Rajoy y Feijóo durante el paseo electoral que dieron por Lugo
Rajoy y Feijóo durante el paseo electoral que dieron por Lugo - EP
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¡Qué alegría ver a Rajoy, me encanta!

El expresidente del Goibierno conserva intacto su tirón y estima: en Lugo y Orense saluda, besa, se fotografía y hasta firma un muñeco con sus rasgos

LugoActualizado:

Se percibe desde el primer instante: Mariano Rajoy no ha perdido un ápice de su tirón, tampoco de la estima que le profesan sus paisanos. Se pudo comprobar ayer en Lugo y Orense, donde acudió a aportar su granito de arena en el final de la campaña. No llevaba ni cinco minutos en la ciudad amurallada, a la que llegó a las 12.50, cuando ya levantaba pasiones. «¡Qué alegría ver a Rajoy! ¡Me encanta!», cuchicheaba una señora a una amiga. Desde el interior de una tienda, a través del escaparate al que quitaba el polvo, una empleada le miraba embobada, el plumero olvidado en la mano.

El punto de encuentro con Feijóo se sitúa en la Plaza de Santo Domingo, a unos pasos de la carpa del PP local. Junto a la furgoneta popular, la de Ciudadanos. ¿Será esta la metáfora de la unión del voto del centro-derecha? A Rajoy lo saluda hasta una señora pertrechada con paraguas y bolsa del «merchandising» del PSOE. «Le había visto en la tele, pero eso no tiene mérito», comenta. Son muchos los que quieren saludarle, besarle, hablar con él y hacerse fotos. Es la gran estrella en el paseo que comparte con Feijóo, el candidato Ramón Carballo, el secretario general Miguel Tellado y otros miembros del partido. Una espontánea increpa al expresidente a propósito de Feijóo: «Señor Rajoy, ¿le van a llevar para Madrid?». Él se encoge de hombros.

Hay un paréntesis en un hotel para ofrecer declaraciones a los medios. Rajoy se escabulle como puede de las demandas de opinión sobre política nacional. «Yo venía aquí a apoyar a Ramón Carballo», advierte antes de responder escueto a una pregunta y esquivar otra. De vuelta a la calle, chispea pero no llueve. Firma a un chico un muñeco con sus rasgos, barba incluida, que emite una frase al apretarlo. Rajoy no elude ninguna petición. Bajando hacia la Plaza de España sigue saludando, besando y dejándose retratar. Posa ante el Ayuntamiento. «Cuando [Francisco] Cacharro estuvo, yo estuve también. En el siglo XVII», comenta socarrón.

«Es increíble tomarse una foto con él», asegura Paulino Cárhuas, peruano, emocionado. Las señoras le ven más delgado. «Tiene que venir más a Lugo para comer en condiciones», se escucha. Eso sucede más tarde, en la zona de los vinos, en un restaurante donde comparte menú con la candidatura local: croquetas, pulpo, chipirones, carne a la brasa y postres. Por la tarde, en Orense, escenas similares durante otro paseo, junto al alcalde Jesús Vázquez, de la Plaza Mayor al parque San Lázaro. A Rajoy, se nota, se le quiere y se le echa de menos. En palabras de una admiradora: «El mejor presidente que hubo. Sin lugar a dudas».