Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

Olas de secano

«Según el alcalde de Zamora, la ciudad se está convirtiendo en destino turístico político. Ahí es nada. A ver si se cree el lector que los turistas van a Zamora por el románico o por el Duero»

Guillermo Garabito
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Ver el mar, leer, dormir con manta, comer un cocido, ver florecer los dondiegos, esperar que no llegue septiembre. Ese es mi turismo estival. Dar una oportunidad a todos los libros que quedaron demasiado abajo en la mesilla. Escribir al rumor de un pueblo que habla por las noches. Este pueblo mío que se sienta cada día después de cenar al serano. Se olvida –por un rato– de que es Castilla y entonces todos dicen muchas palabras, todas las que no hablan durante el día y teorizan sobre la vida y sobre el campo. ¡Siempre el campo! En aquella tertulia de pollete filosofan sobre el cielo. Y todo llega así hasta mi balcón; un rumor como una brisa. Un rumor de conversaciones constantes como olas de secano. Más tarde el silencio. Un silencio que se nota hincharse y mermar, lo mismo que el de un pecho descansando. La noche inspira y cuando expira le bailan las hojas a los árboles.

Este es mi verano. Cuando a la punta del ciprés mayor de mi jardín le da no sé qué luz, un claro de luna. Y se pasa la noche mi ciprés con la copa prendida como un faro en medio de la paramera. Un faro para que no pierdan rumbo la pareja de lechuzas que viven en la chimenea y cazan topillos civilizadamente porque saben que hay plaga. Un faro perennemente encendido para que las golondrinas hagan verano. El faro de los Torozos, de estos Campos Góticos que ayer eran un mar de espigas y ahora son ya, sencillamente, un campo con los pelos bien peinados.

Este es mi verano. Después hay otros, porque veranos hay muchos. Está el turismo de los que se van a cualquier lado para terminar buscando un «Mc Donalds». Y también ese otro de la nada, que es el de los que se tumban al sol de aquí o de Bora Bora. Lo que todavía no se me ocurre es quién podría maltratarse haciendo turismo político. Pero resulta que existen según Guarido, alcalde de Zamora. Según él, la ciudad se está convirtiendo en destino turístico político. Ahí es nada. A ver si se cree el lector que los turistas van a Zamora por el románico o por el Duero, que eso es una cosa muy vieja que lleva ahí ya muchos siglos. Según el regidor ahora van autobuses de militantes de IU que quieren conocer la ciudad por ser la única en la que gobierna IU. Y yo me imagino a padres con niños como Errejón bajando de los autobuses. «¡Papá, papá, cómprame un núcleo irradiador de recuerdo!» Dónde han quedado las suecas… Esta clase de turismo es así como de parque jurásico; de ir a ver especies al borde de extinción. Porque uno, que es «millennial», tiene la sensación de que IU es más antigua todavía que el arco de medio punto.

Yo sigo con mis siglos en La Mudarra. Tiene el verano dos cocos de luz y un gallo con «jet lag» que no ha viajado nunca.

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