El inclusivo «modelo finlandés», la reivindicación del «buen maestro»

Los niños finlandeses comienzan su educación formal a los 7 años, los periodos lectivos son más cortos, no abundan los deberes, se estimula el trabajo colaborativo y la evaluación continua, sin exámenes tradicionales

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Dinamarca, Suecia, Noruega, Islandia y Finlandia, conocidos como los países nórdicos, llevan décadas encabezando rankings de educación en Europa. El éxito de sus sistemas se basa básicamente en tres ejes: la inclusión, la calidad y la gratuidad desde preescolar hasta la universidad. Que estos países sean relativamente pequeños en población facilita la vigilancia, corrección y control del sistema. Además, las becas para que los universitarios vivan fuera de casa acelera la eficiencia en el proceso de emancipación de la familia y en la construcción de una identidad profesional. Y, como centro del modelo, profesores altamente cualificados y valorados. Finlandia es el arquetipo de este sistema.

Una educación igualitaria «Uno de los principios básicos y valores clave de la educación finlandesa es que todas las personas deben tener igual acceso a una educación de alta calidad», explica a ABC el jefe de desarrollo del Ministerio de Educación de Finlandia, Jouni Kangasniemi. «Las mismas oportunidades educativas para todos los ciudadanos, independientemente de su origen étnico, edad, discapacidad, nivel socioeconómico, habilidades, género, orientación sexual o de lugar de procedencia», explica.

Sin apenas deberes

Los niños finlandeses comienzan su educación formal a los 7 años, los periodos lectivos son más cortos de lo habitual, no abundan los deberes, se estimula el trabajo colaborativo y la evaluación es continua, sin exámenes tradicionales.

Pero si hay un secreto que explique la calidad de la educación en los países nórdicos es el estatus de los profesores. En Finlandia, la docencia es considerada una élite y son los mejores estudiantes quienes suelen decantarse por esta profesión. Los docentes de instituto gozan de gran prestigio social, se someten a duras pruebas de selección y no son funcionarios. La calidad de la docencia es fundamental dado el nivel de autonomía de los maestros para aplicar programas educativos. También están obligados a adaptarse a las habilidades y capacidades de cada alumno. Esto último es especialmente importante en el sistema de educación finlandés, que opta por intervenir de forma muy temprana en las debilidades que puede presentar cada alumno para no que no se distancie del resto. La gratuidad en todo el sistema y las ayudas a los mayores de 18 años para que vivan fuera de casa es el tercer elemento clave.

A la pregunta de cuál es el secreto del modelo finlandés, Kangasniemi responde rotundo: docentes «altamente educados, capacitados y motivados» en una atmósfera abierta que estimula la creatividad y la innovación. Además de un equilibrio entre materias teóricas, artísticas, técnicas y científicas y «el principio de que todos pueden ir a la escuela, la más cercana a su hogar y que será tan buena como cualquier otra en el país».

Capacidad de reinvención

Sobre la cuestión de si el modelo es aplicable a un país más grande como España, Kangasniemi es claro: «Ningún sistema educativo como tal es exportable a otro país». El experto matiza que «todos podemos beneficiarnos mediante el intercambio de ideas, políticas y modelos detrás de los diversos sistemas y prácticas educativas. Y en Finlandia siempre hemos estado dispuestos a tomar prestadas las buenas ideas»». De hecho, ante los primeros síntomas de agotamiento, el modelo del país parece que ha emprendido un camino de reinvención en el que se va imponiendo el «phenomenon learning», una técnica en la que los proyectos temáticos cobran protagonismo frente a las materias tradicionales y el alumno marca sus tiempos y modos. Pero en el que el buen maestro siempre tiene la última palabra.