Marian Anderson
Marian Anderson

Marian Anderson, la voz negra que arrebató el corazón de Federico García Lorca

En 1955 la contralto se convirtió en la primera afroamericana que debutó en la ópera para erradicar la segregación racial en los grandes escenarios de la música

MadridActualizado:

La ópera tuvo un antes y un después con Marian Anderson (1897-1993). La contralto que arrebató el corazón de Federico García Lorca terminó con la segregación racial en los grandes escenarios del mundo. Su figura fue cuasi mesiánica para la Historia de los derechos civiles, pues a través de su presencia en las grandes capitales del mundo logró definir una nueva era para la humanidad. Porque el día Anderson cantó por primera vez frente a los blancos, rompió todas esas cadenas que ataban a las otras voces negras al olvido.

Marian Anders- C.C

A finales de la década de los años 30 los prejuicios raciales seguían crucificando a los civiles de color en Estados Unidos, sin embargo la artista afroamericana abofeteó -sin pensarlo ni quererlo- a uno de los grupos más elitistas del país, «las Hijas de la Revolución». La burla no perdonaría a las miembros de dicha organización cuando se negaron a acoger el recital de Anderson en el Constitution Hall de Washington, porque el mismo Estado ridiculizaría aquella rabieta colectiva de blancas indignadas. Sí, la primera dama Eleanor Roosevelt no solo se desvincularía de la institución, sino que además organizó el histórico concierto en la plaza del Monumento a Lincoln al que acudieron al menos 75.000 personas.

El camino a la libertad comenzó sobre un escenario cuando la voz de Marian Anderson recuperó aquel horizonte robado desde tiempos de la esclavitud, por ello es que la contralto ocupa un lugar casi santo para la música negra.

«Cuando canto, no quiero que vean que mi cara es negra... quiero que vean mi alma. Y no tiene color», expresó Marian Anderson.

Las escaleras hacia la gloria

Una pequeña Marian limpiaba las escaleras de los edificios de Filadelfia para comprarse un violín, pero lo que no sabía era que aquel sacrificio era el primer escalón en su camino hacia la gloria. No era un asunto fácil, pues el reconocimiento internacional no llegaría hasta la madurez. Pero ella, desde que estaba en la cuna, sabía que llevaba la música escrita en el corazón, y por eso allí donde pudiera cantar sentía que estaba cumpliendo su misión. Por este motivo la futura contralto iniciaría la razón de su vida a la tierna edad de seis años en un coro religioso de su distrito, y poco a poco fue creciendo con otras voces, esas que la empujaron a desarrollar una carrera musical.

Madrid y Lorca también fueron testigos de esa mujer prodigio, que se convertiría en el posterior fenómeno que derribaría los muros de la segregación «músico-racial»

Después de recoger numerosos premios en los escenarios estadounidenses, y debutar en la Filarmónica de Nueva York con 28 años, cruzó el Atlántico para dejar huella en la ópera. Y para 1930 ya había arado aquel terreno musical que le estaba vetado a la comunidad negra. Pero ya no había vuelta atrás, la primera mujer de color había conquistado a los corazones más rígidos del panorama artístico. Inglaterra, la antigua Unión Soviética y Francia se habían rendido a su voz. Madrid y Lorca también fueron testigos de esa mujer prodigio, que se convertiría en el posterior fenómeno que derribaría los muros de la segregación «músico-racial».

Federico García Lorca
Federico García Lorca - C.C

El multifacético escritor, músico y diplomático chileno Carlos Morla Lynch escribiría sobre la noche en que Marian Anderson le arrebató el alma a Federico García Lorca: «Había quedado embelesado con su arte».

El muro invisible

En 1955, ocho años antes de el góspel para tiempos violentos de Mahalia Jackson «I´ve been `Buked and I Been Scorned» («He sido humillado y despreciado») acompañara al sueño de Martin Luther King, el éxito musical de Anderson en el Metropolitan Opera House, permitió liberar a todas aquellas voces negras, que estaban marginadas en la injusticia civil. La contralto interpretó a la hechicera de «Ulrica» de la pieza de Giuseppe Verdi «Un baile de máscaras».

La voz de Anderson comulgó con todas las emociones contenidas del público. Y aquel muro invisible en la música comenzó a difuminarse tras consolidar su éxito en Europa

De esta manera aquella chiquita que limpiaba las escaleras de los barrios pobres de Filadelfia finalmente tocó el cielo. La magia de la ópera no era un asunto de piel, sino del alma y Anderson lo demostró nada más subirse al escenario. Permitió que su voz comulgara con todas las emociones contenidas del público. Y aquel muro invisible en la música comenzó a difuminarse tras consolidar su éxito en Europa.

Con la contralto se desprendieron muchos de los eslabones que condenaban a las otras grandes voces afroamericanas a cantar a la sombra de los blancos, esas que siguen conmocionando al mundo entero tras su histórica batalla en silencio desde la esclavitud.

Mientras Martin Luther King despertaba a las masas en busca de la igualdad en Estados Unidos, Anderson se despedía de los escenarios a la edad de 68 años, tras su última gira por Europa, Oriente Medio, y América del Sur, para militar por los derechos civiles de sus correligionarios.