Acto de campaña de CDC, ayer en Barcelona
Acto de campaña de CDC, ayer en Barcelona - EFE

El dilema de CDC y ERC: consulta pactada o unilateralidad

El veto de la CUP obliga a JpS a redefinir una «hoja de ruta» ahora colapsada

ÁLEX GUBERN
BarcelonaActualizado:

Como si acabara de caerse de un guindo, el soberanismo empieza a entender que con aliados como la CUP, el «procés» está muerto. El veto de los antisistema a la ley de Presupuestos presentada por el gobierno de la Generalitat esta semana ha caído como un jarro de agua fría en el independentismo, no tanto porque eso implique la prórroga de las cuentas, como por lo que significa de replanteamiento de la «hoja de ruta» secesionista.

Casi como si se tratase de una reacción diferida al resultado de las elecciones «plebiscitarias» del 27 de septiembre de 2015, el soberanismo comienza a cuestionar abiertamente que le falta grosor electoral para llevar adelante la «desconexión» de España, como si la propia realidad del resultado electoral -mayoría soberanista en escaños pero no en votos- no fuese lo suficientemente explícita.

La influencia del 26-J

Paradójicamente, fue la misma CUP, a la que ahora se acusa de descarrilar el proceso por sus excesivas prisas, la que el día después de los comicios ya asumió que el independentismo había perdido el plebiscito. En Junts pel Sí, casi un año después, comienza a calar la idea.

Ante este panorama, el soberanismo comienza a dudar, y el propio Carles Puigdemont avanzaba tras el estropicio parlamentario de esta semana la necesidad de replantear, o «enriquecer», la «hoja de ruta». Ante una encrucijada, el secesionismo catalán se pregunta si seguir adelante y acelerar el proceso -de nuevo de la mano de la CUP- o modular el discurso y regresar al terreno común del «derecho a decidir», tratando de atraer a su campo a la «galaxia Colau». En los próximos meses, el soberanismo tendrá que tomar decisiones trascendentales en un escenario que, como dijo la CUP con respecto al acuerdo de estabilidad, es mutante.

La tendencia al alza que el CIS otorga a Podemos de cara a las elecciones del 26-J y la posibilidad de un relevo de izquierdas en La Moncloa alimenta en Cataluña la hipótesis bien de la consulta pactada, bien de la apertura de un nuevo escenario que supere el actual modelo territorial.

Como ya sucedió con las generales de diciembre, se impone el compás de espera, mientras se aguarda también a conocer el nuevo reparto de fuerzas en Cataluña. La previsible nueva victoria de En Comú Podem -opción pro referéndum, no exclusivamente independentista- a costa de CDC centra aún más el mapa político catalán: del secesionismo al derecho a decidir. Como ya sucedió en diciembre (ERC segunda; CDC cuarta), las fuerzas independentistas previsiblemente perderán de nuevo los comicios, un resultado que no invita precisamente a preparar para la vuelta del verano un nuevo envite.

Atraerse a «los comunes»

«Enriquecer», este es el verbo de moda después de que el presidente Carles Puigdemont lo apuntara como metáfora para explicar la necesidad de ensanchar la base de los favorables al «proceso». La idea es que Puigdemont, cuando se someta a la cuestión de confianza en septiembre, presente una redefinición de la «hoja de ruta» que, en parte, pueda ser asumida por el grupo de Catalunya Sí que es Pot.

No obstante, el apoyo de los «comunes» se antoja difícil si Puigdemont no hace una renuncia explícita a la «unilateralidad» en la que se sustenta el actual plan secesionista pactado con la CUP. En un nuevo juego de manos, el presidente catalán podría intentar casar ambas tendencias con una propuesta de síntesis: regresar a la pantalla anterior, la de la celebración de un referéndum, pero sin renunciar a su celebración unilateral si el pacto con el Estado es imposible.

Entra aquí en juego un nuevo concepto, el del Referéndum Unilateral de Independencia (RUI), que de alguna manera podría superar a la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) que, más o menos camuflada, se incluye en la actual hoja de ruta. Aunque Puigdemont dice abogar por la «vía escocesa», el mismo viernes aseguraba respecto a la RUI que «es un escenario que lo hemos de contemplar». En medios políticos se señala que podría ser una fórmula para intentar atraer a Catalunya sí que es pot (Podemos, ICV, Equo y EUiA) y la CUP en un mismo proyecto: regresar a la reivindicación de la consulta pactada que defienden los primeros, pero sin renunciar a la unilateralidad que anhelan los segundos si no se logra un acuerdo con el Estado.

Dinámicas internas

Otro elemento a tener en cuenta ante lo que puede ser una redefinición del «proceso» son las dinámicas internas de cada partido. En Junts pel Sí no se descarta que la moción de confianza pueda superarse gracias a la división interna de la CUP, cuyo grupo parlamentario es mayoritariamente favorable al acuerdo.

Fueron las bases de la formación las que llevaron a rechazar los presupuestos, y destacados diputados del partido, por no hablar de voces con peso como la de David Fernández, abogan abiertamente por recomponer los puentes con la mayoría soberanista.

Otro tanto sucede en CDC, donde cada vez con más claridad empiezan a surgir voces en favor de un regreso a la moderación. El congreso de refundación del partido -8 y 10 de julio- marcará en buena manera el tono de la nueva CDC y, por extensión, del movimiento independentista. El dilema está planteado: proseguir por la vía unilateral o modular el proceso.