Embargados en mitad de la clase

La Seguridad Social se lleva hasta las tizas del colegio privado Santa Illa... con sus alumnos dentro. El centro adeuda casi un millón de euros. La ministra de Empleo paraliza el proceso hasta el mes de junio

ADRIÁN DELGADO
MADRID Actualizado:

Ni el llanto de los pequeños, ni los nervios de los docentes pudieron evitar ayer que el colegio privado Santa Illa, del distrito de Chamartín, fuera embargado... con sus alumnos dentro. A las diez de la mañana, y con las clases ya en marcha, los menores fueron levantados de sus sillas y conducidos hacia el patio. Sus pupitres, pizarras, teléfonos, ordenadores, los balones y hasta las tizas fueron saliendo en procesión por sus puertas ante la estupefacta mirada de los niños y de sus docentes, algunos también con lágrimas en los ojos.

Los operarios dejaron las aulas vacías. El embargo se les había comunicado la noche antes vía fax y, puntuales, la secretaria y la policía judicial acudieron a la cita. Los camiones esperaban desde primera hora de la mañana en la puerta. El centro tiene 167 alumnos matriculados de edades entre 3 y los 17 años. Según informó el dueño del colegio a los padres de los alumnos, el centro adeuda 992.000 euros a la Seguridad Social desde 1993.

Ayer a última hora de la tarde la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, informó a Lucía Figar, consejera de Educación, de que había ordenado paralizar el expediente hasta que finalice el curso. La Consejería de Educación ya había previsto recolocar en los centros bilingües de la zona a los alumnos del Santa Illa. Afortunadamente los niños podrán volver a su colegio el próximo lunes con mobiliario alquilado —hoy se han suspendido las clases—. Pero el susto no se lo quita nadie.

Ni los padres, ni los docentes tenían idea hasta ayer de la situación económica del centro. No obstante para ambos colectivos no es suficiente argumento como para ordenar el embargo de un centro educativo con todos sus alumnos dentro. Su indignación es máxima.

En el colegio se vivieron auténticas escenas de histeria y nerviosismo. Muchos padres acudieron a recoger a sus hijos antes del mediodía tras el aviso de la secretaría. «Nos dijeron que teníamos que recoger a nuestros hijos por un fallo administrativo», comenta Juan Manuel Muñoz, padre de una de las alumnas. A los que se quedaron les permitieron hacer uso del comedor, eso sí bajo la amenaza de que hoy volverían a llevarse la cocina.

Aplazamiento frustrado

Algunos profesores del centro, como Jon Scott, aseguran que la dirección del centro trato de aplazar hasta el último minuto el embargo al sábado, pero las autoridades judiciales se negaron. «Yo estaba dando clase de inglés a niños de 4º de primaria cuando han llegado al aula. Les han indicado que sacaran de las cajoneras todos sus libros y que los amontonaran en una esquina. Los niños no entendían nada, ha sido una situación muy traumática», explica Scott.

A los más pequeños les dijeron que «los Reyes Magos les iban a traer muebles nuevos». Sin embargo los más mayores fueron plenamente consciente de los hechos, tanto que algunos alumnos de bachillerato se enfrentaron verbalmente con los operarios que se llevaron sus pupitres. Algunos padres denuncian que estos hicieron comentarios despectivos como: «pijos, ahora vais a saber lo jodido que es estudiar en un colegio público».