Mariano Rajoy, este miércoles a su llegada al Teatro Real
Mariano Rajoy, este miércoles a su llegada al Teatro Real - JAIME GARCÍA

La Moncloa cree que la crítica de Aznar fortalece su plan catalán

Rajoy elude el choque con el expresidente del Gobierno y pide a los suyos que eviten el «ruido»

MadridActualizado:

Cuando Mariano Rajoy se enteró de la crítica directa que José María Aznar había lanzando a su Gobierno, a través de FAES, por «asumir el relato» de sus adversarios políticos en Cataluña, pidió calma a algunos de sus colaboradores, que querían una respuesta contundente de una vez por todas, y acto seguido ordenó no hacer «ruido» con un asunto en el que tampoco ve más recorrido. Era martes por la tarde, y el ataque de FAES al Ejecutivo, personalizado en buena parte en la vicepresidenta, sorprendió a Rajoy y a Sáenz de Santamaría en el Senado.

El presidente preguntó a su número dos a qué se debía la polémica, y la vicepresidenta le explicó que no entendía la reacción de Aznar, porque ella se había limitado a señalar en la Cope que fue un «error» que el PP y el PSOE no llegaran a un acuerdo sobre la reforma del Estatuto de autonomía catalán. A partir de ahí, FAES había lanzado un duro comunicado en el que ponía en evidencia los supuestos complejos del Gobierno de Rajoy y su inclinación por aceptar y asumir la interpretación de los hechos que hacen los demás, y reescribir así la historia.

De hecho, Rajoy hizo otra interpretación, al ver cómo Aznar defendía en el comunicado la estrategia que siguió entonces el PP, cuando recogió firmas para recurrir el Estatuto ante el Constitucional en 2006. El presidente recordó a los suyos que fue él y Sáénz de Santamaría, que ya era su mano derecha, quienes promovieron aquella actuación: «Así que en realidad Aznar nos está defendiendo».

Sin enfrentamientos

Esa fue la primera reacción de Rajoy y Sáenz de Santamaría, alejada del enfrentamiento con el que sigue siendo el presidente de honor del PP, pero cuya fundación ya no tiene ninguna conexión con el partido, según fuentes próximas al Gobierno. Ayer, desde La Moncloa se subrayó que, en realidad, la crítica de Aznar fortalece la oferta de diálogo que ha puesto en marcha el Ejecutivo en Cataluña, dirigida a distintos sectores políticos y sociales: «Nos hace más creíbles en nuestra intención de tender la mano, llegar a acuerdos y buscar otra actitud».

El plan de la vicepresidenta para que el Gobierno tenga más presencia en Cataluña y para abrir un diálogo fructífero en esta Comunidad sigue adelante. Este sábado, Sáenz de Santamaría volverá a Barcelona, para participar en un acto de partido sobre la ponencia territorial, al que también asistirá su secretario de Estado de Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro. Es la cuarta vez que viaja a Cataluña en un mes.

Reunión con Puigdemont

En el Gobierno se está trabajando en dos reuniones relevantes, que podrían celebrarse a primeros de año, antes de la Conferencia de presidentes del 17 de enero. Esa es la intención. Una de ellas es la de Soraya Sáenz de Santamaría con Oriol Junqueras, y la otra la de Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. El objetivo es que se hagan de forma coordinada, para complementarse. Pero también se pretende que sean productivas y salga algo positivo de ellas, porque un nuevo fracaso sería contraproducente y estancaría la vía de diálogo recién abierta. Como siempre, el Gobierno mantiene sus líneas rojas, que son la unidad de España, la igualdad de los españoles y el respeto a la ley.

Mientras, la vicepresidenta ha convocado una reunión preparatoria de la Conferencia de presidentes la semana que viene, previsiblemente el día 21, con las comunidades. Ahí se tratará de concretar el orden del día de la cumbre, en la que se quiere avanzar en el sistema de financiación autonómica, y en asuntos como la educación, la sanidad, la creación de empleo y la participación en la UE.

Diálogo con Unió

En el diálogo abierto en Cataluña, el Gobierno está manteniendo encuentros en varios frentes. El delegado del Gobierno, Enric Millo, tiene línea directa con Unió, la parte más moderado de la antigua CiU. Es un flanco que el Ejecutivo quiere trabajar de forma especial, como posible puente con los independentistas.