el garabato del torreón

Monolingüe, manu militari

Ánxel Fole fue un escritor bilingüe en estado natural

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AL igual que Cunqueiro y tantos otros, Ánxel Fole fue un escritor bilingüe en estado natural. Su obra narrativa, en la que despuntan dos libros mayores, Á lús do candil y Terra brava, está escrita en gallego, pero para sus trabajos periodísticos (más de 2.500 artículos registra la tesis doctoral de la profesora Pardo-Gil) fue el castellano el idioma elegido por el autor lucense. Esa bien avenida convivencia lingüística se traslucía también en su vida familiar y en las conversaciones con sus amigos, donde gallego y castellano se alternaban espontáneamente según momentos e interlocutores.

Para homenaje y recuerdo de Fole, el Ayuntamiento de Lugo instauró, hace catorce años, el premio de narración corta que lleva su nombre. Hasta ahora, el certamen estaba abierto tanto a trabajos en gallego como en castellano, estipulación, por cierto, perfectamente consecuente no sólo con la personalidad y la obra del autor homenajeado sino también con la realidad social de Galicia y con la legislación estatutaria, que consagra la cooficialidad de ambos idiomas. Ahora, en su última convocatoria, coincidente con la entrega al BNG del área municipal de cultura, el castellano ha sido expulsado de las bases. Conocedores del personaje, dicho sea modestamente, nos atrevemos a imaginar su indignación desde los de profundis, si bien no su extrañeza, sabedor como era de la casta de pájaro que son estos pollos.

En este caso, el hecho de mediar un concurso literario, un nombre, una obra y un significado responde a la proverbial ignorancia de los mediadores y a su no menos distintiva intransigencia. Ya se sabe: cuando el desconocimiento se adoba con intolerancia, la embestida sustituye al raciocinio. Pero muchas de las tarascadas fundamentalistas no podrían prosperar si no encontrasen respaldo sedicentemente técnico por parte de algunos especialistas en manipulaciones, embaucamientos y otros juegos de prestidigitación. La cosa viene de antiguo. En nombre de la siempre reformable normativización, ese negocio subsidiado del que viven tantos y tantos baldados laborales, hemos asistido en los últimos años a numerosas perpetraciones de latrocinios literarios.

A Cunqueiro, un autor sistemáticamente vapuleado por muchos de los que ahora lo explotan a placer, no sólo se le ha traducido de modo disparatado, en un gallego completamente desacorde con el de su propia escritura, sino que se le ha llegado a modificar la firma de algunos de sus libros, sin respeto al remoquete festivo ni al seudónimo literario.

En el terreno de las adulteraciones y apropiaciones, Fole ha sido un autor especialmente zurrado, ya desde los lejanos tiempos en que Galaxia se permitió el descoco de colar su hermoso gallego de O Incio y O Courel por el tamiz de Reconquista, 1, desproveyéndolo así de su autenticidad, es decir, de su valor más acusado. O sea que en cuestión de agravios, el inferido ahora por el Concello de Lugo no es el primero ni, nos tememos, ha de ser el último.