Íñigo Méndez de Vigo, el día de su toma de posesión como secretario de Estado para la UE - San Bernardo
Íñigo méndez de vigo

El veterano europeísta que pudo perderse en 2009

En los momentos más duros de la crisis, fue el hombre encargado de convencer a los socios europeos de que España era un país fiable

Ramón Pérez-Maura
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Íñigo Méndez de Vigo (Tetuán, 1956) comenzó su carrera política de la mano de Marcelino Oreja. Cuando el ex ministro de Asuntos Exteriores empezó su campaña para ser secretario general del Consejo de Europa, el Gobierno de Felipe González le dio un despacho en las Cortes y allí, el presidente, Gregorio Peces Barba, le asignó como asistente a un joven letrado: Íñigo Mendez de Vigo y Montojo. Ambos se irían juntos a Estrasburgo y de allí volverían a integrarse en las listas de Alianza Popular al Parlamento Europeo en 1989. Desde entonces y hasta diciembre de 2011, Méndez de Vigo ha sido uno de los más relevantes miembros de la Eurocámara en el que tuvo un papel estelar en la redacción de la fallida Constitución Europea, reconvertida hoy en Tratado de Lisboa. [En imágenes: los últimos años de Méndez de Vigo]

Los orígenes políticos de Méndez de Vigo hacen que se le atribuya, con facilidad, la etiqueta de democristiano. Mas probablemente eso sea una distorsión. Hijo de un militar fallecido prematuramente y de una madre que cuando se quedó viuda se matriculó en la universidad para sacarse una carrera, es el mayor de cuatro hermanos que han demostrado, todos ellos, grandes carreras en el servicio a los demás, que es una forma de servir a España: su hermana Beatriz es secretaria general del CNI después de haber pasado toda su carrera profesional en la inteligencia española, su hermano Pedro es teniente coronel y su hermana Valeria ha dedicado toda su vida a trabajar en ONG. [Lee la escueta nota del Gobierno donde se informa del cambio de ministro del Gobierno ( en PDF)]

Pero la influencia política también le vino por su familia política. Su suegra, Begoña Urquijo, fue durante años la tesorera de Alianza Popular. Un cargo que siempre parece sospechoso y del que ella salió tan inmaculada que hasta el propio Rajoy evocó su memoria en la copa de Navidad del partido el año de su fallecimiento. No sé si se hará lo mismo con todos los tesoreros del PP.

Durante años, los méritos de Méndez de Vigo tuvieron un pobre reconocimiento en su propio partido. Llegó un momento, elecciones europeas de 2009, que anunció que abandonaba y, cuando ya había recogido el despacho de Bruselas, recibió la llamada de Mariano Rajoy pidiéndole que continuase. Su respuesta no fue inmediata. Consultó con su mujer, María Pérez de Herrasti, su más seguro baluarte.

Durante los últimos tres años y medio, Méndez de Vigo ha librado una de las más duras batallas del Ejecutivo español. En 2012 era él quien debía convencer a los Gobiernos europeos que se podían fiar de España. Que había un plan que iba a funcionar. Después de que se pusieran en marcha las medidas necesarias, aquel verano de 2012, Méndez de Vigo era un hombre angustiado, tocado, sin una sonrisa a la que siempre ha sido tan pródigo. Mas las cosas que él iba contando en Bruselas poco a poco fueron cuajando. Y durante este tiempo ha tenido una proximidad a Rajoy de la que carecían la mayoría de los secretarios de Estado. E incluso algunos ministros. Casi cada vez que Rajoy iba a Bruselas –y la lista es interminable– Méndez de Vigo viajaba con él, preparaba las reuniones y hacían balance juntos después. Rajoy sabe muy bien a quién ha puesto en este cargo aunque sea un nombramiento de tiempo de descuento. Pero un nombramiento muy difícil al tener que asumir la puesta en práctica de una LOMCE que ha empezado a ser incumplida por algunos gobiernos autónomos desde el primer minuto.

Pero lo que Rajoy puede saber –o no– es que, como pueden atestiguar sus amigos, Méndez de Vigo es una persona de una nobleza y una lealtad difíciles de igualar.