Antonio Zárate

Nubarrones de tormenta sobre La Peraleda

«No es fácil justificar un nuevo barrio aquí cuando aún existe suelo para usos residenciales en La Legua, Valparaiso, Tres Culturas, San Bernardo o Montesión»

Antonio Zárate
GeógrafoActualizado:

Hace pocos días en la SER, el concejal de urbanismo del Ayuntamiento invitaba a participar en una «lluvia de ideas» sobre la próxima urbanización de La Peraleda, avanzando la intervención de «urbanistas» de prestigio para no ser menos que los gestores de cualquier otro ayuntamiento en busca de edulcorar propuestas de intervención casi siempre especuladoras, cuando no despilfarradoras, como sucede con los artefactos arquitectónicos que ornan nuestras ciudades y que en Toledo están bien representados con el «Toletum» y el «Quixote Crea», monumentos a la inutilidad, y en el segundo caso, desprecio también al paisaje y a los valores del patrimonio.

Resulta sorprendente, como ya se ha señalado en otras publicaciones, seguir ignorando que el débil crecimiento demográfico de la ciudad, de 84.019 habitantes en 2012 a y 84.282 en 2018, 263 habitantes más, y la escasa demanda de vivienda nueva no justifican una política de creación constante de suelo urbano, propia del pasado, como si aún estuviéramos en la época de la burbuja inmobiliaria. En el caso de La Peraleda, se pretende crear una nueva zona residencial para 5.300 viviendas y unas 11.304 habitantes, con multifamiliares en edificación de manzana cerrada de 5 alturas sobre rasante, lo que evidentemente borraría la panorámica de la ciudad desde este lugar, una vista urbana de valor monumental protegida desde la declaración de Toledo como Conjunto Histórico Artístico en 1940. Por eso la Peraleda está incluida en las zonas de protección de paisaje de las Instrucciones de la Dirección General de Bellas Artes de 1968 y del Plan Especial de 1997, y en la zona de amortiguamiento de la Declaración de Toledo como Valor Excepcional Universal de 2013. La desaparición de esa vista desde la Peraleda supondría un atentado a los valores patrimoniales que sirven de identidad colectiva y que hacen a nuestra ciudad única en el mundo y diferente de cualquier otra.

Pero además, la edificación de la «magnífica zona residencial» que se nos promete, con la intervención de los «mejores urbanistas», se llevaría a cabo sobre suelo calificado por el PGMOU de 1986, actualmente vigente, como «suelo no urbanizable y protegido», precisamente para mantener las vistas del conjunto monumental y los valores medioambientales de la zona por su proximidad al río. Así se estaría vulnerando el principio legal de «No regresión ambiental», recogido en Sentencia del Tribunal Supremo de 10 de julio de 2012, que viene a decir que la Administración no tiene potestad para modificar o anular las protecciones preexistentes del suelo si los valores por los cuales se declararon no hubieran decaído. Y por si eso fuera poco, la construcción de la nueva zona residencial sería incompatible con la calificación de Ámbito de Protección y Prevención Arqueológica de la que goza la mayor parte de ese espacio, también relacionado con la posible ubicación en este entorno del monasterio agaliense de San Ildefonso, según las tesis publicadas del Dr. Gonzálvez.

A todo lo anterior hay que añadir que para urbanizar La Peraleda habría que aprobar la modificación puntual del PGMOU de 1986, aun no resuelta, tal vez porque los propios servicios técnicos municipales y del gobierno regional recuerden el Artículo 5., del Decreto 2 legislativo 1/2010, de 18 de mayo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Ordenación del Territorio y de la Actividad Urbanística (TROTAU) que dice «Toda actuación pública que tenga por objeto regular el uso, aprovechamiento o utilización del suelo deberá perseguir los siguientes fines: e) Preservar las riquezas del patrimonio cultural, histórico y artístico, y f) La protección del patrimonio arquitectónico, del ambiente y del paisaje urbano y rústico». En la Peraleda, el único objetivo sería dar satisfacción a propietarios del suelo y promotores deseosos de rentabilizar su suelo de acuerdo con el PPO 2 del POM de 2007 y la parcelación incluida desde entonces en el catastro de urbana. Al igual que sucede con la Vega Baja, allí la modificación puntual 28 del PGMOU de 1968, y aquí, la modificación 29, plasman una estrategia municipal sin más proyecto de ciudad que mantener lo aprobado por el POM de 2007 o incluso aumentar volumen edificatorio, a pesar de su anulación por Orden 40/2018, de 14 de marzo, de la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla La Mancha en cumplimiento de varias sentencias de la Sección 1ª de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha.

Por otra parte, no es fácil justificar un nuevo barrio en La Peraleda cuando aún existe suelo para usos residenciales en La Legua, Valparaiso, Tres Culturas, San Bernardo, Montesión, etc., cuando hay más del 10% de viviendas vacías que irán en aumento por relevo generacional, y cuando el casco histórico se sigue vaciando, a falta de políticas orientadas a mantenerlo como espacio vivo, más allá de favorecer su uso predominante como lugar de ocio en fin de semana y de turismo para visitantes que llegan de fuera cada vez en mayor proporción. Y tampoco se podría entender, en clave de preocupación por los valores medioambientales y de atención al cambio climático, la supresión de La Peraleda como una de las zonas verdes actualmente existentes, como tampoco se comprende el entusiasmo municipal por añadir complejidad al funcionamiento de la ciudad, por generar nuevas necesidades de infraestructuras y servicios, y por incrementar problemas de conexión entre barrios, siempre alejados unos de otros.

En respuesta a las ideas para urbanizar La Peraleda, es de esperar que el Ayuntamiento y los diferentes grupos políticos, en vísperas de elecciones, sepan escuchar voces de expertos que consideran prioritaria la conservación de los valores patrimoniales, medioambientales y paisajísticos que hicieron posible la inclusión de Toledo en la lista de Ciudades Patrimonio de la Humanidad, y que rechazan actuaciones orientadas a la construcción de lo que los geógrafos denominan «no lugares» por su carencia de señas de identidad. La Peraleda es una pieza fundamental en el mosaico de la ciudad actual, que necesita ser conservado como «suelo no urbanizable y protegido», al margen de intereses especulativos y de posibles derechos de compensación por cambios de usos del suelo tras la anulación del POM de 2007. Sólo así Toledo avanzará hacia un futuro sostenible y una mejora de la calidad de vida de sus habitantes, de acuerdo con la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado (EDUSI) que el Ayuntamiento cuelga en sus páginas WEB y que nunca debería ser papel mojado, y hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda Urbana 2030.

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