LA NADA NADEA

CiU apoya al PP

Nadie puede permitirse, aquí y ahora, avivar querellas simbólicas, salvo los partidos de oposición. Con toda seguridad, el PP no explorará esa senda

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LAS renuencias ceden ante la magnitud de la catástrofe. En torno a los ajustes y reformas económicas urgentes, y al escrupuloso cumplimiento de las expectativas y plazos europeos, gira y girará durante toda la legislatura el grueso de la acción política de las dos formaciones con responsabilidades de gobierno. Nadie puede permitirse, aquí y ahora, avivar querellas simbólicas, salvo los partidos de oposición. Con toda seguridad, el PP no explorará esa senda. Veremos si el sentido común logra mantenerse asimismo en una Convergència que ha basado su hegemonía, durante décadas, en la administración del sentimentalismo, don que le ha permitido atraer, al mismo tiempo, votos populares y de la Esquerra.

De momento ha sucedido lo previsible, que también es lo conveniente, y a la muy holgada mayoría absoluta de Rajoy se le suman los dieciséis votos del nacionalismo catalán para que el primer paquete de medidas de ajuste venga con lazo, su pastel con guinda, y la austeridad se cargue de razones. CiU ha podido aportar su «valor añadido» mientras se permitía criticar (justamente) la más discutible de las medidas: el aumento del IRPF. Desde Cataluña se ha reprochado al grupo comandado por Duran que proclame su «coherencia» a la vez que vota lo que critica. El reproche es bastante miope. Por coherencia deben votar ahora con el partido que gobierna España; la discrepancia en un concreto asunto se verá como algo excepcional una vez salgan adelante las grandes reformas: la laboral (en enero), la financiera (en febrero) y la que atañe a la Administración (en marzo). Si empezara la serie con una abstención o un voto negativo, CiU enviaría un mensaje que en absoluto se corresponde con sus convicciones.

No está el horno para bollos ni los parlamentos para fantasías. Repárese en que el gobierno catalán de CiU no se dedica propiamente a gobernar: es un gabinete de gestión de crisis consagrado a la ingrata tarea de trampear una y otra vez para pagar las nóminas a final de mes. Punto. Tal experiencia confiere un plus de realismo.