Ignacio Miranda - Por mi vereda

Descanso entre humedales

«Joaquín Araujo lleva cinco de sus siete décadas de vida dedicado a divulgar las maravillas de la naturaleza ibérica»

Ignacio Miranda
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Joaquín Araujo lleva cinco de sus siete décadas de vida dedicado a divulgar las maravillas de la naturaleza ibérica. Aúna rigor científico y apego a la tierra, observación minuciosa y lenguaje comprensible, para crear verdadera conciencia de conservación medioambiental. Desde sus comienzos junto a Félix Rodríguez de la Fuente hasta hoy, este escritor amante de los bosques y del agua se ha convertido en el naturalista más influyente de España. Vive buena parte del año en los recoletos parajes de Las Villuercas, comarca oriental de Cáceres adonde llegó cuando ni siquiera había carreteras asfaltadas, en un retiro esencial para estrechar su contacto con el campo. Algo muy de agradecer en un país donde abundan ecologistas urbanos o expertos en desarrollo rural incapaces de distinguir un acebuche de un roble.

Ahora, con Miguel Delibes de Castro, ha apadrinado un hermoso proyecto para recuperar un humedal en la localidad vallisoletana de Benafarces, donde los Torozos decaen para dejar paso a la Tierra del Pan, ya en Zamora, desaparecido hace medio siglo. El objetivo es disponer de esta masa de agua superficial, de media hectárea de superficie a los pies del núcleo urbano, en el plazo aproximado de un año, para ser punto de descanso de las aves migratorias que surcan los cielos mesetarios y no siempre hallan ecosistemas aptos para detenerse. Precisamente, por esta circunstancia, a menudo desvían sus rutas o cubren etapas más largas.

El mérito de la iniciativa no queda aquí. Alumnos de diversos centros educativos del barrio de Pajarillos, de la capital, se han implicado y realizan una primera toma de contacto sobre el terreno para marcarlo. Después, está previsto plantar arbolado, colocar nidos y habilitar un mirador ornitológico, para unir el humedal y las fuentes de la cercana villa del Tiedra. Desde luego, alegra comprobar que la vocación ecológica de José Antonio Valverde, el ornitólogo pucelano que soñó y creó Doñana a pesar de las dificultades, aún pervive.

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