los ganaderos, la crítica y los aficionados se percatasen del fraudulento truco», añadía.

La Reverte, durante una corrida de 1909
La Reverte, durante una corrida de 1909 - ABC