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La gran estafa de Rusia al Imperio español que Fernando VII ocultó por vergüenza

Alfred López publica «Eso no estaba en mi libro de historia de la política», una obra en la que recoge una infinidad de anécdotas y curiosidades sobre este campo

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Los líos que vemos día sí y tarde también en el Congreso de los Diputados son únicos. O eso creemos. Pareciera como si la letanía de los gritos, los 'zascas' y las discusiones entre sus señorías (esa suerte de circo en los escaños) fuera una seña de identidad de nuestra era. Y otro tanto sucede con las corruptelas que, cada poco, asoman la patita por debajo de la alfombra. Pero la realidad es bien distinta a lo que se nos ha insertado en la mollera; como pasa en otros ámbitos, la política y todo lo que orbita a su alrededor es, con permiso de otro mucho más conocido, uno de los oficios más viejos del mundo. No solo eso, sino que ha tenido el privilegio de sorprender, con asiduidad para mal, a los ciudadanos desde hace siglos.

Un claro ejemplo es el llamado «escándalo de los navíos»: la adquisición de una flota de cinco bajeles por parte del rey Fernando VII a Rusia que acabó en un completo desastre. No por la falta de pago o (haciendo un símil) porque no llegase a buen puerto, sino porque, cuando los buques en cuestión arribaron a nuestro puerto, el monarca se percató de que se la habían dado con queso, pues se hallaban en pésimas condiciones. Este curioso suceso es uno de los muchos que explica el divulgador histórico Alfred López (más conocido con el sobrenombre de «El listo que todo lo sabe» en su más que popular blog) en su nueva obra: «Eso no estaba en mi libro de historia de la política» (Almuzara, 2019).

La obra en cuestión explica, con un estilo rápido y vibrante, una infinidad de anécdotas históricas relacionadas con el mundo de la política (y todo lo que a este rodea). Desde quién tiene el triste honor de ser el representante público corrupto más antiguo de la historia (el orador griego Demóstenes, del siglo IV a.C.), hasta las llamativas aspiraciones atómicas de Francisco Franco. Todo aquello digno de ser nombrado se recoge en la obra, que guarda -como no podía ser de otra forma- un lugar especial para «españoladas» como el instante en que Jordi Pujol prohibió a su predecesor, Josep Taradellas, gritar un «¡Viva a España! en su último discurso o el título olvidado que, en la actualidad, ostenta el monarca Felipe VI (el de rey de Jerusalén).

Una real estafa

Más allá de los claroscuros y la leyenda negra que rodea a Fernando VII, la realidad es que -como bien señala López en su obra- el monarca tuvo que afrontar un reinado plagado de vicisitudes. La principal: reconstruir un país que acababa de expulsar al invasor galo tras nada menos un lustro de enfrentamientos a cara de perro en el corazón de su territorio. Aunque no la única; y es que, las insistentes revueltas protagonizadas por los territorios latinoamericanos a partir de 1809 supusieron también un verdadero quebradero de cabeza para la monarquía. Para este último reto, «el Deseado» necesitaba contar con una armada similar a la que había tenido nuestra España antes de 1808.

«Recibió como herencia una Armada española cuya flota naval había prácticamente desaparecido a consecuencia de la batalla de Trafalgar, que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805 bajo el reinado de su padre, Carlos IV», explica López. A su vez, y en sus palabras, la Guerra de la Independencia acabó con los, ya de por sí, dañados bajeles del vetusto Imperio. «La que había sido durante muchísimos años la armada más poderosa y temida de todos los mares se había quedado reducida a unos pocos barcos dañados», completa el divulgador. La pregunta estaba clara, y suponía todo un reto para Fernando VII: ¿Cómo podía el país reconstruir su flota de forma rápida y efectiva?

Zar Alejandro I
Zar Alejandro I

La solución fue la de siempre: el dinero. A pesar de haber salido de una guerra con Francia, Fernando VII adquirió a los galos en 1817 varios bajeles en buen estado. Pero el número seguía siendo escaso. Poco después, el monarca puso sus ojos en Rusia y solicitó al embajador del país en España, Dmitry Pavlovich Tatischev, que le propusiese al zar Alejandro I la compra de más naves. López se muestra partidario de que el entonces ministro de Marina, José Vázquez de Figueroa, avisó al rey de las «intenciones poco claras» del intermediario y criticó el alto precio que se barajó en principio. No obstante, todo terminó en la firma del llamado «Convenio de compra de la escuadra» a cambio de 13.600.000 rublos. Según el divulgador, «70 millones de reales de vellón». Una cifra, en todo caso, excesiva por cinco navíos y tres fragatas (estas últimas, un detalle simbólico).

Al final, en la adquisición no participaron los principales ministros (entre ellos, De Figueroa, excluido de las negociaciones). El trato, ya de por sí turbio, se convirtió en una auténtica pesadilla cuando los barcos rusos arribaron al puerto de Cádiz el 21 de febrero de 1818. Y es que, aunque en principio el capitán general de la región los declaró «capaces de todo servicio», pronto quedó cristalino que no podían combatir. «La mayoría tenían la madera con la que habían sido realizados podrida, además de haber sido usados en varios conflictos marinos por parte de la Armada rusa. Evidentemente España se encontraba ante una estafa en toda regla», añade López. Según narra, todos los navíos salvo uno fueron destruidos. Y este último fue reparado a costa de una ingente cantidad de dinero. Lo mismo pasó con las fragatas.

«Los rusos se escudaron en que en el contrato firmado por ambas partes no se especificaba por ningún lado que los barcos estarían, o deberían estar, en buen estado», añade el autor. El fraude, a la postre llamado «el timo de los barcos» por los españoles, intentó ser escondido por parte del monarca. «Tergiversó la historia en los diarios y mandó publicar que el acuerdo de adquisición de la flota rusa había sido un éxito», desvela. A partir de entonces existen dos versiones. En primer lugar, la que afirma que el ministro de Marina fue el peor parado por recriminar a Fernando VII su decisión. La segunda, por su parte, explica que su colaboración en el desastre fue mucho mayor y que fue uno de los principales responsables. En todo caso, la estafa ya estaba perpetrada.

Alfred López: «En los años 80, las ventosidades de arenques casi provocaron una guerra»

1-¿La historia de la política española ha sido siempre protagonizada por personajes torticeros e interesados?

La verdad es que ha habido de todo. Desde representantes que han sido honestos con sus ideales y con un gran sentido de servicio hacia los ciudadanos a los que representaban, hasta aquellos personajes que vieron en la política la herramienta perfecta para enriquecerse o convertirse en egocéntricos y déspotas. También los hay que han asumido roles y protagonismos que les tocaba. La historia es cíclica y lo que hoy en día tenemos no es más que un fiel reflejo de lo que hicieron los predecesores.

2-Parece curioso también que, a día de hoy, Felipe VI siga ostentando el título de rey de Jerusalén. ¿Cómo puede ser?

Efectivamente. Es la mar de curioso que un reino como el de Jerusalén, que dejó de existir como tal en el año 1291, siga existiendo como título y que este se continúe utilizando en la Casa Real española como uno más de los numerosos que ostenta el monarca.

La categoría de rey de Jerusalén estaba emparejada a la del Reino de Nápoles y, cuando, en 1504, Gonzalo Fernández de Córdoba (el 'Gran Capitán') se hizo con ella para Fernando el Católico, ambos títulos llegaron a manos de la corona española. Con los años, el de Nápoles quedó fusionado dentro del título del Reino de las Dos Sicilias. Otro dato curioso es que Felipe VI también ostenta la categoría de 'Rey de Gibraltar' (entre otros muchas).

3-La influencia política española ha estado presente no solo en la península, sino también en EE.UU., a través de personajes como Pedro Casanave o Juan Miralles...

Lamentablemente muchos son los libros de historia que han sido injustos con algunos personajes patrios que han realizado grandes gestas más allá de nuestras fronteras. En los últimos tiempos parece que se está haciendo un esfuerzo por recuperar la memoria de muchos de esos nombres, pero todavía la inmensa mayoría de personas desconocen quiénes fueron y qué hicieron. Los mencionados Pedro Casanave y Juan Miralles son mucho más conocidos en Estados Unidos que aquí. En España pocos son quienes saben que Casanave fue uno de los primeros alcaldes de Washington DC y que fue el encargado de poner la primera piedra de la Casa Blanca. Todo ello lo cuento en esta obra, prologada por Javier Santamarta.

Alfred López
Alfred López - Miquel Taverna

4-A pesar de la tradición política de EE.UU., Inglaterra ha dado a la historia grandes personajes en este campo. Uno de ellos fue Churchill, al que dedica un apartado en su obra. ¿Qué hay de verdad y qué de mentira en la imagen de bravucón parlamentario que tenemos de él?

Hay mucho de verdad en la fama que tenía de ser bravucón y malhumorado. Protagonizó algunas salidas de tono a lo largo de su vida, pero no tantas como se le atribuyen. Era un personaje peculiar, de gran ingenio y al que le gustaba salirse con la suya. Por poner un ejemplo, cuando viajó a Nueva York en los años de plena Ley Seca aprovechó un pequeño accidente que sufrió en la Gran Manzana para conseguir una receta médica que le permitiera obtener 'licor terapéutico' y, así, poder beber en EE.UU. sin quebrantar la mencionada norma.

5-¿Era tan ingenioso e incisivo como creemos? Sus frases hirientes son recordadas hoy en toda la red...

Era un hombre dotado de una gran inteligencia y muy rápido a la hora de respnder a la prensa o a sus contrincantes políticos. Pero al ser un personaje tan sumamente famoso se le atribuyen hechos y frases que él jamás pronunció o protagonizó.

Si nos fijamos, las citas que circulan por internet suelen tener casi siempre los mismos protagonistas: las científicas son atribuidas a Albert Einstein, las buenorrollistas y de autoayuda a Paulo Cohelo y las políticas a Churchill. Y eso, a pesar de que la inmensa mayoría de dichas citas no fueron pronunciadas por ninguno de ellos.

6-Leyendo su libro, bien pareciera que la política y los escándalos han estado siempre unidos. ¿Cuál es el lío o el barullo en este campo que más le ha llamado la atención?

Son muchos, pero uno de los más curiosos (a la vez que tronchantes) es el que protagonizaron Suecia y la URSS a lo largo de veinte años. En la década de 1980 los suecos detectaron la presencia de un submarino soviético en sus aguas y, a partir de aquel momento, se emparanoiaron. Estaban convencidos de que los rusos podían invadirlos en cualquier momento.

Invirtieron una auténtica fortuna en radares SONAR para detectar cualquier presencia subacuática en sus aguas y fueron numerosísimas las ocasiones en las que, en las grabaciones, escucharon sonidos de submarinos.

No fue hasta 2003, a raíz de unas investigaciones científicas, cuando se descubrió que los mencionados sonidos no provenían de submarinos soviéticos, sino que eran ventosidades de arenques (la forma en la que estos peces se comunican entre si). Estas flatulencias casi provocan un conflicto bélico.

7-En plena resaca de la investidura, ¿cree que la política nacional seguirá ofreciendo momentos de chanza para los españoles?, ¿hay alguno que le haya parecido hilarante en las últimas semanas?

Muy a destacar son los repentinos cambios de opinión de algunos líderes (hoy digo una cosa y mañana lo contrario). También llaman la atención las extrañas alianzas con proyectos políticos que están en las antípodas con el fin de alcanzar el poder (o no soltarlo). Todo lo que estamos viviendo ahora será historia dentro de unos años y dará pie para que se escriban interesantes y a la vez divertidísimos libros.

8-¿Es posible divulgar historia (y, más concretamente, historia de la política) de una forma sencilla y amena?

Sí, es posible, aunque no es fácil. Estamos en la era de las 'Fake News', en la que alguien te suelta un bulo en la red sobre cualquier tema y la gente se lo cree a pies juntillas, sin cuestionarse si aquella historia es verdadera o falsa; tan solo les interesa lo llamativa que es.

También hacen un flaco favor a la divulgación algunas 'cuentas parodia' que, en forma de chanza, explican hechos históricos totalmente tergiversados (e incluso inventados) en busca de miles de retuits. Soy de la opinión de que con la Historia se debe ser riguroso. Se puede explicar de una forma divertida, pero para ello no hace falta meterle ningún dato extra e inventado.