Pablo Casado, durante su comparecencia en La Moncloa tras reunirse con Pedro Sánchez - EFE / Vídeo: Casado anuncia una oposición "firme y responsable" del PP

Casado estrena en La Moncloa el tono centrista que imprimirá a la campaña electoral del 26-M

El líder del PP augura un Gobierno débil y asegura que no pondrá «impedimentos» si Ciudadanos facilita la investidura de Sánchez

MadridActualizado:

Pedro Sánchez y Pablo Casado restablecieron ayer la comunicación entre los dos principales partidos nacionales, después de que el líder socialista decidiera romper todo contacto con el presidente del PP en octubre pasado tras un bronco debate parlamentario. La conversación fue correcta, sin tensiones y con la cordialidad justa tras la dura campaña electoral. En un tono constructivo, no hubo reproches, pero sí una petición expresa de Casado al presidente en funciones para que el próximo Gobierno de la Nación no dependa de los que «quieren romper España», como sí sucedió cuando Sánchez ganó la moción de censura a Rajoy el pasado 1 de junio.

Moderado en la forma, y contundente en el fondo, Casado estrenó en La Moncloa el tono centrista que quiere imprimir a la campaña de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo.

La última vez que se sentaron cara a cara Sánchez y Casado fue el 2 de agosto, pocos días después del congreso nacional extraordinario del PP. En aquella ocasión el encuentro duró casi tres horas. Ayer, solo la mitad. Si en el verano pasado Casado confesó al salir de La Moncloa que había llegado preocupado y se marchaba más preocupado todavía, ahora evitó los alarmismos y prefirió esperar a comprobar cómo se desarrollan los acuerdos políticos en las próximas semanas.

El presidente del Gobierno en funciones abrió con el jefe de la oposición una ronda de contactos que continuará hoy con Albert Rivera y Pablo Iglesias para analizar la situación política tras el 28 de abril. Casado llegó a La Moncloa puntual, a la una de la tarde. Sánchez salió a recibirle en la parte alta de la escalinata y un apretón de manos selló la reconciliación formal de los dos, mientras se intercambiaban unas pocas palabras de saludo.

El tono moderado

En la Sala Tàpies, hablaron poco de pactos, según explicó después Casado, por respeto al Rey, que abrirá una ronda de consultas con los jefes de los grupos parlamentarios del Congreso que se constituya el próximo 21 de mayo, antes de proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno. Pero el líder de los populares sí pidió a Sánchez que se aleje de los independentistas catalanes y que no deje el Ejecutivo en manos de quienes no creen en la unidad de España ni en la igualdad de los españoles.

En La Moncloa cedieron a Casado la sala principal de las ruedas de prensa para su comparecencia posterior, un gesto de cortesía que no pasó desapercibido. Allí, el líder del PP mostró su perfil más moderado en las formas, pero en el fondo se mantuvo inflexible respecto a la posibilidad de que Sánchez vuelva a acercarse a los separatistas catalanes. Después de esta «primera toma de contacto» con el líder socialista, Casado auguró un Gobierno «débil», y prometió una oposición «firme, fuerte y responsable». Eso sí, en el caso de que Sánchez llegue a un acuerdo con los separatistas, esa oposición será «frontal».

Frente a esa posibilidad, Casado recordó que «hay otras sumas que garantizan la investidura» y con formaciones que ya han pactado con Sánchez, en referencia a Ciudadanos, aunque repitió una y otra vez que a él no le corresponde decir lo que deben pactar o no entre ellos. A su juicio, una investidura con los votos de Podemos «no es lo ideal», y tampoco vería bien un posible pacto de Sánchez con el PNV, porque el nacionalismo en el País Vasco y Navarra está en este momento «contra la igualdad de los españoles», aunque dejó claro que los que se han situado fuera de la ley son los separatistas catalanes.

Casado aseguró que el PP no pondrá «impedimentos» a una propuesta de investidura que no dependa de los partidos independentistas. Tuvo que aclarar inmediatamente que el PP en ningún caso votará a favor de una investidura de Sánchez, ni tampoco se abstendrá, ni en primera ni en segunda vuelta llegado el caso, porque ve insalvables las diferencias económicas y territoriales que separan a ambos partidos.

¿A qué se refería entonces cuando dijo que el PP no pondrá objeciones? Sin citar de forma expresa a Ciudadanos, Casado aclaró que no vería mal que esta formación allanara el camino a una investidura de Sánchez si así se evita que quede en manos de Torra o de Iglesias. «No podemos facilitar este Gobierno, pero podemos entender que otros partidos que respeten la Constitución y la unidad de España consideren hacerlo», afirmó.

Comunicación permanente

Sánchez y Casado dejaron la puerta abierta a futuros entendimientos en asuntos de Estado, algo que supone de hecho un giro de 180 grados a la relación que habían mantenido ambos en los últimos meses, basada en el enfrentamiento directo y continuo, y en el ninguneo por parte del presidente socialista hasta el líder de la oposición.

A partir de ahora, Sánchez quiere tener los canales de comunicación abiertos con el segundo partido del Congreso. Fuentes de La Moncloa confirmaron que la situación territorial y en especial Cataluña ocuparon «un espacio importante en este encuentro, una cuestión sobre la que se ha decidido mantener una comunicación permanente».

Desde el entorno de Sánchez se reconoció que ayer «se trataba de dar una imagen de unión del país en los asuntos clave y reforzar la institucionalidad», pero sin entrar en los detalles concretos, que irán abordando más adelante, cuando la legislatura empiece a rodar y los pactos de investidura y de Gobierno estén ya hechos.

Estas fuentes de La Moncloa calificaron la reunión con Casado de «cordial, afable y fluida». «Se trataba de una toma de contacto para normalizar las relaciones y se ha conseguido. Se mantendrán encuentros regulares, de tal modo que no sea noticia una reunión por sí misma, sino por los temas tratados», señalan en el entorno de Sánchez, después de marginar a Casado en todos los asuntos de Estado durante meses y dar protagonismo a los separatistas. Por eso mismo, Casado valoró esta reunión, porque demuestra que el «cordón sanitario contra el PP se ha roto».

Además de la política territorial y de la petición de Casado para que no se produjera un acuerdo contra los intereses nacionales de España, el presidente en funciones y el líder de la oposición tocaron otras cuestiones como el pacto de Toledo y las pensiones, el impulso a la ciencia o la transición ecológica. Son áreas donde el acuerdo entre los dos primeros partidos fue posible en el pasado y puede volver a serlo en el futuro. «Son temas de Estado en los que siempre se buscará una relación constante», confirmaron en La Moncloa tras la reunión.

Subida de impuestos

Casado tenía especial interés en hablar de la situación económica y la subida de impuestos que prevé Sánchez por valor de 26.000 millones de euros, según el Programa de Estabilidad que se envió a Bruselas justo después de celebrarse las elecciones generales. El presidente en funciones defendió los ejes de su política económica: «Luchar contra la desigualdad y favorecer la justicia social, modernizar la economía y consolidar las cuentas fiscales».

La política internacional ocupó buena parte de la conversación. En concreto, se centraron en la reunión informal del Consejo Europeo en Sibiu (Rumanía) el próximo jueves y en la situación de Venezuela. Casado defendió que España debe tener un papel relevante en defensa de las libertades, «al lado de un país hermano y liderando la respuesta europea», y mostró su preocupación por la situación del opositor Leopoldo López.