ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Confieso que he leído

«José Esteban manifiesta a lo largo del libro su profundo amor por la literatura»

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José Esteban (Sigüenza, 1935) es un todoterreno de la literatura: poeta, narrador, ensayista, recopilador, antólogo, editor, coleccionista de libros y de amistades literarias. De todo ello, sobre todo de esta última faceta, nos habla, abundantemente en este su último libro (por el momento) al que califica como «Memorias Literarias».

En efecto: no debemos buscar en él un retrato del propio Pepe Esteban, ni una autobiografía; por supuesto algo cuenta sobre sí mismo, pero poco (muy poco, diría yo). De lo que habla el libro es de la obsesión de su autor por la Literatura en todas sus formas, y en los más de 70 años que lleva viviendo para y por ella.

Los momentos más gozosos del libro, para mí, son aquellos en los que habla de figuras muy relevantes de nuestras letras que él ha conocido, y en concreto destacaría aquí los nombres de Pío Baroja (cuyo encuentro nos narra al principio del libro) y de José Bergamín, al que trata ya por extenso en la última parte. A Bergamín tuvo la suerte de conocerle en profundidad, tratarle con frecuencia y pudo editar bastantes obras suyas en la principal (aunque no la única) de sus aventuras editoriales: Turner, que comenzó a principios de los años 70.

Pero siendo esos los dos nombres mejor parados, aparecen también Azorín y Hemingway; Aleixandre, y Francisco Ayala; Blas de Otero y Gabriel Celaya; Ángel González y Carlos Barral. Y el inolvidable encuentro con Borges en Buenos Aires.

Aunque la vida literaria de Pepe Esteban transcurre en y desde Madrid, aparecen también muchos y notables escritores de Castilla-La Mancha: así sus paisanos guadalajareños Antonio Pérez o Ramón de Garciasol; el albacetense Antonio Martínez Sarrión; el conquense Meliano Peraile, o los manchegos Ángel Crespo y los pintores Pepe Díaz y Pepe Ortega, entre otros varios.

José Esteban manifiesta a lo largo del libro, en varias ocasiones su profundo amor por la literatura «yo siempre quise ser escritor» nos dice en la pag. 52. Pero ese amor, esa atracción, se manifestó en él de muchas maneras: amor por la creación literaria (sobre todo la narrativa, pero también brevemente la poética); y sobre todo por su inmensa erudición libresca.

José Esteban sabe de mucho y de casi todo lo relacionado con el mundo del libro: de los escritores republicanos, de los novelistas sociales de los años 20 y 30; de los escritores bohemios (de estos es un verdadero especialista y sobre ellos ha publicado numerosos libros); de los periódicos y revistas de los dos últimos siglos (literarios o no); pero también es un experto en refranes y dichos populares; y por último un reputado gastrónomo (su Breviario del cocido es un clásico).

La chispa del libro está en los centenares de anécdotas que no son meramente transmitidas sino que han sido vividas y contadas por Pepe Esteban de primera mano, y en la variedad de personajes (con sus correspondientes fotos) que pueblan todo el libro.

Antes he mencionado algunos nombres, pero habría que añadir -entre varias decenas más- los del narrador peruano Alfredo Bryce Echenique, el historiador del arte Gaya Nuño, el dramaturgo Lauro Olmo, el periodista Luis Carandell que acabó comprando una casa en Sigüenza, Juan García Hortelano, Juan Benet, Camilo José Cela, con quien desarrolló varios proyectos en común; el hispanista Gerald Brenan o la entrevista que mantuvo con Adolfo Suárez, quien había leído y le elogió una de sus primeras novelas: El himno de Riego, un homenaje a los liberales españoles del XIX.

La vida profunda e íntima de Pepe Esteban no está aquí, pero sí una parte -vivida y real- de la vida literaria española de bastante más que el último medio siglo; con sus luces y sus sombras; con sus risas y con su nostalgia.