Juan Carlos Martel, en el Teatre Lliure
Juan Carlos Martel, en el Teatre Lliure - EFE

Juan Carlos Martel quiere refundar el Teatre Lliure con una dirección «no personalista»

El sustituto de Lluís Pasqual apuesta por convertir el Lliure en un teatro «del siglo XXI» y aboga por la necesidad de incrementar los ingresos propios de la institución

BarcelonaActualizado:

Refundar el Lliure para convertirlo en «un teatro del siglo XXI que ayude a construir Barcelona a partir de la cultura» y cerrar de una vez por todas la crisis que se abrió el pasado mes de agosto tras la dimisión de Lluís Pasqual, a quien una actriz acusó de haberla ridiculizado durante un ensayo. Con estas dos ideas en mente, el nuevo director del teatro barcelonés, Juan Carlos Martel (Barcelona, 1976), ha desgranado este miércoles ayer algunas de las claves del proyecto con el que se impuso en el concurso internacional convocado a finales de octubre de 2018 y con el que aspira a situar la institución «en el centro de la vida social y cultural» de la ciudad.

«Vi que el teatro estaba recibiendo muchos palos y pensé que podía ayudar presentándome», ha relativizado el nuevo director, cuya propuesta para esta nueva etapa del Lliure pasa por voltear el rumbo que había tomado el teatro en los últimos años. Y es que Martel, buen conocedor del Lliure y ayudante de dirección durante años de Lluís Pasqual, parece buscar distanciarse de uno de sus mentores -también ha trabajado con Carme Portaceli y Calixto Bieito, como se ha encargado de recordar- y aboga por una dirección «no personalista» que gire alrededor de «las necesidade sociales y culturales de la ciudad y no de la figura de la persona que dirige el teatro».

El director, sugiere Martel, no es la estrella, sino una pieza más en un engranaje mucho más complejo. «Yo no estoy aquí para labrarme una carrera nacional o internacional», ha destacado. De ahí que una de las piezas clave de su proyecto sea la figura de los comités, una suerte de órganos asesores formados por expertos con los que espera dar respuesta a temas como la dramaturgia, la transparencia, la paridad, la educación o los proyectos internacionales, entre otros. «Tenemos el reto de refundar el Lliure, y yo solo no lo podré hacer», ha dicho.

Sobre su relación con Pasqual, Martel ha destacado que el director saliente le envió un mensaje tras conocer su nombramiento -«para lo que necesites», le escribió Pasqual- y ha dejado las puertas abiertas a su posible regreso al frente de alguna obra de teatro. «En el Lliure nunca se ha vetado ni se vetará a nadie», destacó.

Eso sí: insiste el nuevo director en que su proyecto poco tiene que ver con el de Pasqual y destaca medidas como la búsqueda de la «máxima paridad», el soporte anual a al menos un artista emergente, la búsqueda de nuevos público, la creación de un laboratorio internacional de artes escénicas o la reformulación del ciclo «Radicals Lliures». También quiere Martel que ningún creador repita dos años seguidos en la programación y que el teatro impulse un mínimo de cuatro montajes internacionales en gira. «Se ha vivido una crisis interna y externa muy grave de la que aún sufrimos la resaca. Es por eso que los cambios serán graduales; no quiero generar un estrés innecesario», ha apuntado.

Sobre la mesa, y además de reunirse con el comité de empresa y decidir qué pasa con «Mount Olympus»,espectáculo de Jan Fabre que podría acabar fuera de la programación después de que el director belga haya sido acusado de abusos y vejaciones, Martel tiene un escollo nada mejor: conseguir más dinero para poder llevar a cabo su proyecto. En concreto, Martel considera que los ingresos propios del teatro, actualmente de 1.700.000 euros, debería rondar los 3 millones de euros dentro de tres años. Para conseguir, propone la creación de nuevos departamentos de marketing y mecenazgo. «No se trata de venderse, pero hay que buscar fondos. No podemos depender siempre de las administraciones», ha enfatizado Martel, para quien todo pasa por «hacer un teatro necesario». «Tenemos que conseguir resultar atractivos para que las empresas se impliquen y que se sientan mal por no ayudarnos», ha ilustrado.