El miedo no es libre

El testimonio de la secretaria judicial fue clave para reforzar la tesis de la Fiscalía de que los inculpados utilizaron la violencia con fines políticos

Pedro García Cuartango
MadridActualizado:

Hay un proverbio castellano que dice que el miedo es libre. Pero, por una vez, el refranero está equivocado porque si existe algo que no es libre es el miedo.

Una frase de Joseph Conrad en uno de sus relatos expresa muy bien este sentimiento: «El miedo siempre permanece. Un hombre puede destruir todo lo que tiene dentro de sí mismo: el amor, el odio, las creencias e incluso la duda. Pero mientras experimente apego por la vida no puede destruir el miedo».

Miedo es lo que sintió Montserrat del Toro, secretaria de la comitiva judicial que registró la sede de Economía de la Generalitat el 20 de septiembre de 2017. Una fecha que jamás olvidará, como ella recalcó varias veces en su declaración de ayer en el Supremo.

«Pasé del estrés a la ansiedad y luego al miedo. Pedí un helicóptero porque no podía salir por la puerta», subrayó la funcionaria judicial, que confesó que cayó enferma unos días después a causa de la tensión.

Frente a la versión de Jordi Sánchez y de Jordi Cuixart, que habían declarado que se trató de una concentración cívica y pacífica, Montserrat del Toro aseguró que se sintió amenazada por una multitud de miles de personas que gritaban «votaremos, no saldrán, no pasarán».

Ante la imposibilidad de negar lo evidente, las defensas intentaron la táctica de debilitar su credibilidad mediante preguntas sobre la ejecución de la orden judicial de registro, una cuestión que nada tiene que ver con lo que se está juzgando en el Supremo.

Lo que querían sugerir los abogados de los inculpados es que la secretaria judicial se asustó sin motivos y que podía haber salido por la puerta con escolta, algo difícil de creer cuando había una enorme aglomeracion hostil. Finalmente la funcionaria pudo abandonar la escena, pasada la medianoche, por la azotea que comunicaba con un teatro tras saltar un muro.

Lo que ayer se confrontó en la sala son dos interpretaciones opuestas sobre unos hechos que no se discuten. Los jueces tendrán que elegir entre una u otra, pero resulta muy difícil de asumir que esa multitud se concentró con fines cívicos sin ánimo de condicionar el trabajo de la comitiva judicial, Si realmente querían dejar constancia de su disconformidad con la decisión del juez que ordenó el registro, podían haber organizado el mismo acto lejos del escenario donde se desarrollaba la tarea de la comitiva judicial, compuesta por 12 funcionarios y protegida por ocho agentes de la Guardia Civil.

Montserrat del Toro declaró que, en torno a las nueve de la noche, subió a la azotea y vio desde allí una impresionante multitud que el propio Jordi Sánchez cifró en 50.000 personas.

El miedo es subjetivo e inaprensible, por lo que es difícil responder a la pregunta de cuándo hay motivos para que una persona se sienta embargada por un temor racional o irracional.

Como apuntaba Aristóteles en su «Ética a Nicómaco», el miedo o phobos puede expresar el espanto ante una situación que se está produciendo o el temor a un acontecimiento venidero como la muerte. En cualquier caso, el sabio griego señalaba que el miedo es un mal del alma.

Montaigne no tenía empacho en reconocer que había sentido el pánico en su vida. «El miedo es una pasión extraña que trastorna nuestro juicio, y aun en los seres humanos de cabeza más firme, engendra graves alucinaciones».

Pero la secretaria judicial no sufrió ningún trastorno mental ni alucinación alguna. Había motivos objetivos para sentir ese miedo que, según sus palabras, sigue vivo en su memoria un año y medio después de aquella jornada en la que quedaron destrozados varios vehículos de la Guardia Civil.

Su crudo testimonio, plagado de detalles como la escena de un manifestante que arrojó una botella sobre una cristalera, no dejó indiferente a nadie. Y menos a los abogados de los inculpados, que acusaron un golpe muy duro a su tesis de que el movimiento independentista era cívico y pacífico.

El relato de la funcionaria sirvió además para reforzar las declaraciones de Nieto, Millo y Pérez de los Cobos, que sostuvieron que hubo brutalidad y agresiones en los colegios electorales contra la Guardia Civil y la Policía Nacional. Los cuatro testimonios refrendan que existió un uso de la violencia con fines políticos, un elemento necesario para dilucidar si se consumó la rebelión, como sostiene la Fiscalía. No hay duda de que el juicio ha entrado en una fase crucial.

Pedro García CuartangoPedro García CuartangoArticulista de OpiniónPedro García Cuartango