Carles Puigdemont (izd.) y Quim Torra (dcha.) dialogan la semana pasada en Bélgica - EFE / Vídeo: La simbología independentista copa los puentes en Cataluña

Torra lanzará la «segunda fase» del desafío secesionista en otoño

El independentismo volverá a tomar los colegios el 1-O para reinvidicar la consulta

BarcelonaActualizado:

La mayor parte de sus cien primeros días al frente de la Generalitat los ha dedicado, básicamente, a envolverse en la retórica del «procés». Proclamas a favor de la «libertad» de Cataluña, visitas a los líderes independentistas encarcelados, paseos por ferias y fiestas folclóricas por toda la geografía catalana y poca obra de gobierno es el balance de unos meses en los que la atención mediática se ha centrado, en lo que al conflicto catalán se refiere, en la guerra de los lazos. Independentistas tiñendo las calles y el mobiliario urbano con lazos amarillos en solidaridad con los presos y activistas contrarios a la secesión arrancándolos. Pero eso se ha acabado. O al menos, la retórica y la simbología no será lo esencial de la agenda secesionista para lo que quede de legislatura. Tras estos meses de tanteo, Quim Torra quiere pasar del punto muerto a meter la sexta marcha. «Había una fase de retomar el curso normal de las cosas, pero el proyecto va de la restitución a la constitución catalana, y pensamos que ahora ya llega el momento de pasar a la segunda fase». Lo explicó ayer a El Punt Avui en una entrevista en tándem con el hombre que le designó para el cargo y que mueve los hilos del independentismo desde Bélgica, Carles Puigdemont. El expresidente, fugado de la justicia española, coincide con su sucesor. Para él, estos primeros meses han servido al independentismo para recuperar el control del gobierno de la Generalitat, «arrebatado de una forma injusta». Pero ahora toca pasar ya a otra cosa.

La conferencia de mañana

Los planes concretos del desafío los expondrá Quim Torra mañana en una conferencia, que llevará por título «nuestro momento». Su intención es «recuperar la iniciativa» política, en un escenario en el que ya no tendrá enfrente en el Gobierno de España al PP de Mariano Rajoy sino al PSOE de Pedro Sánchez. Todo ello irá acompañado, en la línea habitual del «modus operandi» del «procesismo», del intento de explotar al máximo la simbología de la Diada del 11 de Septiembre y del aniversario del referéndum ilegal del 1 de octubre y convertirlos en los enésimos «días históricos» para la causa.

Para la primera de las citas, conscientes de las dificultades de prometer a sus fieles la puesta en marcha de una república catalana a corto plazo, las entidades independentistas tratan de utilizar el encarcelamiento de los líderes en prisión para intentar que no se apague la llama. Ya no se trata de vender la ilusión de una república que convertiría Cataluña en una Arcadia feliz sino de protestar contra unos encarcelamientos que consideran injustos.

¿Y para el aniversario del 1-O, qué se prevé? Desde luego, Torra no desperdiciará la conmemoración de un día que el independentismo reivindica como una victoria frente a la «represión» del Estado y la «violencia» de las cargas que ese día protagonizaron la Policía Nacional y la Guardia Civil. En la misma entrevista, el presidente de la Generalitat anunciaba que él acudirá a su centro electoral. «Los que entramos en los colegios el viernes para que aquel colegio pudiera abrir y votar volveremos a nuestros colegios. Yo pienso volver al mío». La intención parece la de convertir el 1 de octubre en una especie de Covadonga del independentismo. «Es el momento fundacional de la república catalana porque es el referéndum de autodeterminación». En este contexto, Torra recorre la geografía inaugurando plazas, calles y parques «unos de octubre». Puigdemont, como no podía ser de otra manera, coincide con su sucesor. Para expresidente, el 1-O merece «un recuerdo permanente porque es uno de los grandes días de la sociedad catalana». A finales del mismo mes, el 27 de octubre, se conmemoraría también el aniversario de la «proclamación» fallida de la república catalana.

Pero para la «segunda fase» del desafío secesionista se pueda poner en marcha, Torra deberá salvar un importante escollo. Los Presupuestos. Aparcar la retórica y aplicarse en la política real. El gobierno de Junts per Catalunya (JpC) y ERC no tienen la aprobación asegurada. Deben atraer a la CUP, el «socio preferente», que ya ha anunciado que no le valdrá con una vuelta de tuerca más en la retórica procesista y, a buen seguro, reclamará medidas concretas de desafío al Estado.