Manolo Lozano, con la decoración del Corpus de Toledo de fondo
Manolo Lozano, con la decoración del Corpus de Toledo de fondo - ANA PÉREZ HERRERA
Toros

«Lo mejor para que el público vaya a las plazas es no dejarse ver por la televisión»

Manolo Lozano, apoderado de Morante de La Puebla, detalla en una entrevista con ABC la estrategia del torero sevillano: pocas corridas y en sitios «que le gustan y con los toros que le gustan»

TOLEDOActualizado:

Cuando Morante de La Puebla decidió volver a los ruedos y acabar con el «coitus interruptus» abierto una calurosa tarde del último agosto en El Puerto de Santa María, pensó que su próximo apoderado tendría que ser alguien como él: bohemio, dandi y soñador. En definitiva, un señor para quien el toreo fuera lo más parecido a la mística. Ese no se qué que está muy por encima del número de orejas cortadas o del total de corridas contratadas.

El hombre elegido fue Manolo Lozano, 87 años a cuestas, de Alameda de la Sagra (Toledo), el hermano mayor de una de las familias taurinas más importantes. Aunque siempre independiente, a su aire. Como cuando era un niño y se crió con su abuelo Manuel Martín Alonso, ganadero de Veragua. O como cuando iba a las tertulias solo por escuchar a Marcial Lalanda, a Domingo Ortega, a Antonio Bienvenida, a los Dominguín. O como cuando de un día para otro, ya fulminado el sueño de ser torero, tomó la alternativa en Tánger (Marruecos), con el Córdobes de padrino, para cortarse la coleta esa misma noche.

«Morante es especial porque tiene una inteligencia de superdotado. La filigrana de su toreo inventado es personalísima, no copia a nadie. Él nació torero, no estuvo nunca en una escuela de tauromaquia, y es lo que es: un artista consumado con una inspiración ilimitada», cuenta Manolo Lozano a ABC en Toledo, donde el genio de La Puebla del Río ha toreado esta semana la corrida del Corpus (no con mucho éxito).

Sobre la temporada del torero sevillano, iniciada el 12 de mayo en Jerez de la Frontera, Manolo dice: «Me dijo que no quería pasar de 30 festejos y tenemos 29 cerrados. Las primeras corridas que se firmaron fueron las últimas que toreará, que son las dos de la feria de San Miguel en Sevilla. Como es lógico y natural, antes de firmar un contrato lo consulto con el protagonista. Morante va a las plazas que le gustan y con los toros que le gustan».

—Entre esas plazas entiendo que no está Madrid...

—En Madrid no va a torear porque no está en el gusto suyo, ni mío.

—¿Por qué sus corridas no serán televisadas?

—Es una decisión de Morante que su apoderado comparte. ¿Por qué? Pues porque José Tomás ha demostrado que lo mejor para que el público vaya a las plazas es no dejarse ver gratis por la televisión. Le copiamos en eso.

—Siempre las principales figuras han liderado el escalafón. Algo que en los últimos años no está sucediendo. ¿Por qué Morante toreará solo una treintena de corridas?

—Para mí, Curro Romero fue una grandiosa figura y no pasaba de 15 corridas al año. No por el hecho de torear más eres más importante. A lo mejor toreas más porque vas más barato que los demás.

—Con las décadas, los toreros han perdido relevancia social. Ahora hay un sector de la población que hasta los cuestiona. ¿Qué ha pasado?

—En el caso de Morante no lo noto. Calamaro, Vargas Llosa... hay mucha gente conocida que le sigue. Para Segovia, el 30 de junio, el Rey Juan Carlos ya me ha dicho que le reserve cuatro barreras para ir a verlo. Creo que depende del sello de cada torero.

—Los toros han desaparecido de los medios de comunicación generalistas. ¿Tendría que ser más reivindicativo el sector?

—Claro, claro, pero no sabemos. Estamos divididos, de una manera anárquica, cada uno haciendo la guerra por su cuenta… Estamos indefensos.

—¿Quién manda en la fiesta: las figuras, los empresarios, las grandes casas de apoderados...?

—Me lo pone difícil... cada uno manda en su casa. Por ejemplo, Morante manda en sus corridas y, si no quiere ir a alguna plaza, pues no va.

—A su edad, ¿qué le sigue sorprendiendo de los toros?

—Que cada día la gente tiene menos afición, y a pesar de ello siguen yendo (risas). Rutinariamente, por inercia.