La Policía revisa la parte trasera de la Embajada de Corea tras el ataque sufrido
La Policía revisa la parte trasera de la Embajada de Corea tras el ataque sufrido - Guillermo Navarro

El grupo que asaltó la Embajada de Corea del Norte gastó 6.000 euros en dos días

Un exasesor de Obama para Guantánamo defiende al comando y ataca la investigación

MadridActualizado:

El violento asalto a la Embajada de Corea del Norte en Madrid, el pasado 22 de febrero, protagonizado por un comando de diez hombres sigue cuajado de enigmas y las sospechas salpican a varios departamentos estadounidenses. El cabecilla, el mexicano Adrian Hong Chang que tiene relación con diversos servicios de inteligencia, y su lugarteniente Sam Ryu siguen en paradero desconocido, sin que se haya ejecutado la orden de detención internacional cursada por el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata.

«No sabemos si están en Estados Unidos (ambos son ciudadanos de este país), dado que cuando contactaron con el FBI a los cinco días del asalto no se les arrestó ni se tomó ninguna medida y a las autoridades españolas no se les informó hasta el 19 de marzo, casi un mes después», explican fuentes de la investigación, que siguen amarrando los nombres y la participación de todos los implicados.

El grupo vigiló al personal de la Embajada y las instalaciones durante meses, pero sus miembros llegaron expresamente para el asalto «con una importante infraestructura, preparación y financiación», cuyo origen se está rastreando. En dos o tres días gastaron alrededor de 6.000 euros con pagos en metálico en la mayoría de los casos para no dejar huella. Así en la armería en la que se hicieron con material táctico y de combate (las pistolas eran simuladas) pagaron más de ochocientos euros; en la ferretería casi 700; alquilaron un piso franco que aún no ha sido descubierto y los cabecillas se alojaron en céntricos hoteles de cuatro estrellas. Hong Chang tomó un Uber para huir a Lisboa por el que pagó otros 900 euros, según las pesquisas, y ya desde Nueva York contactó con el FBI para contarles el asalto, tal y como recogió el juez en su auto, y en teoría para entregarles el material robado. El objetivo, según los investigadores, era apropiarse de «información sensible relacionada con el armamento de Corea y su programa nuclear».

Estados Unidos sigue sin responder a la orden de detención dictada contra el cabecilla y su lugarteniente

Las vinculaciones de Hong Chang son la clave y podrán dar respuesta a quién encargó la brutal acción y cuál era el fin concreto. El grupo Free Joseon, una organización que aboga por el derrocamiento de la dinastía de Kim Jong Un, se atribuyó el asalto. La semana pasada un prestigioso abogado, Lee Wolosky, emitió una declaración en nombre del grupo en la que aseguraba que Estados Unidos y sus aliados deberían apoyar a los grupos que se oponen al gobierno de Corea del Norte, respaldando así el ataque.

La Policía sigue el rastro de los miembros aún sin identificar

Wolosky no especificó si es el abogado de Adrian Hong Chang (en la Audiencia Nacional no se ha personado ningún letrado), pero su actividad en el pasado no hace sino cimentar las sospechas sobre si la CIA (servicio de inteligencia norteamericano) estaba al tanto del asalto. Lee Wolosky declaró que «los comentarios del juez español están mal informados en aspectos críticos» y calificó la decisión de revelar los nombres de los que se oponen a un régimen «que asesina a sus oponentes» como «preocupante», según «The Washington Post». El abogado es exfuncionario del Departamento de Estado de Seguridad de Estados Unidos. Fue el encargado de defender a la actual jefa de la CIA Gina Haspel a la que se acusó de torturas en Tailandia y el enviado especial del presidente Barak Obama para el cierre de Guantánamo.