«Es un error intentar poner paz cuando se pelean dos hermanos»

Los padres pueden lograr que la relación fraternal sea saludable

MADRIDActualizado:

Estás en el otro extremo de la casa y de pronto oyes los gritos de tus hijos peleándose en su cuarto. Sales corriendo y no has visto nada, pero cuando llegas consuelas al que llora y gritas justo al hermano que está al lado y ves más tranquilo, que es muy probable que sea el que tenga «menos» culpa. Esta es una situación habitual en muchas familias, como también lo es que vuelen tortas en el coche durante un viaje. «Ambos son escenarios posibles, igual de gestionables que cualquier otro. Lo que tenemos que hacer es trabajar para que no pase en ninguo», puntualiza Maribel Martínez, autora del libro «¿Cuántas veces te lo tengo que decir?» (Arpa Editores).

Entonces, ¿es posible una relación fraternal sana? ¿Que los hermanos convivan «en paz» y no «se maten»? Para Martínez, precursora también de la terapia breve estratégica en nuestro país, «no es imposible, entendiendo ese problema de una manera totalmente diferente». «Como madre, sé que pensarás que lo mejor que le puede pasar a tus hijos es que sean grandes amigos el día de mañana, que tengan esta infancia donde juegan, comparten, son cómplices... es factible. Es verdad que hay caracteres que son muy diferentes -y el que tiene más de un hermano lo sabe-, porque con uno se lleva mejor que con otro. Pero eso no debería ser un problema», indica.

Hay muchas familias con hermanos que no se hablan, o incluso se odian. ¿Esto se puede evitar?

Eso ocurre, y es tremendo. Lo que pasa es que muchas veces hay una intervención de los padres errónea, que potencia eso sin querer. ¿Cómo? Tienen una buenísima intención. Piensan: «quiero que mis hijos se lleven bien, pero tolero fatal que se peleen. Y cada vez que se pelean intervengo, e intento poner paz». Pero por poner paz en ese minuto, después se encuentran un problema grave, que es que ellos no han aprendido a resolver sus conflictos, y el conflicto no es el problema. El problema es no resolver el conflicto.

Y es ahí donde como padres tenemos que estar muy atentos para conseguir el objetivo final. ¿Cuál es? No es que no se peleen ahora, eso no es un problema. El objetivo es que ellos consigan conocerse, entenderse, pactar, resolver sus diferencias... y para eso les tenemos que dejar su tiempo. Pero insisto, no se lo dejamos.

¿Cuál debe ser nuestra actitud, entonces?

Nuestra actitud, efectvamente, tiene que ser otra. Tiene que ser la de, «vale, tenéis un conflicto, resolvedlo, confío en vosotros». Lo normal es que vayas al cuarto porque los niños te han reclamado: «mamaaaaaá, mamaaaaá», y la mamá va e intenta poner paz, y encima, regaña al que no es. Después, los hermanos están peor entre ellos. ¿Por qué? Porque por la culpa del otro le han castigado, y encima, no ha aprendido a resolver el conflicto.

Debemos confiar en ellos. Confíar es el verbo más difícil del mundo de aplicar, porque no tenemos garantías de éxito. Pero confiar es realmente súper potente en un niño. «Si mi mamá me está diciendo que confía en que yo voy a arreglarme con este canalla que tengo aquí al lado, será qué puedo». Ufff.... lo que aprende ese hermano. Qué gran oportunidad. Los chavales que tienen hermanos hoy día tienen un laboratorio de experimentos en casa a nivel social. Por favor, dejemos que eso tenga su fruto.

No les damos sus tiempos.

Para nada. No les dejamos. Al primer grito de «¡mamá!, ¡papá! Me ha quitado un juguete!» Vas allí y pones a uno en un lado, a otro en otro, para que sigan enfadados. Al día siguiente, pasa lo mismo, pero todavía es peor, porque el niño está más enfadado de ayer, le echa la culpa al otro... La única manera es que ellos se conozcan, y resuelvan, es dejarles. Tenemos que tener esa actitud. Aunque por dentro estemos sufriendo, inicialmente debemos darles el siguiente mensaje: «confío en que váis a ser capaces de resolver vuestras diferencias».

En cambio, yendo a «salvar», estamos potenciando que uno de los dos sea víctima, y no es lo mejor tener un hijo víctima por el mundo. Le va a ir mal en la vida. Por favor, vamos a ayudarles a que tengan herramientas para defenderse en la vida. Pero para eso hay que ayudarle a que pueda defenderse. Esto es lo que tenemos que hacer, para que nuestra casa sea un espacio de seguridad. Luego en la selva ya veremos, pero al menos ya estarán entrenados. En definitiva, confiar, confiar, y darles ese mensaje por activa y por pasiva. Y quizás ponerle algo de sentido del humor: «¿Qué, hace falta que vayamos ya al hospital?» «¿Hay que ponerle ya una escayola, o no hace falta todavía? Venga, ánimo, que lo conseguiréis».

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