Joan Carles Valero - LETRAS EXPECTATIVAS

De Moisés a dircoms

Los directores de comunicación, tanto en el ámbito público como en el privado, son los modernos portavoces del poder

Joan Carles Valero
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El primer portavoz del poder en la historia fue Moisés, porque hablaba en nombre de Dios. Concretó su relato en diez mandamientos y lideró a su pueblo. Los directores de comunicación, tanto en el ámbito público como en el privado, son los modernos portavoces del poder institucional y empresarial en unos momentos en los que la comunicación juega un papel determinante en la dirección estratégica de cualquier organización. De ahí que, tanto en política, como en el mundo económico y hasta en el Barça, cuando las cosas van mal, la culpa sea siempre de la comunicación.

Cualquier liderazgo no se puede construir sin tener en cuenta la función de los medios de comunicación y sin estar con la oreja pegada a las redes sociales para prever las estampidas en forma de crisis de reputación. La democracia se consolidó a partir de la existencia de los medios de comunicación, generadores de la opinión pública. Unos medios cuyo papel ahora es reivindicado por todo el mundo ante la propagación de mentiras en las redes sociales. Porque la denominada “postverdad” genera flujos instantáneos y masivos de falsedad en la opinión pública. En ese contexto, el relato de lo comprobado se convierte en excepción, igual que lo que más escasea en todo tsunami es el agua potable.

Por eso son tan importantes los editores. No son empresarios comunes; tienen una función social determinante en el buen funcionamiento de la sociedad, porque procuran la transmisión del conocimiento, que es la suma de la información y su contexto, las explicaciones necesarias, además de ejercer de control del poder. De ahí que la edición no sea un negocio cualquiera que se rige por la contabilidad del debe y del haber, porque se trata de una actividad en la que se manejan intangibles, una función social más allá de deberse a sus clientes naturales, los lectores y anunciantes, y que traspasa transversalmente toda la sociedad.

La publicidad juega es parte importante en la supervivencia de las publicaciones, al contribuir a la financiación del periodismo ante la creciente percepción social de que nuestro trabajo es gratis total. En la Ciudad de la Justicia se habló ayer del marco legal de la publicidad institucional, de la obligación de las administraciones a garantizar el derecho constitucional a la información, de buenas prácticas, de la ley de publicidad, la de buen gobierno y la de transparencia. Y la conclusión fue que el mejor desinfectante siempre es la luz del sol. Son los mandamientos de los Moisés actuales del dinero público. Y el primero es no prevaricarás.

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