Un votante deposita su papeleta en una urna
Un votante deposita su papeleta en una urna - ABC
ELECCIONES EL 28 DE ABRIL

Los partidos acogen las generales como una oportunidad y abren una pugna hasta mayo

El PP pide una mayoría contra Sánchez y la izquierda se conjura frente a la «ultraderecha»

SantiagoActualizado:

Que la legislatura podía derrumbarse en cualquier momento era una posibilidad que los partidos políticos en Galicia ya habían interiorizado. Solo faltaba hacerlo oficial. Por ello, en las primeras reacciones a la convocatoria de elecciones generales para el 28 de abril, lo que más destacaron los partidos no fue la sorpresa por la fecha elegida —debate que murió ayer—, ni siquiera la excepcionalidad del momento político, sino la oportunidad de todas ellas para hacer de la necesidad virtud y mejorar sus posiciones en el tablero.

La precampaña, pues, ha quedado inaugurada. Hasta el 26 de mayo, cuando se celebren las elecciones municipales y europeas, los partidos darán cuerda a un periodo de contienda de meses, y quizá el más intenso de la historia reciente. Quien primero lo puso encima de la mesa ayer fue el presidente de la Xunta. Alberto Núñez Feijóo cargó contra Pedro Sánchez por haber puesto su «interés personal» o «partidario» por encima de los de España, sumergida ahora en «un periodo de sombra» que puede llevar al colapso «prácticamente hasta después del verano». El jefe del Ejecutivo gallego se despachó contra un político que, al igual que forzó «repetir las elecciones en 2016» o «una moción de censura en el 18», ahora ignora el riesgo de parálisis llamando a las urnas «un mes antes» de las elecciones municipales. «Parece que a esa derecha que con tanta urgencia pedía elecciones generales ahora ya no le gustan tanto», le respondió después Gonzalo Caballero, valedor del sanchismo en Galicia como secretario general del PSdeG.

Los populares, en efecto, habían exigido la convocatoria inmediata de las generales pero su opción predilecta era la del «superdomingo» electoral. La alternativa de Sánchez creen que «implica un sobrecoste de 200 millones de euros» para las arcas públicas, como recordó ayer el número dos del PPdeG, Miguel Tellado. Desde En Marea la diputada en el Congreso Yolanda Díaz acusó al presidente de «tirar la toalla», en una decisión que dará alas a «la estrategia de la derecha y la ultraderecha».

Partidos preparados

Las valoraciones sobre la convocatoria pronto dieron paso a otras sobre lo preparados que se ven los partidos. En el PP, Tellado defendió la ventaja de su formación sobre unos socialistas —encabezados por «Pedro, El Breve»— que «no hicieron otra cosa que despreciar a Galicia», sobre unos rupturistas que «van a concurrir divididos» a las urnas o sobre un BNG que busca regresar al Congreso después de una etapa sin representación estatal. Por otro lado, el dirigente popular consideró que Sánchez convocaba elecciones para «garantizarse ser candidato» —el blindaje ante una hipotética rebelión interna en Ferraz— y adelantó que la formación encabeza un «proyecto reconocible» con posibilidades de ganar. De alianzas, de momento, eludió hablar. «Hablar de pactos cuando lo que pretendemos es conseguir una mayoría amplia no tiene sentido. Decidirán los españoles». El mensaje se pareció al lanzado el pasado jueves por Pablo Casado en Vigo, cuando llamó a la derecha a concentrar su voto en el PP para garantizar una alternativa sólida al sanchismo.

Contra ello se conjura el PSdeG. Gonzalo Caballero prometió desplegar una «movilización masiva» que ofrezca las condiciones «para explicarle a la mayoría por qué un gobierno socialista de progreso va a impedir el retroceso que supone la derecha». En un preludio de lo que puede ser la campaña, el secretario general de los socialistas gallegos desempolvó la estrategia del dóberman (la imagen que empleó el PSOE en 1996 para evitar una victoria del PP). Alertó de la llegada de un «bloque de ultraderecha» que tiene como «referente» a José María Aznar y recetó la puesta en marcha un «cambio progresista» como antítesis del discurso de las tres derechas. Al igual que el líder del PSdeG, otros rostros con peso dentro de la organización avalaron el adelanto decidido por La Moncloa. Lo hizo el alcalde de Vigo, Abel Caballero, antaño aliado de Susana Díaz; la presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva, o el eurodiputado José Blanco. El exministro de Fomento, de hecho, celebró que Sánchez silenciara con la convocatoria electoral«las acusaciones que mantenían que se apegaba al cargo».

En Marea, mientras, sigue gestionando los obstáculos de su propio camino. Llamadas como las del alcalde coruñés, Xulio Ferreiro, o Anova, dirigidas a «sumar fuerzas» para detener la «ofensiva ultraderechista», cayeron en saco roto. Al menos mientras la propia confluencia —y sus satélites— no aclaren si participarán unidos en los comicios. Ajeno a todo ello, el partido de Villares reunirá hoy a su ejecutiva nacional para aprobar el calendario de primarias. Por si acaso, el magistrado en excedencia ya dejó patente que los suyos no repetirán la fórmula que los subordinaba al grupo «confederal» de Unidos-Podemos, sino que tratarán de conseguir uno «propio».

El BNG por su parte acogió la fecha de las elecciones como la ocasión de que Galicia vuelva a contar con«voz propia» en Madrid. La líder de los nacionalistas, Ana Pontón, llamó a acabar con la «discriminación» a la que conducen «las fuerzas estatales» y equilibró la balanza entre la gestión de Rajoy, a quien definió como «lo peor de la política», y la de un Sánchez que demostró estar «ausente» cuando urgía atender los problemas de los gallegos. Uno de ellos ya se retiró. Al otro lo juzgarán los votos el 28 de abril.