Ignacio Miranda - POR MI VEREDA

Homenaje al cine cine

Los cines han desaparecido del paisaje urbano, como antes sucumbieron los serenos, los barquilleros, los afiladores, las tiendas de ultramarinos o los despachos de pan y leche

Ignacio Miranda
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Bajo el título «Cines en el recuerdo. La última sesión», la Filmoteca de Castilla y León acoge hasta el próximo mes de abril una interesante exposición sobre la magia perdida del séptimo arte en gran pantalla, como homenaje a las salas que han ido cerrando sus puertas. Nombres como Vistarama, Coca y Roxy en Valladolid, Bretón y Coliseum en Salamanca, Barrueco en Zamora o Zuloaga y Miró en Segovia rescatan de un pasado no tan lejano parte de la memoria indeleble y emotiva para varias generaciones.

Eran los tiempos de la sesión continua, de las colas interminables en taquilla, cuando las grandes estrellas de Hollywood gozaban de la admiración del público y las vivencias en la butaca alejaban durante dos horas al personal de la cruda rutina diaria. Igual se veía a Ava Gardner que a Gary Cooper o Marlon Brando, a la inolvidable Rocío Dúrcal y a la Marisol más risueña. De «Nueve cartas a Berta» a «El Cid» pasando por «Ben Hur», «Los diez mandamientos», «Solo ante el peligro», «Grease» o «E T».

Entonces no existían internet ni la tiranía de la telabasura. La programación ofrecía entretenimiento y variedad sin caer en la vulgaridad más exasperante de una cuadrilla de haraganes recluidos en «Gran Hermano» -vida interior y rigor intelectual a partes iguales-, de los cotilleos retroalimentados sobre gente fatua y de los tronistas con aspiraciones de concejal de su pueblo en otra horterada incalificable. Los cines han desaparecido del paisaje urbano, como antes sucumbieron los serenos, los barquilleros, los afiladores, las tiendas de ultramarinos o los despachos de pan y leche. También los lupanares y las cabinas telefónicas. Rodeados de las anodinas franquicias, ahora viven en el ostracismo de los centros comerciales. El consumo se tornó en ocio, y habitó entre nosotros.

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