Vídeo: Los capos del narcotráfico en España / Foto: Sito Miñanco, Manuel Charlín y Javier Martínez Sanmillán - ABC|EFE

Los capos que inundaron España de cocaína

Sito Miñanco, Francisco Javier Martínez Sanmillán o Manuel Charlín son algunos de los hombres que componen el mapa de los clanes de la droga que en la década de los 80 y 90 hicieron de Galicia, a pesar del rechazo de la sociedad, la puerta de entrada de cocaína a Europa

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Sagas que alcanzan a más de una generación lideradas por el padre de familia, amplío conocimiento de las rías gallegas y un historial delictivo que comienza con el trapicheo a baja escala y que, con el paso de los años, da un salto hasta el tráfico de droga con múltiples conexiones con los carteles colombianos. Es la radiografía de la historia del narcotráfico en Galicia, que deja numerosos nombres para guardar en la memoria. Uno de ellos es el de Sito Miñanco, detenido este lunes en el marco de la operación Mito. Pero no es el único. Laureano Oubiña, aunque este nunca fue condenado por tráfico, Javier Martínez Sanmillán o Manuel Charlín son algunos de los hombres que componen el mapa de los clanes de la droga que en la década de los 80 y 90 hicieron de Galicia, a pesar del rechazo de la sociedad, la puerta de entrada de cocaína, y otros estupefacientes, a Europa.

El clan de «los Charlines»

De aspecto duro, como el de un capo de la mafia siciliana, Manuel Charlín Gama, más conocido como «El Viejo», dirigía con mano férrea el clan familiar, más conocido como «los Charlines». Oriundo de Vilanova de Arousa, Gama coqueteó con el contrabando desde joven. Ya en la década de los 60 se le implicó en la venta de dinamita para la pesca de sardina. En la España franquista de los años 70, en un país con lujos contados, Charlín comenzó a introducir productos de estraperlo. Café, harina o tabaco eran algunos de los bienes que el gallego, gracias a sus contactos en el país luso, colocaba y que supusieron el origen de su «imperio».

Manuel Charlín Gama, ante el juez
Manuel Charlín Gama, ante el juez- EFE

El trapicheo de estraperlo le llevó a convertirse en el líder de una de las primeras organizaciones que traficaba con tabaco, que en la época se conocía como winston de batea. El germen del narcotráfico gallego. Después, en los años dorados, llegaron las naves, por mar y aire, repletas de fardos de hachís y cocaína. La organización, estructurada en torno a la familia, introducía desde Portugal la marihuana. Pero, si el negocio estaba sufriendo cambios, los modos también. La violencia se convirtió en otra de las firmas de los capos de la época, y fue un intento de asesinato lo que le llevó a la cárcel. Charlín encerró en un camión frigorífico a un empresario que le debía dinero y fue a parar a La Modelo de Barcelona, donde entró en contacto con los carteles colombianos de la droga.

Tras su paso por prisión, a finales de los 80 y principios de los 90, «los Charlines» se habían hecho con el dominio de las rías gallegas que eran la puerta de entrada de la «coca» colombiana a Europa. Una infraestructura aparentemente perfecta a la que nadie parecía hacer frente hasta que la operación Nécora, una de las primeras redadas contra el narcotráfico en España, hizo caer al patriarca de «los es».

En junio de 1990, Garzón, junto al fiscal antidroga Javier Zaragoza, puso la vista en la Ría de Arousa. La primera fase de la operación Nécora hizo que Laureano Oubiña acabase en prisión. Un mes después, en julio de 1990, las pesquisas descubrieron una autocaravana con media tonelada de cocaína en su interior. Su conductor, un chófer alemán, señaló como responsable al capo de «los Charlines». La segunda fase de la operación se saldó con trece personas detenidas. Entre ellas, Manuel Charlín, que se encontraba en el interior de un BMW de su propiedad en el momento de la detención. Fue absuelto tras pasar cuatro años en la cárcel por los cargos de la operación Nécora.

No fue hasta 1995 cuando el juez Garzón pudo meter en la cárcel al capo de Vilanova. Una cacería que le llevó cinco años de investigación. Después de salir absuelto en la operación Nécora, el magistrado ordenó detenerle tras obtener pruebas de su implicación en el desembarco de 500 kilos de cocaína en Muxía (La Coruña) en 1991.

Un año antes, en 1994, Garzón pidió la prisión preventiva para Charlín por su posible papel en la muerte de Manuel Baúlo, jefe del clan de «Os Caneus», cuya viuda acusó a «los Charlines» de haber encargado su muerte. Baúlo fue tiroteado por sicarios colombianos en la puerta de su casa de Cambados (Pontevedra). Baúlo decidió colaborar con la Justicia y facilitó al magistrado detalles del modus operandi del clan en las rías gallegas. Entre ellos, ratificó la declaración del narco arrepentido Manuel Fernández Padín que señaló a Charlín como el dueño del cargamento de Muxía. Nunca se llegó a probar la implicación de Manuel Charlín en la muerte.

La última detención de Miñanco

Este lunes la Policía Nacional detuvo a Sito Miñanco, que estaba en semilibertad desde el pasado 2015, cuando salió de prisión para trabajar como vigilante en un aparcamiento de Algeciras (localidad donde fue detenido).

Sito Miñanco
Sito Miñanco- EFE

Natural de Cambados, Miñanco encaja en el perfil de capo de la época dorada del narcotráfico en el norte de España. Violencia, poder y riqueza en la Galicia de los años 80 y 90 de la mano de clanes y jefes como Charlín o el propio Miñanco, que, de forma intermitente y a pesar de sus entradas y salidas de prisión, nunca se desligó del mundo del narcotráfico. Miñanco, que de ser mariscador furtivo pasó al contrabando de tabaco -el winston de batea le hizo rico-, pronto entró en contacto con el cartel de Medellín. En su paso por la cárcel de Carabanchel en 1983 tejió contactos con narcos al otro lado del charco.

Miñanco introducía la droga a través de las rías gallegas desde donde daba el salto al resto de Europa. Su papel de facilitador le llevó a convertirse en el socio de los carteles de Medellín y Calí. La operación Nécora fue el primer varapalo legal a este capo gallego y en 1994 el juez Baltasar Garzón le condenó a 20 años de prisión por un alijo de 2,4 toneladas de cocaína. Pena que no se hizo efectiva hasta siete meses después debido a que Miñanco huyó a Panamá. Años después, en 2001, obtuvo un permiso y volvió a las calles hasta que volvió a delinquir. En el marco de una operación internacional contra el narcotráfico, en la que se incautaron 5 toneladas de hachís, volvió a ser detenido en un chalé de Villaviciosa de Odón, desde el que coordinaba el traslado de la mercancía, y en 2004 la Audiencia Nacional le condenó a 16 años de cárcel. Durante el cumplimiento de su pena, se le acusó de un delito de blanqueo de capital, pendiente de juicio todavía, por el que la Fiscalía le pide 6 años de prisión

Miñanco
Miñanco- EFE

Años más tarde, en 2015, la Audiencia Nacional aprueba su excarcelación. Entre otros motivos se argumenta su «buena conducta» en prisión, el apoyo familiar y el hecho de que Miñanco había cumplido gran parte de la condena. Desde entonces, Miñanco vivía en Algeciras, trabajaba de vigilante en un aparcamiento de la localidad y pasaba las noches en un centro de reinserción social donde debía dormir a la espera de que, durante este 2018, pusiera punto y final a su condena a pesar de que la Policía siempre ha mantenido la tesis de que, desde prisión, seguía dirigiendo el negocio del narcotráfico.

Su detención este lunes se enmarca en la operación Mito, que dirige la juez Carmen Lamela de la Audiencia Nacional, y señala a Miñanco como el líder de una organización dedicada a la introducción de cocaína en España y blanqueo de dinero. Una de las hijas del capo también ha resultado detenida en el marco de la investigación. También el número dos de Miñanco, Enrique Arango.

«El Franky», fugitivo con las huellas cambiadas

Como si de una película se tratase, la persecución y captura de Francisco Javier Martínez Sanmillán, alias «El Franky», duró 12 años, aunque la Policía seguía su pista desde la apertura de los casos «Nécora» (1990) y «Temple» (1999). Cambios de identidad, de rostro y una casa en una finca de 12.000 metros cuadrados son algunos de los detalles que marcaron la detención del capo que un día formó parte de la lista de los 15 prófugos de España más buscados por el Grupo de Localización de Fugitivos de la Policía.

«El Franky»
«El Franky»- EFE

En 2006, agentes de la UDYCO, en colaboración con la Policía Local de Dénia y el GRECO (Grupos de Respuesta Especial para el Crimen Organizado), localizó al capo gallego fugitivo en una mansión de lujo en una localidad cercana a Dénia. «Se me acabó la vida de lujo que llevaba», espetó a los agentes al ser detenido. Antes de su captura, «Franky», que se hacía pasar por piloto de avión, se había sometido a numerosos retoques estéticos para cambiar su aspecto físico, falseado su documentación e, incluso, cambiado las huellas dactilares de las manos por la de los pies en un intento de ocultar su verdadera identidad. En el juicio, alegó que durante su huida se aplastó los dedos con una prensa en un accidente laboral, pero los peritos desecharon la versión al encontrar cicatrices alrededor de los dedos.

La actividad delictiva de este capo de la droga se remonta a la década de los 80 y 90. Sanmillán, natural de León, pero gallego de adopción, desapareció en septiembre de 1994, un día antes de que se le notificase la sentencia de la operación Nécora. Años antes del mayor golpe al narcotráfico en España, «Franky» se había convertido en el enlace del clan de «los Charlines» con el cartel de Bogotá. En el juicio del caso se reconoció su papel como mediador entre ambas organizaciones, a través de una tercera persona asentada en Galicia y dirigida por Alfredo Cordero.

Convertido en fugitivo, uno de los históricos para la Policía, fue escalando posiciones debido a que no cesó su actividad delictiva. En 1997 la Policía intervino en Tapia de Casariego (Asturias) 5.000 kilos de cocaína y las pesquisas situaron a «Franky» como uno de los cabecillas de una organización.

Dos años después, en 1999, el juez Baltasar Garzón puso en marcha la operación Temple. En esta ocasión, la Policía intervino en total 13 toneladas de cocaína: 7.500 kilos a bordo del buque «Tamsaare» -nave nodriza para distribuir la droga por toda Europa que había comenzado su ruta en un punto cercano a Colombia y que fue interceptada en Canarias- y otros 5.500 en una casa de A Pobra do Caramiñal (La Coruña). Las pesquisas señalaron a «Franky» como el cabecilla de la organización que se encargaba de recoger la droga en el buque y trasladarla a la costa gallega.