Relieve que muestra a la Reina Isabel Tudor nombrando caballero a Francis Drake
Relieve que muestra a la Reina Isabel Tudor nombrando caballero a Francis Drake

Álvaro Van den Brule:«Que el deleznable Drake sea admirado se entiende porque en la sangre británica corre ascendencia pirata»

De los ataques castellanos al sur de Inglaterra, en el siglo XIV, a la derrota de Nelson en Tenerife; el libro «Inglaterra derrotada» desempolva algunas de las victorias españolas del cajón del olvido

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Clasificar a Álvaro Van den Brule resulta tan complicado como que un inglés medio enumere victorias españolas sobre los británicos, a pesar de que «haberlas haylas» a montones. Ajedrecista, historiador, poeta, cooperante, colaborar de El Confidencial… el apellido extranjero de Álvaro aumenta el exotismo de un inquieto diletante, que en los últimos años está realizando una importante labor de difusión histórica. Parte de este trabajo ha quedado plasmado en las páginas de « Inglaterra derrotada» (La esfera de los libros), un libro sobre las grandes hazañas navales, casi siempre desconocidas, de España frente a su mayor enemigo.

¿Cómo surge la idea de escribir sobre esta larga rivalidad?

Me propusieron hacer este libro, toda las derrotas de Inglaterra, en la editorial en base a una idea que tengo muy presente en mi labor de divulgación. Una reivindicación a un complejo que arrastramos los españoles desde la derrota en Trafalgar. Los ingleses al poco de esta victoria iniciaron la revolución agrícola y luego la industrial, de modo que supuso un punto fundamental para su historia. Aparte de que fue un fin de ciclo para el Imperio español. Así y todo, mi esfuerzo se centra en relatar las severas derrotas que España causó a Inglaterra en los 500 años anteriores a Trafalgar. Fuimos un hueso duro de roer.

¿La peor pesadilla inglesa?

Desde luego así lo demuestra un adversario que les duró cinco siglos, con más de un millar de asaltos serios, y que para ganarle necesitaron una batalla como la de Trafalgar, que fue realmente particular, empezando porque fuera un francés el que ejerció el mando de una flota donde había oficiales de la calidad de Churruca, Gravina y otros hombres extraordinarios. Fue, no en vano, el colofón de una larguísima guerra que incluyó una operación en la que prácticamente incendiamos Londres en la Edad Media y donde les infligimos derrotas por tierra, mar y… ¿aire? Eso sería exagerar, pero casi.

España también mantuvo largos conflictos con franceses y holandeses, entre otros, ¿por qué identifica usted a Inglaterra como nuestro máximo adversario?

Las trifulcas con los holandeses fueron breves y vinculadas siempre al enfrentamiento de Flandes, un grave error estratégico por la cantidad de riquezas que consumió esa guerra. Pero no nos dieron mucha batalla e incluso se puede decir que fue una causa justa, pues defendían el derecho a tener su propio pensamiento. En el caso de Francia hubo victorias y derrotas en ambos sentidos, pero también importantes alianzas desde tiempos de los Borbones. La duración de la guerra entre España e Inglaterra, sin embargo, la convierte en una de las rivalidades más longevas de la historia.

¿Quién ganó la guerra entre ambos países?

Fue un conflicto intermitente pero continuo de 500 años, en los que se dieron muchas fases. Entre ellas se produjeron tratados de paz como el de Londres, de 1604, que fue terrorífico para Inglaterra. La memoria de Trafalgar y la espina clavada de Gibraltar, que lo perdimos por un grave error estratégico y falta de miras, ha hecho que todo lo demás haya quedado solapado. Pero si lo vemos desde un punto de vista cronológico, hay que recordar que el Imperio español pervivió más tiempo de lo que lo ha hecho el inglés. España es un país cansado, un abuelo que no recuerda bien.

Usted define a los ingleses en su obra como maestros del marketing, ¿por qué España no ha podido hacer valer sus victorias, tan numerosas como las derrotas, frente a los británicos?

España nunca dio la debida importancia a la propaganda en sus guerras, considerándolo un factor menor. Los ingleses, en cambio, han sido unos ases del marketing. Han escamoteado sus derrotas de forma sistemática. Sin ir más lejos, la derrota inglesa y de sus aliados en Gallipolis, durante la Primera Guerra Mundial, en la que Churchill se cargó a medio millón de soldados a causa de una estrategia mal planteada, ha quedado en un hecho anecdótico. Nunca dejan rastro de sus derrotas, mientras que nuestra historia está hecha de amor y de hematomas, incluso cuando luego no aprendamos de esas heridas.

Alguno personajes españoles han sido damnificados para esconder las derrotas británicas e hinchar sus victorias.

Muchos. El almirante Bocanegra fue un pirómano que se dedicó a incendiar todo el sur de Inglaterra durante la Guerra de los Cien años. Ha sido olvidado. El pirata Pero Niño también siguió esa afición castellana de incendiar los puertos ingleses. El capitán Luis de Córdova y Córdova, que dirimió una batalla muy intensa en medio del Atlántico frente a una docena de naves inglesas, dejándolas averiadas o hundidas, incluido un navío de línea de tres puentes. Sin olvidar a Blas de Lezo, que además de Cartagena de Indias había causado ya otras derrotas a Inglaterra. Los españoles no nos hemos ocupado de recordar al mundo estas hazañas; y los ingleses no tienen memoria de sus derrotas; no tienen autocrítica. Sospecho que la caída definitiva de Inglaterra está muy cerca, porque no saben gestionar un ego descomunal. En algún momento sus alianzas internacionales estallarán por esta razón.

Blas de Lezo fue mucho tiempo uno de esos héroes anónimos, ¿cree usted que hemos pasado de cero a una saturación con este personaje?

Sobre Blas de Lezo deberíamos seguir hablando los próximos 300 años solo para compensar los dos siglos de silencio. Probablemente haya saturación, sí, pero es que sus restos mortales siguen perdidos, probablemente en los sótanos de un cine de barrio de Cartagena, donde la gente festeja películas de Batman y Superman mientras come palomitas teniendo a un auténtico héroe al lado. Ningún político se ha ocupado seriamente de sacarlo de allí. Somos un país anómalo, donde no buscamos amejoramiento de nuestro pensamiento, sino meternos el dedo en el ojo entre nosotros. Nos falta educación y ver menos televisión.

Mientras los héroes españoles quedaban olvidados, un pirata como Francis Drake era elevado a héroe nacional en Inglaterra.

Pienso que Drake tenía muchas cosas malas, pero al menos una muy buena: era un marino competente, el primer inglés en dar la vuelta al mundo. Sin embargo, desde el punto de vista humano no tenía valores ni principios. Era un asesino frío que saqueó y torturó a poblaciones del Caribe. Un personaje abyecto que tuvo la fortuna de contar con el favor de la Reina Isabel hasta el fracaso de la Contraarmada (1589). Pero aunque era un personaje deleznable, entiendo que sea admirado, porque en la sangre británica hay ascendencia pirata. Las invasiones vikingas y normandas marcaron la mentalidad de los británicos y configuraron posteriormente una piratería mercantil sin ningún tipo de moralidad.

Lo paradójico es que España cuenta en la actualidad con grandes hispanistas británicos, ¿necesitamos ayuda inglesa para sacar al fin nuestro pasado del olvido?

No creo que un hispanista inglés sea mejor que un historiador español, pero los españoles nunca hemos metido la quinta sobre nuestro pasado, porque nunca se ha realizado un debate serio de nuestra Guerra Civil que pueda cerrar las heridas. Los ingleses, en cambio, han abordado con presteza la guerra y otros episodios, sabiendo que son inmunes a las polémicas por ser extranjeros. En España tenemos muchos héroes anónimos, ninguneados como Antonio Gutiérrez, cuya estatua está constantemente llena de heces de palomas cuando él derrotó a Nelson y salvó las islas Canarias para España. Somos amnésicos, masoquistas o pasotas. Se ve en la reacción política de los españoles. Somos incapaces de articular un discurso político que haga un país mejor.

Fotografía de Álvaro van den Brule
Fotografía de Álvaro van den Brule

¿Con el Brexit volverá la rivalidad?

No hay que olvidar que la insularidad de los ingleses no solo es geográfica, sino de mentalidad. Ellos han creado una cultura de aislacionismo que se perpetúa hoy, de forma anacrónica, con el Brexit. En cualquier caso, no somos quienes para cuestionar una decisión del pueblo inglés. Dudo mucho que Inglaterra se vaya a aislar y vaya a dar la espalda a un mercado de 500 millones de habitantes. Lo más probable es que lleguen a un acuerdo para generar comercial con UE que satisfaga a ambas partes.