Alfonso González-Calero

Una cierta mirada

Llamazares penetra en territorios que recorrió Don Quijote

Alfonso González-Calero
TOLEDOActualizado:

Julio Llamazares es un escritor leonés (nacido en 1955) y cuya obra abarca registros muy diversos. Desde la novela (Luna de lobos tal vez sea la más conocida), la poesía, la crónica periodística o la literatura de viajes. En este último género ya había publicado El río del olvido sobre su León natal, Cuaderno del Duero o Tras-os-Montes (sobre Portugal). Ahora, con esta nueva entrega penetra en el terreno de los territorios que recorrió don Quijote y se vale para ello por supuesto del propio libro de Cervantes pero también, con amplitud de citas, del libro de Azorín, que en 1905 celebró el 3º centenario del autor.

El libro, al igual que lo fue el del escritor alicantino, forma parte de un encargo periodístico, y como tal fue publicado por entregas el pasado verano; en aquella ocasión acompañado con magníficas fotografías de José Manuel Navia. Ahora, en forma de libro en papel, con ilustraciones de Jesús Cisneros.

Entiendo que el principal objetivo del viajero Llamazares era observar lo que permanecía y lo que había cambiado en estas tierras, tanto desde hace 400 años (con Cervantes) como desde hace 100 (con Azorín).

Así como el paisaje geográfico y algunos elementos de construcción humana (molinos, por ejemplo) siguen como entonces, el paisanaje humano es obvio que ha sufrido notables transformaciones, que recoge con agudeza el autor.

Por lo demás el libro está escrito con agilidad, y denota la perspicacia de quien está acostumbrado a mirar un poco más allá de la primera apariencia de las cosas.

Hecha esta valoración positiva, cabe señalar que al autor parece gustarle poco esta tierra nuestra (el libro dedica dos terceras partes a territorios que hoy son Castilla-La Mancha) y una parte más a Aragón y Cataluña.)

A Llamazares no parece entusiasmarle lo que ve, las transformaciones humanas y el paisanaje (está en su perfecto derecho) y tampoco alaba en exceso el que los habitantes de estas tierras hayan hecho de Cervantes, el Quijote y sus celebraciones, elementos generadores de turismo y de riqueza. También lo está. Pero es obvio que una tierra como la nuestra, con un muy escaso desarrollo industrial (quizá por su excesiva proximidad a Madrid), tenía que recurrir a elementos exógenos para propiciar algún tipo de desarrollo y atractivo para visitas y afluencia de cierta riqueza. Cosa distinta es la debilidad de esto en cuanto modelo de desarrollo económico. Pero eso es ya otro cantar.

En fin, estamos ante un libro de viajes y no un ensayo social, y Llamazares, con habilidad, mezcla lo actual con lo pretérito, lo literario con lo sociológico, para ofrecernos un somero recorrido por algunos lugares de la actual Castilla-La Mancha (Puerto Lápice, Argamasilla de Alba, Tomelloso, Campo de Criptana, Ciudad Real o el campo de Calatrava, para terminar en una aproximación sugerente al valle de Alcudia (le hubiera sido de gran utilidad el libro de Vicente Romano y Fernando Sanz sobre esta zona, recientemente reeditado, y que fue publicado también por Alfaguara, allá por los años 50; no lo cita y es una lástima).

En cualquier caso creo que siempre es bueno que nos miren desde fuera; nos señalen nuestras virtudes y defectos, y más si lo hacen con solvencia literaria, como es el caso. Por otro lado, cada uno tiene sus gustos, y está bien que sea así.

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