Sepa si tiene VIH en 20 minutos

La Comunidad de Madrid tiene un programa que realiza, gratis y sin necesidad de tarjeta sanitaria, unas 10.000 pruebas rápidas al año para diagnosticar este virus

MadridActualizado:

Un leve pinchazo en un dedo y, en 20 minutos, cualquiera puede saber si tiene VIH o SIDA. Son las pruebas rápidas para detección precoz que se llevan a cabo en 36 lugares de Madrid, entre ellos ocho centros de salud. Su objetivo: frenar en seco una epidemia que, pese a la información que se tiene, continúa avanzando.

La preventivista Mónica Morán, el técnico de salud pública Juan Rico Bermejo y la médico interno residente de Preventiva Ana Cerrada se ocupan de este programa de prevención del VIH de la consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Primero se localiza a los interesados, mediante información en internet, anunciándolo en carteles, difundiéndolo en mesas en la calle, e incluso visitando bares y zonas de copas, y hasta valiéndose de las aplicaciones para ligar. Se trata de llegar a un público muy variado que tiene en común la posibilidad de haber realizado prácticas de riesgo.

El interesado puede acercarse, de lunes a viernes por la mañana o por la tarde, a cualquiera de los ocho centros de salud donde se practica la prueba –Justicia, Los Cármenes, Alameda, Lavapiés, Segovia, Cortes y San Cristóbal (madrid capital), y Las Fronteras (Torrejón de Ardoz)–. No es necesario tener tarjeta sanitaria ni ser residente en el barrio para que te atiendan, y el servicio es gratuito. Hay además 36 centros de prueba rápida situados en unidades móviles, en locales de asociaciones de ayuda contra el Sida, etc. En total, realizan unas 10.000 pruebas rápidas al año.

Los positivos se repiten

Al llegar al centro en cuestión, no están solos: un mediador les recibe, atiende y pregunta el motivo por el que quieren hacerse la prueba. Un enfermero toma la muestra –un simple pinchazo en un dedo– y entrega el resultado. Si es negativo, la fiabilidad es prácticamente absoluta. Si es positivo, hay que confirmarlo en el Centro Sandoval (C/Sandoval, 7), especializado en enfermedades de transmisión sexual.

La compañía del mediador resulta de gran ayuda. «Cuando vas a hacerte la prueba, estás bastante nervioso, pero al final, no ha sido tan tenso como pensaba, porque no estaba solo, sino que tenía acompañamiento e información, que es muy importante», explica Hugo, usuario de este programa.

En realidad, aseguran los que han pasado por ello, más que miedo, «lo que se siente es ansiedad», y eso está muy relacionado con «el autoestigma que produce el VIH y el Sida». Guille, mediador con una larga experiencia, lo argumenta: «En los próximos 20 minutos, sabes que te puede salir un positivo. Hay a quien eso le genera un sentimiento de culpa. Es un momento complicado, y esperamos que con nuestra ayuda lo sea menos». Ana, otra voluntaria, coincide con Hugo en que « sigue siendo un tema tabú: notas el rechazo si dices que te vas a hacer la prueba. O tu madre, te dice: “Pero hija, ¿qué has hecho?”». Los responsables del programa señalan que incluso «se dan casos de despidos», e insisten: «Hay que acabar con el estigma social».

La prueba no sólo es aconsejable para quien haya realizado cualquier práctica de riesgo; también la recomiendan en los chequeos rutinarios –en un simple análisis de sangre–, y en las personas con más probabilidades de dar un positivo. No hay que notar nada para ir: un 70 por ciento de las infecciones se diagnostican sin síntomas, y estos muchas veces no se notan hasta 10 años después de la transmisión».

Desinformación

El problema, o uno de ellos, es que se tiende a una cierta banalización del VIH y el SIDA. Como señala la doctora Mónica Morán, «ya no está en el foco; los jóvenes que no conocieron la epidemia de los 80 pueden creer que no existe; piensan en los embarazos, pero no en las enfermedades de transmisión sexual», señala Morán.

Es cierto que ahora los medicamentos son más eficaces, y los efectos secundarios menores, de manera que las personas con VIH hacen vida normal, como cualquier otro con una enfermedad crónica. Pero «la consecuencia de la evolución de la enfermedad a lo largo de los años es un deterioro biológico», advierte Juan Rico Bermejo.

Siguen existiendo «aproximadamente mil nuevas infecciones al año en la región por VIH, lo que demuestra que ni está en descenso ni está controlada». El objetivo que se fijan los responsables sanitarios es el de llegar al año 2020 con un 90 por ciento de los casos diagnosticados. «Ahora calculamos que un 20 por ciento de los infectados no lo saben». Cuanto más precoz es el tratamiento, «mejor va a ser la respuesta a la medicación, y además, la carga viral la suprimen si están en tratamiento: es una herramienta para cortar la transmisión», explica Morán.