José María Gil Robles, en el uso de la palabra en el Congreso de los Diputados
José María Gil Robles, en el uso de la palabra en el Congreso de los Diputados - Alfonso Sánchez García
anécdotas históricas del congreso

Gil Robles: la elegante respuesta a un insulto

De los calzoncillos de sus señorías a las esposas de los diputados, todo vale en la batalla dialéctica parlamentaria

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José María Gil Robles, líder de la derecha, pronunciaba un dicurso en el Congreso en el año 1934, explica Luis Carandell en su libro «Se abre la sesión». Desde lo alto del hemiciclo, en los bancos de la oposición, salió una voz que a grandes gritos señalaba: «Su Señoría es de los que todavía llevan calzoncillos de seda».

Risas, voces, griterío siguieron a este exabrupto. Gil Robles esperó a que las aguas volvieran a su cauce, miró al diputado que le había interrumpido y le replicó de forma tan fina y elegante como sólo él sabía hacer: «No sabía que su esposa fuera tan indiscreta».

Es una anécdota muy conocida, y con tanto estilo como aquella otra que protagonizó otro político irónico, mordaz y elegante: Winston Churchill. A él se dirigió Lady Astor, primera mujer que ocupó un escaño en la Cámara de los Comunes, y le dijo: «Si usted fuera mi marido, le echaría veneno en el te». A lo que el político respondió con rapidez: «Señora, si usted fuera mi esposa... me lo bebería».