Funeral a ritmo de salsa en Tetuán

MARIA ISABEL SERRANO | MADRID
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Velas, flores, fotos y mensajes de papel llenaban ayer el cruce de las calles Topete y Carnicer, en el distrito de Tetuán. Cientos de dominicanos se reunían allí en la «gran vigilia por Luisito», el joven muerto a tiros el pasado viernes en ese mismo lugar.

A ritmo de salsa y al grito de «Luisito somos toditos», familiares y amigos de la víctima reclamaban justicia. «Sí, ponemos música salsa porque a Luis le gustaba mucho. Era un excelente bailarín y estuvo a punto de ganar algún premio», decía su novia, Arianne, embarazada y a punto de salir de cuentas.

«Mi hija, sin padre»

Allí, en esta especie de oratorio, Faustino, el hermano del joven muerto, nos comentaba que «no queremos dinero ni nada. Sólo que nos tengan informados y que se haga justicia. Mi hermano no estaba en la droga y el que le disparó no era del barrio pero sí estuvo merodeando más de tres horas por aquí».

Arropada por amigas, Arianne, 19 años, pedía la cadena perpetua para el presunto asesino. «Es un desgraciado. Ha dejado sin padre a mi niñita, porque es niña y se llamará Luisani, un nombre que lleva parte del de su padre y parte del mío», nos decía. A su lado, una de las amigas, queriendo justificar por qué sonaba la salsa caribeña en una especie de funeral, explicaba tajante: «Es alegre, da vida, la que le han quitado a Luisito. Queremos que su alma descanse en paz y esa música a él le gustaba mucho».

Los allí concentrados charlaban en corrillos. Unos más afectados que otros. Pero todos respondían al lema de «Luisito somos todos» o al recuerdo de Lucrecia, otra dominicana asesinada hace diecisiete años: «Ayer fue Lucrecia, hoy es Luis. Los dominicanos estamos unidos y vamos a luchar». Entre este tumulto también había amigos de lo ajeno que, aprovechando las apreturas, robaron el teléfono móvil de un reportero gráfico que realizaba su trabajo.

Agentes de Policía Local vigilaban discretamente la zona. Corrió la voz de que, como el día anterior, se iba a llevar a cabo una manifestación hasta la Plaza de Castilla, que no estaba autorizada. No fue así, aunque se intentará para el próximo sábado.

«¡Qué más queréis!»

Algunos vecinos mostraban su temor a que sucesos como este del pasado viernes agraven la tensión que se vive en el distrito desde hace años.Aquí, además de los madrileños, conviven ciudadanos de diferentes países. Los más numerosos, los ecuatorianos (6.600) y tras ellos, los dominicanos, cerca de 3.000.

«Hay reyertas diarias entre ellos. No se respetan. Todos quieren mandar. Ahora claman justicia por la muerte de ese chico. ¡Que más justicia quieren si, para empezar, ya está detenido el que disparó!», gruñía un anciano mientras entraba en su portal de la calle Juan Pantoja.

El presunto autor del asesinato ne negó ayer a declarar ante la Policía y lo hará, a partir de hoy, ante el juez. Fuentes policiales insistían ayer en que este individuo, el agresor, no es agente policial ni lo ha sido. De lo poco que se desprende de las investigaciones, parece que el presunto asesino consume cocaína y que el viernes fue a ese barrio a comprar la droga. Puede que confundiera a Luisito —Luis Carlos Polanco Peralta— con un traficante o que haya otras circunstancias. Las pesquisas continúan.

Por su parte, el Consulado de la República Dominicana en Madrid anunció ayer que apoyará a la familia del joven muerto. De momento, ofrece costear los gastos legales durante el juicio. El cónsul, Marcos Cross, quien también confía en la justicia española, confirmó que se asignará un abogado a la familia de Luis «porque defendemos la vida del ser humano y la integridad de los dominicanos».