José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

El estreno de Gonzalo Caballero

En el momento crucial, en vez de someterle al juicio binario de «o con Galicia, o con Sánchez», Feijóo enseñó el pulgar hacia arriba y el líder del PSdeG resopló

José Luis Jiménez
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En los días señalados, el problema suelen ser las expectativas generadas. Algo así ha sucedido este miércoles en el Parlamento de Galicia, que asistía —con un año de retraso— al estreno de Gonzalo Caballero en la bancada socialista, ahora además en su nueva condición de líder de la oposición gracias a los movimientos autodestructivos del populismo. Se esperaba un recibimiento duro por parte de un Núñez Feijóo caracterizado por blandir un látigo de afiladas púas con sus rivales parlamentarios, y sin embargo...

Las expectativas, decíamos. No defraudó Caballero, con este discurso mitinero de que los progresistas son muy buenos y son una mayoría imparable y que la derecha recorta, está agotada y además se acuesta con los ultras. Pero de Galicia, poco, casi nada nuevo, muchos lugares comunes ya conocidos dentro de la lectura apocalíptica de la realidad que hace la izquierda: todo va mal y es culpa de Feijóo, incluso el hecho de que nazcan pocos niños. El tono propio de un tertuliano pero extraño para quien se presenta como alternativa.

Con todas las miradas puestas en el presidente, lo cierto es que dejó vivo a su principal oponente político. Es verdad que le lanzó alguna pulla, como su tardanza por venir al Parlamento después de presentarlo como el eje de la vida política, o que presuma de resultados electorales cuando son cosecha de Pedro Sánchez y no suya. Parecía que acorralaba al rival cuando esgrimió la carta a Sánchez y la propuesta de decreto ley para que el Gobierno, si acaso tuviera voluntad política, salde la deuda con las Comunidades Autónomas. En el momento crucial, en vez de ponerle frente al espejo de sus contradicciones, de someterle al juicio binario de «o con Galicia, o con Sánchez», Feijóo enseñó el pulgar hacia arriba. Caballero resopló y hasta dentro de quince días. Es cierto que hay más careos previstos en este curso, incluso un Debate de la Autonomía con mayor margen para la contienda dialéctica, pero se esperaba más contundencia en el día del estreno.

Mientras tanto, en la calle, la ciudadanía sigue con sus problemas, ajena a que el líder socialista se estrenó en el Parlamento y que el presidente de la Xunta le recibió con banderillas. La vida real, ya saben.

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