Iriondo cayó al utilizar para la cita con sus pistoleros un lugar quemado por Txeroki

J. PAGOLA/D. MARTÍNEZ | MADRID
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Una vez más, ETA utiliza la iglesia de un pequeño pueblo francés para mantener citas. Si la dirección de la banda que cayó en Bidart (1992) solía reunirse en el templo del cementerio de Guéthary, ahora los etarras de última generación, es decir los «txerokis», integrados en el «aparato militar», tenían en la de Gerde uno de sus puntos de encuentro. Aquí fue donde cayó a las seis de la tarde del pasado lunes Aitzol Iriondo, sucesor por tan sólo veinte días de Garikoitz Aspiazu «Txeroki» en la cabeza del «aparato» que dirige a los «comandos».

La utilización de los aledaños de una iglesia puede considerarse como uno de los pocos puntos en común entre la ETA de ayer y la de hoy. Porque en la detención de Iriondo hay un elemento que, por inexperiencia, torpeza o excesiva confianza del terrorista, ha causado gran sorpresa en medios de la lucha contra ETA: la iglesia de Gerde estaba clasificada por las Fuerzas de Seguridad francesas y españolas como «lugar quemado». Y la consideraban así porque el templo era uno de los lugares que Garikoitz Aspiazu, siendo máximo cabecilla del «aparato militar», utilizaba para mantener citas y dar las últimas instrucciones a los «comandos» antes de que entraran en España para matar.

La iglesia de Gerde fue detectada por los agentes -en la operación, además de la Guardia Civil y la Policía francesa, ha intervenido el CNI- que siguieron, en unos momentos con prudente cercanía y en otros con controlada distancia, los movimientos de «Txeroki». Una vez detenido, los expertos en la lucha antiterrorista no pensaban que este lugar fuera utilizado por un miembro de ETA, y menos aún por «el sucesor». No obstante, los investigadores que detuvieron a Garikoitz Aspiazu mantuvieron en este punto un dispositivo de vigilancia «por si acaso».

Y el olfato no les falló, aunque bien es cierto que tenían pocas esperanzas. Por eso la sorpresa fue mayúscula cuando el pasado sábado detectaron que uno de los sospechosos que estaba frente al templo era Aitzol Iriondo. No estaba solo. Eneko Zarrabeitia, uno de sus «lugartenientes», le acompañaba. Ambos se habían desplazado hasta la iglesia de Gerde en un Peugeot 308.

Pero la utilización de infraestructura «quemada» por parte de Iriondo no es el único elemento que revela la «desorientación» existente en ETA. Hay otro: el individuo con el que iba a mantener la cita, Aitor Artetxe Rodríguez, permaneció durante cinco meses escondido en Vizcaya porque no pudo entrar antes en contacto con la dirección de la banda. Artetxe formaba parte del «comando Vizcaya» desmantelado el pasado julio por la Guardia Civil y se sospechaba que había conseguido huir, junto a Asier Borrero, a Francia. Pero no fue así. Y este hecho es, según fuentes de la lucha antiterrorista, un claro ejemplo de que la banda también tiene evidentes problemas organizativos.

Se cree que durante los cinco meses de espera, Artetxe permaneció escondido en casa de amigos hasta que recientemente recibió los datos para la cita: las seis de la tarde del 8 de diciembre en el iglesia de Gerde. Allí acudió acompañado de Ibai Egurrola, Javier Gutiérrez y la mujer Amets Ladislao González. Lo hicieron a bordo de dos coches: un Skoda y un Opel Zafira. Uno de los turismos hizo las labores de «lanzadera», mientras que en el segundo viajaba el «liberado».

Sin ningún problema, los cuatro etarras recorrieron los 250 kilómetros de distancia que hay entre Vizcaya y Gerde. Al llegar al punto de cita lo primero que hizo Artetxe fue abrazar a Zarrebeitia, al que conocía de hace tiempo. Luego saludó a Iriondo. Tras unos minutos de conversación, la Policía francesa se echó literalmente sobre los tres etarras que permanecían junto a la iglesia: Iriondo, Zarrabeitia y Artetxe. El primero de los criminales, también conocido por el alias de «Gurbitz», intentó hacer uso de la pistola que llevaba en la cintura, pero un agente le encañonó en la cabeza. Tras el arresto, el jefe del «aparato militar» de ETA se orinó.

Dinamizador

Mientras, un segundo grupo de agentes antiterroristas siguió los pasos de Egurrola, Gutiérrez y Ladislao. Y nada más cruzar el paso fronterizo de Irún (Guipúzcoa) fueron detenidos por la Guardia Civil. Anoche fueron registrados los domicilios de estos tres elementos «legales». Gutiérrez, al parecer, era el «dinamizador» del «talde».

En cuanto al motivo de la cita de Artetxe con Iriondo, fuentes de la lucha aniterrorista creen que el «liberado», que llevaba una mochila con ropa, iba a ser integrado en el «aparato militar», aunque no descartan que en un futuro su destino fuera formar un «comando».

En el registro del coche en el que Iriondo se trasladó hasta Gerde, las Fuerzas de Seguridad encontraron tres armas, diverso material informático, ordenadores, memorias USB, agendas, componentes electrónicos y dos mochilas.

Además del análisis del material informático, la Policía francesa centra su interés en las armas intervenidas para ver si alguna de ellas se utilizó en el asesinato de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno en Capbreton. También se cotejará el ADN de Iriondo con los restos biológicos recogidos en el lugar de este atentado para despejar la incógnita que se arrastra desde hace un año: ¿Quién fue el jefe de ETA que asesinó a los dos agentes?