Youssef, en Barcelona esta semana - INÉS BAUCELLS

17-A: los testimonios«No nos han venido ni a dar un abrazo»

Youssef, que tiene ocho familiares que fueron víctimas del atentado de La Rambla, relata que un año después «las cicatrices siguen, y las peores son las que no se ven»

BarcelonaActualizado:

La familia de Youssef El Ouabi es una de las que todavía esperan respuesta a su reconocimiento como víctimas del terrorismo. De origen marroquí y que llevan diez años viviendo en Cornellà de Llogregat (Barcelona), el 17-A les cambió la vida. Ese día, a esa hora fatídica, mientras él estaba trabajando, ocho miembros de su familia paseaban por La Rambla. Sus primos de Montpellier (Francia) habían llegado en coche al mediodía, era la primera vez que venían, y después de comer fueron a Barcelona. “Si alguien viene le tienes que enseñar La Rambla y el paseo Marítimo, ¿no?”, reflexiona.

Tras estar dando de comer a las palomas, algo típico en plaza Cataluña y más habiendo niños en el grupo), emprendieron su paseo en dirección mar. La felicidad absoluta de reunirse, después de tiempo sin verse, quedó truncada por culpa de la furgoneta blanca que conducía Younes Abouyaaqoub, que les sorprendió por delante del mercado de La Boqueria. La suerte, porque hay que decirlo así, fue que los ocho sobrevivieron al atropello masivo. De los ocho miembros, dos quedaron gravemente heridos: Rquia, su cuñada de 44 años (que vive en Cornellà) y Abou Baker (el hijo de sus primos franceses, de 6 años).

“Intentando escapar de la furgoneta, fueron arrollados y estuvieron unos 40 metros encima del capó y acabaron cayendo disparados”, narra Youssef de acuerdo con lo que le contaron sus familiares. Ambos quedaron heridos de gravedad: ella con un fuerte golpe en la cabeza y la mano fracturada pasó casi 40 días en el hospital Clínic y perdió la memoria (todavía no recuerda nada de después de ser embestida), mientras que el menor, que fue además atropellado por las ruedas traseras del furgón, sufrió también un golpe en la cabeza y la fractura de 3 costillas y golpes en la pierna. Tras 20 días ingresado en el hospital Vall d’Hebron, pudo marcharse a Francia, donde siguió con sus tratamientos.

Youssef recuerda el caos de los primeros días, en los que, a la incertidumbre de cómo evolucionarían Rquia, Abou Baker y Omar, el padre del niño (que también estuvo ingresado por fracturas en una pierna), se le sumaba el hecho de que estuvieran ingresados en tres centros sanitarios diferentes. Servicios sociales ayudaron a reunir a padre e hijo para que estuvieran juntos en un único centro.

«Las peores heridas, las que no se ven»

Ahora, Rquia “está bien dentro de lo malo. No puede trabajar por su lesión en la mano y pasa todo el día en casa. Necesita ayuda porque no puede ni hacer las tareas de casa”, mientras que Abou Baker “gracias a Dios ha vuelto a estudiar y ha sacado buenas notas. Pero las cicatrices siguen, y las peores son las que no se ven…”, lamenta Youssef. A pesar de estar superando la tragedia, todos los miembros de la familia afectados están tratamiento psiquiátrico.

Meses después, cuando la familia empezaba a remontar la situación, la desgracia volvió a llamar a su puerta: Mohamed, hermano de Youssef y marido de Rquia, falleció de una hepatitis B que arrastraba desde hace tiempo. “Estaba estable pero su enfermedad despertó con el “shock” del atentado. Todos los focos estaban en Rquia y se olvidó de cuidarse él mismo y al final se ha ido antes él que Rquia…”, cuenta desolado Youssef.

Por todo, una de sus quejas es que se sienten abandonados. “Nadie nos ha ayudado, no nos han venido ni a dar ni un abrazo. El ministerio del Interior nos ha abandonado totalmente”, denuncia. Como ejemplo, relata las trabas para conseguir una ayuda: les exigen facturas de la compra, no solo un tíquet. “Si quisieran ayudar sería más fácil decidir una cantidad para la compensación y no tener que enviar facturas”, se queja. Youssef lamenta también las dificultades para que su hermano Mohamed y Fátima, su sobrina, puedan ser identificados como víctimas y que le han dicho que al haber fallecido su hermano no se puede reclamar ninguna indemnización por él. “No queremos que nadie nos regale nada, vinimos aquí para trabajar y tener una vida mejor. Si estamos en un país de derechos los queremos”, pide.

«Ya no voy con la chilaba»

Youssef hace énfasis especialmente en su origen porque, recuerda, comparten procedencia con la mayoría de los autores de masacre. “Ser musulmán ha sido difícil este año y después de todo. Es como si un padre tiene un hijo que ha estado implicado en un accidente. Ellos son los primeros que lo sufren y sienten vergüenza”, intenta ejemplificar. “Yo soy practicante, voy a la mezquita y antes iba por la calle con la chilaba pero ahora no puedo. Me la pongo dentro, porque en Barcelona hay tolerancia, pero siempre hay alguien que puede no serlo”, comenta.

Su familia apenas ha podido volver a La Rambla pero hoy estarán en los actos conmemorativos. «No tenemos ganas, Rquia no quiere nunca ni salir a la calle, pero será un acto corto y es una manera de demostrar que como musulmanes, marroquíes y bereberes amazighs [como la mayoría de los autores de la masacre] somos las primeras víctimas».