La ermita de San Cristóbal de La Laguna
La ermita de San Cristóbal de La Laguna - ABC

Insisten en pedir el regreso a Gáldar de los restos del último monarca aborigen grancanario

El Parlamento recibe un nuevo escrito sobre el retorno de Fernando Guanarteme, enterrado en Tenerife

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Un nuevo intento sobre una vieja reivindicación es el que en estos días ha renacido de la mano de la Asociación Cívico Cultural La Solana-El Plátano y se refiere al regreso de los restos de Tenesor Semidán (conocido por su nombre cristiano, Fernando Guanarteme) a la isla de Gran Canaria. Su cuerpo se encuentra en Tenerife, más precisamente en la ermita de San Cristóbal de La Laguna.

Esta asociación registró el lunes pasado oficialmente en el Parlamento de Canarias esta iniciativa, para que «los restos o lápida del que fue monarca grancanario SM el Rey Fernando de Guanarteme con su historia regresen a su lugar de origen, en Gran Canaria». La iniciativa la dejan en manos de una Cámara que, a juicio de los peticionarios, «será inmensamente reconocida por esta sociedad canaria ante un gesto de la importancia como el que solicitamos». Asimismo, piden que se los mantenga informados de la posibilidad de esta recuperación «tan importante para nuestra cultura».

Lo cierto es que en este grupo de grancanarios se encuentran numerosas personas de relevancia social, como Óscar Bergasa, Alejandro del Castillo, Jürgen Flick, Jesús García-Panasco, Juan José Laforet, José Macías, Juan Marrero Portugués y Alfredo Schamann, que firma el escrito. Ya han mantenido reuniones en Tenerife con representantes del Obispado y del Cabildo Insular, durante las últimas semanas.

Entre sus argumentos aparecen las palabras del que fue obispo nivariense, Pérez Cáceres, que afirmó que «es justicia histórica que los restos de Guanarteme descansen en la bizarra tierra que lo vio nacer».

Su ubicación

Es cierto que localizar el cuerpo del monarca prehispánico no es tarea fácil y ya en una petición anterior a esta se daba a entender que «al paso de los años transcurridos y las remodelaciones que ha tenido la ermita de San Cristóbal la osamenta no se encuentre en su conjunto localizable bajo la lauda que presumiblemente alberga sus restos».

De esta manera, se entendía que una porción de tierra de la fosa de la sepultura y «el centenario polvo del pavimento» bien podían servir para «tributarle el definitivo homenaje que los hijos de esta isla desean dedicarle a perpetuidad», tal y como entendían que era posible, en una carta dirigida al Obispado de La Laguna.