El rey Felipe II, a la izquierda, con sus cortesanos pintados por Sánchez Coello (1596)
El rey Felipe II, a la izquierda, con sus cortesanos pintados por Sánchez Coello (1596) - ABC

La sabiduría de Felipe II sobre la defensa de Canarias

A los milicianos canarios no les gustaba la presencia de veteranos peninsulares que mandó a las islas y no se complicó la vida: ordenó su regreso en 1594. Antes, Eugenio de Salazar en 1568, dijo: «Hay que confesar que ningún ejército regional como el de Canarias puede presentar una ejecutoria tan brillante en eficiencia y disciplina con el mejor de la Península en su clase, y que ninguno ha prestado servicios tan constantes y notorios a la patria»

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

En Canarias funciona la Brigada Canarias XVI del Ejército de Tierra. Tiene una especial vinculación con las islas. Las relaciones del Ejército con el archipiélago vienen de muy antiguo por la defensa de las islas ante los ataques que el archipiélago recibía de corsarios, piratas bereberes. Gente que quería quitar la soberanía de las islas a la Corona. Así fue la dura batalla por el control de Azores.

Y hubo que organizar esa defensa con escasos medios y mucha imaginacion. Los primeros en poner en marcha una maquinaria de defensa de las islas fueron los ayuntamientos. Esa defensa se hacía con lo que se encontraba a mano. Era obligatorio también para el clero.

Así, este verano de 2018 se cumplen 485 años del acuerdo en la Catedral de Canarias, en Las Palmas capital, la formación de un cuerpo especial a fin de repeler una eventual invasión a la isla con consecuencias desastrosas.

Lo anterior se sabe por un documento del 31 de julio de 1533 que se guarda en los archivos diocesanos de Canarias por el que queda clara la estructura de mando en caso de invasión extranjera. El deán sería capitán y cada uno de los integrantes del personal catedralicio sería alférez. Eso sí, siempre en caso de ataque.

Eran voluntarios y se podía medir en eficiencia y disciplina con el mejor de la Península

La población canaria se armaba en masa para resistir ataques. Es cierto que eran poco coherentes; pero también es verdad que eran disciplinadas a su forma. La real cédula de Felipe II del de 30 de Julio de 1583, dirigida a Tomás de Cangas, gobernador de Canarias, pone en marcha una estructura de mando y dotación de caballería «en personas de valor y experiencia».

En 1551, el gobernador de Gran Canaria, Manrique de Acuña, y su colaborador, Pedro Cerón, consiguieron que las milicias canarias dispusieran de una estructura de mando militar. Rumeu de Armas, lo define como «algo permanente y estable, encargado de la defensa del país frente a sus invasores».

Tras el experimento con los vecinos grancanarios, Tenerife y La Palma comienzan a dar sus primeros pasos. El 10 de Agosto de 1558 se nombra a Alonso Pacheco inspector de las milicias canarias.

Eugenio de Salazar, en noviembre de 1568, hace 450 años, remite una carta al capitan Monclragón, que dice, reconociendo que las milicias canarias no son profesionales y tienen falta de medios materiales, que: «Hay que reconocer y confesar que ningún ejército regional puede presentar una ejecutoria tan brillante de triunfos y acciones militares favorables; que el Ejército del Archipiélago se podía medir en eficiencia y disciplina con el mejor de la Península en su clase, y que ninguno ha prestado servicios tan constantes y notorios a la patria».

Luis de Benavides fracasó a la hora de conectar con la gente que se encargaba de la defensa de las islas y Felipe II le ordenó regresar con a la Península

Felipe II quería consolidar el mando militar en las islas y nombra en 1589 a Luis de la Cueva y Benavides como capitán general de mar y tierra en 1589. Pero se convierte en un fracaso porque no logra conectar con los canarios. De la Cueva se rodeó de incluiso asesores militares como Juan de Jaraquemada, de Telde. De la Cueva y Benavides recibe instrucciones para reformar las tropas con beneplácito de los locales. Pero una cosa es la teoría y otra la prácitca.

A las islas, igualmente, Felipe II mandó a los mandos Juan Nuño, José Archidona, Jerónimo de Aguilera, Jerónimo de Saavedra, Miguel Verdejo y Alonso Becerril. También a Juan de Ocaña y a Gonzalo de Carvajal. «Traer tropas veteranas a Canarias, aunque en tan exiguo número, no estuvo bien visto entre los insulares» afirma el historiadior Dacio Darias. Felipe II decidió en 1594 el relevo de Benavides y sus mandos que regresasen a la Península. Dejó un retén en Santa Cruz de Tenerife.