José García Domínguez - Punto de fuga

«Allegro ma non troppo»

Hay tanto Santi suelto en el «procés» que lo raro es que todavía no hubiese salido ninguno dando el cante por soleares hasta la fecha

José García Domínguez
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Lo de Santi, más pronto o más tarde, tenia que pasar. Estaba escrito. Y es que ya lo advirtió en su día el gran Carlo Cipollla, el autor de «Allegro ma non troppo», aquella célebre formalización científica de las leyes universales de la estupidez humana, cuando alertó a las generaciones futuras para que recordasen siempre que los tontos resultan en todo momento mucho más peligrosos que los malvados. Y ello porque, a diferencia de estos últimos, los tontos no descansan jamás. Nunca, ni de noche ni de día. Están de guardia y en vela los 365 días del año. Por eso, lo de Santi estaba cantado que iba a ocurrir. De hecho, hay tanto Santi suelto en el «procés» que lo raro es que todavía no hubiese salido ninguno dando el cante por soleares hasta la fecha.

Sucede que, como el corazón, la estupidez también tiene razones que la razón no entiende. De ahí que lo de Santi no se pueda comprender sin el auxilio de las enseñanzas de Cipolla contenidas en sus célebres cuatro leyes. Recordémoslas, pues. La primera afirma taxativa que cada uno de nosotros subestima por norma la cifra de necios que pululan de modo impune por este valle de lágrimas. La segunda, también conocida como ley de hierro, puesto que no contempla excepción ninguna, sentencia que la probabilidad de que un individuo sea necio es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

De ahí que el carácter transversal, interclasista y polivalente del necio ontológico. Por su parte, la tercera prescribe que el necio es un individuo que, al modo paradigmático de nuestro Santi, causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener al mismo tiempo ningún provecho para sí, o incluso logrando un perjuicio. Ya en el corolario, en fin, barrunta Cipolla las personas no-estúpidas siempre subestiman el inmenso potencial nocivo de los necios, pues tienden a olvidar que asociarse con ellos (en un golpe de estado, por ejemplo) constituye un yerro fatal. ¡Está rodeado, Puigdemont!

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