El reto de reiniciar el sistema educativo para estar en línea con el futuro

El diágnostico es claro: solo Malta sufre en la UE un abandono escolar mayor que España y el 87% de los profesores cree que el actual modelo no prepara al alumno para los retos del siglo XXI. Sin recetas mágicas, la solución solo puede llegar desde el consenso y la reflexión profunda

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Hasta Finlandia, con uno de los sistemas educativos más admirados del mundo, está cambiando la forma de enseñar a los alumnos para adaptarse a los nuevos tiempos. Ya no le sirve el modelo que le ha reportado tan buenos resultados en los informes PISA, el ranking en el que los gobiernos se fijan para conocer cómo va el aprendizaje de sus estudiantes de educación obligatoria. El país nórdico ahora apuesta por eliminar asignaturas, horarios y exámenes y los colegios están transformado las aulas en espacios de trabajo donde los niños adquieren los conocimientos haciendo proyectos conjuntos. En España, la comunidad educativa se encuentra en una encrucijada. El debate está entre los que se atreven a innovar, los que observan y se mantienen tal cual y los que apuestan por recuperar valores tradicionales que se habían perdido.

Desde luego, algo habrá que hacer puesto que lastramos un handicap que pesa, y mucho, para el futuro: España tiene una de las tasas de abandono escolar temprano mayores de la UE. El porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que han dejado las aulas con una titulación inferior a la Secundaria postobligatoria (al menos FP de Grado Medio o Bachiller) es del 19%, muy por encima de la media de la UE (10,7%). Solo Malta tiene una cifra mayor a la nuestra, según un estudio de la Fundación Bertelsmann. Eso sin contar, que uno de cada tres estudiantes de 15 años en España (31%) ha repetido alguna vez antes de finalizar la ESO.

Por si fuera poco, los resultados de los informes PISA siempre nos sitúan a la cola de los países más desarrollados. Y eso que España mejoró algo en el último de 2015: empeoró tres puntos en ciencias (493 puntos), sí, pero mejoró dos en matemáticas (486) y ocho en lectura (496). Sin embargo, cuando se revisa la evolución se observa que la situación apenas ha variado en 18 años. El alumnado está estancado: en el año 2000, los estudiantes obtuvieron 491 puntos en ciencias y 493 en lectura, y en 2003, 485 en matemáticas.

Los maestros creen que el sistema actual no desarrolla al máximo las habilidades de los estudiantes

A esta situación no es ajena la comunidad educativa. De hecho, el 87% de los profesores afirma que el actual sistema no prepara a los alumnos lo suficiente para afrontar los grandes retos del siglo XXI, como concluye una encuesta de la editorial SM realizada entre 2.900 docentes. La mayoría de los maestros creen que el sistema actual no permite desarrollar al máximo las habilidades y capacidades de los estudiantes y que la utilización de nuevas formas de aprendizaje mejorarían los resultados del alumnado.

Un sistema obsoleto

«Hace falta un cambio profundo», defiende Carmen Pellicer, presidenta y fundadora de la Fundación Trilema. «Nuestro sistema educativo avanzó mucho al eliminar las altas tasas de analfabetismo —dice—, la educación obligatoria hasta los 16 años es un logro y tenemos muy buenos profesionales. Hay que coger sus valores y mejorar la oferta. Reflexionar sobre cómo diseñar un nuevo sistema para afrontar los grandes desafíos: el currículo está obsoleto, fue diseñado hace 50 años; los centros tienen muy poca autonomía... Hay que tener en cuenta que el papel de la escuela en la sociabilización del niño ha cambiado: ahora se produce mucho aprendizaje fuera del colegio, a través de internet».

Las escuelas de esta Fundación forman parte de la conocida red «Escuelas que aprenden», 30 colegios que están apostando por nuevas formas de enseñar (en este caso por el denominado modelo Rubik). «Tenemos que hacer una reflexión —recomienda Pellicer—.Primero sobre el currículo: plantearnos qué tienen que aprender los alumnos. Después ver si las competencias y habilidades necesarias en el siglo XXI tienen reflejo real en el currículo. Y hay que reflexionar sobre las metodologías, es decir, cómo aprender. No hay una única metodología sino muchas que sirven para aprender. El aula tiene que ser flexible para recoger esto e incorporar las nuevas tecnologías como una herramienta más». En su opinión, también hay que revisar los sistemas de evaluación (exámenes), las pruebas externas (como PISA) y la competencia entre comunidades autónomas. Elementos que «están ejerciendo una influencia muy negativa en el trabajo en las escuelas», afirma.

No solo se trata de conocimiento. «La información está al acceso de una tecla, el problema no es retenerla sino aprender a usarla de forma adecuada», apunta Pellicer. El cambio es más profundo. En España hay un déficit de talento. Es decir, la empresa no encuentra los perfiles profesionales que necesita. Un reciente informe de Infoempleo y el Grupo Adecco afirma que las compañías que aseguran tener dificultades a la hora de reclutar determinados profesionales han aumentado: ya son el 56,6% las que sufren escasez de talento. Las previsiones de la consultora Randstad apuntan que en 2020 faltarán 1,9 millones de profesionales altamente cualificados en nuestro país. Y muchos pronostican que los puestos en los que trabajarán los alumnos de hoy todavía ni existen. Esto conlleva a formar también en otras habilidades: creatividad y pensamiento crítico; saber trabajar en equipo, adaptarse y convivir; ser flexible y tolerante; poseer capacidad de liderazgo y de innovación... son los otros aspectos que pasan desapercibidos. Y en los que también hay que educar, como muchos defienden.

Las previsiones de Randstan apunta que en 2020 faltarán 1,9 millones de profesionales cualificados

Es lo que han pensado en el Colegio Inmaculada Jesuitas de Alicante, que este año ha comenzado a implantar su nuevo proyecto educativo «vein21uno». Había muchas evidencias para hacerlo, como explica Pablo Miñano, jefe de estudios y coordinador del programa. «La creciente falta de convencimiento por parte del profesorado sobre el trabajo que hacían en las aulas, estaban desencantados con el nivel de aprendizaje de sus alumnos, con su falta de motivación e implicación en las actividades del aula. La volatilidad de los aprendizajes, las nuevas demandas que pide el mercado laboral, la necesidad de incorporar las TIC... Todo eso nos llevó a querer cambios con una argumentación sólida». Así nació MOCA (Modelo Centrado en el Alumno). El 50% del currículo se trabaja por proyectos, el alumno es partícipe de su proceso de aprendizaje, se potencia la creatividad y el pensamiento crítico... Es un modelo pedagógico diseñado y preparado por profesores, que están dos años trabajando en la implantación, que se hace cada año en cada curso.

Formación del profesorado

Los docentes son los artífices en los que pivota todo el cambio. «Los profesores se han dedicado a impartir contenido, asignaturas. Pero hoy por hoy la información no la tiene el profesor, está en la Red. Él puede hacer otras cosas para que llegue adecuadamente al alumno. No solo tiene que centrarse en el contenido, sino también en trabajar por competencias. Por eso es tan importante que los docentes tengan formación en metodologías activas, donde ponen al alumno en el centro del aprendizaje y el profesor es un guía para que resuelva situaciones de aprendizaje. También deben estar formados en competencias digitales. Tienen que ser creativos y diseñar su aula, su clase que se ha visto limitada por el libro de texto. Deben estar formados, tener ganas de hacer cosas y trasladarlo a las aulas», señala Déborah Martín, doctora en Educación y profesora del curso Experto Universitario en Altas Capacidades y Desarrollo de Talento de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). «Hay que rescatar la escuela nueva, de principios del siglo XIX», asegura.

Pero no todos están en la misma línea. «En Francia se está recuperando el dictado diario porque consideran que es clave para la educación de la atención», comenta Gregorio Luri, pedagogo y filósofo, autor de «La escuela contra el mundo» y «Mejor educados». «La innovación —afirma— se ha convertido en sinónimo de lo bueno. Y la escuela debe buscar lo bueno y lo mejor, sea innovador o viejo. La calidad de la educación nos la jugamos en otros sitios no en introducir pantallas en las aulas. Lo que hay que hacer es mejorar y afinar, no hacer lo que está de moda sino lo que está sostenido en evidencias empíricas claras». El filósofo apuesta por educar en un humanismo STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), que trabaje la lengua natural, la música y las matemáticas, así se desarrollarán las lenguas, la capacidad de atención y el conocimiento. «Es lo que va a medir nuestra capacidad en el futuro», asegura.

Luri aporta algunas apreciaciones a nuestro sistema. No hay que fijarse en modelos educativos que están a miles de kilómetros, más cerca hay buenos ejemplos. En PISA 2015, Castilla y León lidera el ranking de las comunidades donde los alumnos obtienen mejores puntuaciones en ciencias (519) y en comprensión lectora (521,6). Eso quiere decir que esta región estaría entre los diez primeros países con mejor competencia científica y entre los cinco primeros en lectura. Navarra (518,1 puntos) es la líder nacional en competencia matemática y figuraría entre los diez Estados con mejores resultados en esta área del conocimiento. «La Rioja —añade Luri— tiene una ratio de alumnos por profesor muy superior a la de Asturias o Cantabria... y mejores resultados en matemáticas. Por tanto, la ratio por sí sola no condiciona. En Navarra, los hijos de trabajadores con ocupaciones elementales obtienen mejores resultados en matemáticas que los hijos de directivos en Extremadura. Y los hijos de trabajadores navarros cualificados y no cualificados mejores resultados en mates que los de Cataluña». Por eso se pregunta: «¿Disponemos de un sistema educativo de verdad?». Quizás hay que empezar por responder a esta pregunta antes de innovar.