parece mentira

Fascinación por los indignados

Me esfuerzo en no ser distinto y simpatizar con los indignados, leo sus manifiestos, pero pobre de mí, cuanto más leo más me alejo de ellos

JOAN LÓPEZ
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Rosalía de Mera, la mujer más rica de España, así como otro montón de pijoprogres, han manifestado su fascinación y simpatía con los indignados. También un montón de políticos, a pesar de haber sido amedrentados y vejados a escupitajos, declaran sentirse atraídos por este grupo. No lo entiendo.

Los indignados no quieren cambiar el sistema, quieren ser el sistema. Los indignados no buscan una oportunidad, quieren vivir de la sopa boba. Los indignados se mezclan en sus manifas con la elite del sistema, los que menos trabajan y tienen el trabajo más garantizado: los trabajadores públicos, que se quejan porque siguen trabajando 35 horas, con las tardes libres, pero han perdido un pequeño porcentaje de su sueldo. Quizás unos sean hijos de los otros.

Los indignados están cabreadísimos con Felip Puig, Rita Barberá o Gallardón, pero no tanto con los de Bildu o la CUP, vaya por Dios. A los indignados no les preocupa la morosidad, que el crédito no fluya o las condiciones de trabajo de los autónomos; a ellos solo les preocupa el capitalismo y la globalización y apuestan por que suban los impuestos, que se imponga la tasa Tobin o, como proponía el «manifiesto transmaricabollo», surgido de Sol, que los menores puedan cambiar de sexo.

Me esfuerzo en no ser distinto y simpatizar con los indignados, leo sus manifiestos, pero pobre de mí, cuanto más leo más me alejo de ellos. No hablan por ningún lado de reconocimiento del esfuerzo, de libertad de empresa o de libre elección de centro educativo. A mí me parece que somos millones los que pagamos impuestos y tenemos derecho a la indignación y al pataleo. Un Gobierno ineficaz y unas administraciones gigantescas, llenas de estructuras parasitarias, dilapidan los impuestos en estupideces en lugar de hacer cosas que dignifiquen el esfuerzo que hacemos millones de madrugadores para pagar dichos impuestos.

En definitiva, los millones de autónomos de este país tenemos derecho, en este caso de verdad, a estar indignados contra un sistema que nos exprime y contra unos indignados que tienen más de haraganes que de otra cosa.

Joan López es profesor de la Universidad Abat Oliva CEU.