Panorámica de la monumental estación de tren de Canfranc, en la frontera oscense con Francia
Panorámica de la monumental estación de tren de Canfranc, en la frontera oscense con Francia - Fabián Simón
Sociedad

El renacer de Canfranc

Resucitar y reaprovechar urbanísticamente la casi centenaria estación de tren de Canfranc (Huesca) moverá 27 millones de euros. El plan ya está en marcha

ZaragozaActualizado:

La belleza arquitectónica de la estación de Canfranc es tan rotunda como melancólica. Lo mismo que su historia. Inaugurada en 1928 por el Rey Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa, Gaston Doumergue, la estación se edificó a lo grande: 241 metros de fachada, espléndida decoración, arquitectura inspirada en los palacios galos del XIX...

Estación internacional gracias al túnel que se horadó para atravesar el Pirineo -alarde de ingeniería para la época-, Canfranc vivió su esplendor ferroviario en los años 30 y primeros 40. Cuando estalló la II Guerra Mundial, este enclave del Pirineo aragonés llegó a tener presencia fija de tropas nazis, porque era un punto de intercambio crucial para la maquinaria de guerra de Hitler: él pagaba allí con oro el wolframio que cruzaba hacia Alemania para alimentar su industria bélica.

Finalizada la II Guerra Mundial, el paso ferroviario de Canfranc empezó un declive que acabó siendo inexorable, a la par que prosperaban las líneas internacionales de tren por Cataluña y el País Vasco. La puntilla la puso, en 1970, un descarrilamiento en el lado francés, con la concurrencia fatal del hundimiento de un puente de la línea férrea. Los galos optaron por abandonar el trazado y darlo por finiquitado.

Desde entonces, hace 47 años, la bella estación internacional de Canfranc quedó limitada a ser punto final de trayectos regionales. Pero Aragón nunca enterró el objetivo de recuperar Canfranc como puerta ferroviaria con Europa, como tampoco la resurrección arquitectónica de su monumental estación. Ésta fue comprada en enero de 2013 por el Gobierno aragonés al Ministerio de Fomento -el precio, 310.000 euros-. Y, ahora, el Ejecutivo autónomo está impulsando una multimillonaria licitación por 27 millones de euros para devolver el esplendor original al edificio, y sacarle rentabilidad económica de la mano del turismo y la cultura.

El calendario inicial marca varias fases, con el objetivo de que las obras estén terminadas en el año 2021. Para entonces se pretende que se haya hecho realidad todo el proyecto: construir una nueva estación de tren y nueva zona de vías -para liberar la explanada ferroviaria original que se extiende frente a la estación histórica-; urbanizar esos terrenos que queden liberados del uso ferroviario, y completar la rehabilitación del monumental edificio. Y todo ello, aderezado con operaciones inmobiliarias que den nuevos usos comerciales, hoteleros y residenciales al histórico complejo y que, de paso, alivien el esfuerzo inversor público.

A la par, Aragón y la vecina región francesa de Nueva Aquitania trabajan conjuntamente para reabrir el viejo túnel. Quieren que en el año 2022 esté restablecido el tráfico ferroviario internacional por Canfranc.