Los manifestantes por la continuidad de Madrid Central, a su paso por la Gran Vía - REUTERS

Miles de personas desafían al calor y exigen mantener Madrid Central

La manifestación, de Callao a Cibeles, cortó Gran Vía al grito «Menos coches, mejor aire»

MADRIDActualizado:

A pesar de los 40 grados que caían a plomo sobre Madrid, agravados por el asfalto de la ciudad, miles de madrileños y foráneos han recorrido esta tarde los dos kilómetros escasos que separan la plaza del Callao de la de Cibeles, exigiendo que no se elimine Madrid Central, el plan de restricción de tráfico privado en el centro de la capital que puso en marcha la anterior alcaldesa Manuela Carmena. Muchos políticos, como Marta Higueras, Inés Sabanés –ex concejal de Movilidad, que puso en marcha esta iniciativa– o Pepu Hernández, acompañaron a los manifestantes.

Poco antes de las siete de la tarde, la plaza de Callao estaba abarrotada con los participantes en la marcha, convocada por la Plataforma por Madrid Central y que había sido ampliamente respaldada y se había promocionado de forma intensa en redes sociales desde Más Madrid. Según la Delegación de Gobierno, que citaba datos de la Policía Nacional, los manifestantes rondaban las 10.000 personas. Los organizadores hablaban de más de 60.000. La agencia Efe hablaba de «más de un millar de personas».

Ante la perspectiva del calor intenso que se esperaba, la organización recomendaba desde hace días acudir cubierto con gorro o sombrero y bien provisto de agua para hidratarse. Y para ayudar por el camino, había algunos voluntarios que portaban sprays con los que remojaban al personal.

Las pancartas derrochaban originalidad: «Más aire, menos estrés, igual a mi Madrid», «Mneos coches, menos aire», «¿Dos razones? Tus pulmones», «Menos ruido, más libertad». Algunas cargaban directamente contra las nuevas autoridades municipales, a las que presionaban con esta protesta para que no eliminen Madrid Central. «Warning, toxic love», rezaba un cartel, acompañado de fotos de Martínez-Almeida y Begoña Villacís. Y en otro, se leía: «El coche mata, Almeida remata».

Moratoria

En realidad, los responsables políticos del Ayuntamiento madrileño desde sus primeros días en el Palacio de Cibeles han ido rebajando el tono con respecto a Madrid Central. Begoña Villacís fue la primera en señalar públicamente, sólo cuatro días después de ser nombrada vicealcaldesa, que el proyecto no se iba a revertir, sino a «remodelar». También el concejal popular de Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, insistió hasta cuatro veces en su última rueda de prensa sobre el tema en que su Gobierno no va a suspender la medida, sino sólo a «mejorarla». Eso sí, desde el 1 de julio se inicia una moratoria de las multas, que durará tres meses y que tiene como objetivo, según han explicado en el Gobierno municipal, garantizar la fiabilidad técnica de las cámaras encargadas de controlar los accesos y en cuyas imágenes se basan las sanciones.

En la marcha han participado numerosas organizaciones, como Greenpeace, Madrid por el Clima o la Plataforma por Madrid Central. Pepu Hernández, portavoz del grupo municipal socialista, criticó que cualquier actuación contra Madrid Central proceden del «tirón de Vox» sobre el Gobierno local. Reconoce que el plan es «mejorable» pero cree que no puede eliminarse «por una cuestión de salud pública.

Por su parte, Marta Higueras, coportavoz municipal de Más Madrid, pidió a PP y Ciudadanos –que gobiernan la capital en coalición– que pongan la salud de todos los madrileños y madrileñas «por encima de cualquier revanchismo político».

Los organizadores han citado de nuevo a quienes estén en contra de la supresión de esta medida de restricción del tráfico privado a una nueva acción de protesta, que tendrá lugar el lunes 1 de julio, primer día de la moratoria: piden a estas personas que acudan con pancartas, pegatinas y carteles a cinco puntos de la ciudad -Cibeles con Alcalá, Glorieta de Carlos V con calle Atocha, plaza de Embajadores, Puerta de Toledo y Plaza de España con Gran Vía- e intenten convencer a los conductores que vayan a acceder a la zona hasta entonces vedada para que «sean responsables y dejen el coche en casa».