La líder del PSOE-A, Susana Díaz, ayer en rueda de prensa tras el resultado electoral
La líder del PSOE-A, Susana Díaz, ayer en rueda de prensa tras el resultado electoral - EFE

Elecciones AndalucíaEl PSOE se hunde y pide a PP y Cs que no pacten con Vox

Los socialistas cuentan en privado que es imposible seguir en el Gobierno andaluz

MadridActualizado:

El fortín andaluz se debilita. El PSOE de Susana Díaz cosechó ayer su peor resultado en Andalucía. Un batacazo sin precedentes que contamina al PSOE en el conjunto del país y las expectativas electorales de Pedro Sánchez. La debilidad andaluza es una mala noticia para el presidente del Gobierno. Aunque la traslación a unas generales no es automática, la mala salud en Andalucía no presagia nada bueno para los socialistas en toda España. Actualmente de los 84 diputados del PSOE en el Congreso un total de 20 corresponden a Andalucía.

El PSOE andaluz obtuvo ayer un resultado sin precedentes al quedarse en 33 diputados y bajando en más de siete puntos su apoyo electoral. Elresultado pulveriza el peor dato en Andalucía, que se remonta a 1994 cuando Manuel Chaves logró 1.395.131 votos y 45 escaños. Pero entonces, con una menor competencia electoral el PSOE aguantó en el 39% de voto. Pero el resultado también es peor que el cosechado en 2015, cuando en su debut como candidata Susana Díaz lograba un 35,43% de sufragios, 47 escaños, y 1.409. 042 votos. Los resultados cosechados son también muy inferiores a los vaticinados por el sondeo del CIS elaborado por José Félix Tezanos, que otorgaba a los socialistas un 37,41% de los votos y entre 45-47 escaños.

Los socialistas se vieron enormemente afectados por la bajada de la participación. Su victoria en siete de las ocho provincias andaluzas se debe más a la fragmentación del voto en el resto de partidos que a méritos propios.

Díaz se refugió ayer «en el retroceso de la izquierda en general» pese a no poder evitar reconocer el mal resultado. La candidata socialista hizo un «llamamiento a todas las fuerzas constitucionalistas que lo demostremos parando a la extrema derecha», proponiendo una fórmula que no concretó pero que el PP y Ciudadanos solo aceptarían si ello conlleva la salida de los socialistas de la Junta de Andalucía.

De golpe Susana Díaz se encontró sin opciones aritméticas para seguir en el poder, con lo que su carrera política queda en entredicho. La suma con Adelante Andalucía, la que todo el mundo esperaba, queda muy lejos de la mayoría. Entre ambos se han dejado 700.000 votos. Y se queda en 50 escaños a cinco de la mayoría absoluta. Pero es que la suma con Ciudadanos, que podría ser una salida para los de Albert Rivera no tuvieran que pactar con Vox, tampoco tiene apoyos parlamentarios suficientes (54).

Cordón sanitario a Vox

El pesimismo reinaba ayer tanto en el PSOE de Andalucía como en la dirección federal. En la federación más potente de los socialistas se reconocía tras conocer los resultados que «no hay solución» para mantener el Gobierno regional.

Cerca de la medianoche el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, comparecía en la sede socialista de Ferraz. Su valoración era prácticamente calcada a la de Susana Díaz, destacando en el inicio que el PSOE «sigue siendo la primera fuerza» y destacando ser la fuerza más votada en siete de las ocho provincias. Ábalos achacó el hundimiento socialista a «la baja participación en nuestro electorado». El hombre fuerte del PSOE en el Gobierno rehusó cualquier autocrítica y se centró en alertar de los efectos de la irrupción política de Vox en el arco parlamentario.

Ábalos reclamó que el PSOE mantenga el liderazgo del gobierno andaluz por ser la fuerza más votada, reclamando «liderar el frente de la democracia» con un «gobierno constitucionalista y europeísta» ante la «preocupante» aparición de Vox.

Conscientes de que han perdido el Gobierno andaluz por primera vez en la historia intentan jugar la baza de que PP y Cs rechacen a Vox: «Habrá que ver cómo resuelve la derecha este lío», asegurando que en Europa esta cuestión «estaría resuelta» reclamando «líneas rojas frente a la ultrderecha».