El Rey impone el Toisón de Oro a Fernández-Miranda
El Rey impone el Toisón de Oro a Fernández-Miranda - ABC

Don Juan Carlos: «Torcuato fue mi leal consejero y un español excepcional»

En un gesto inédito, el Rey firma el prólogo de una biografía sobre Fernández-Miranda

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Es muy excepcional que un Rey acceda a escribir el prólogo de un libro, pero en esta ocasión Don Juan Carlos no lo dudó. Se trataba de la primera gran biografía sobre Torcuato Fernández-Miranda («El guionista de la Transición», editorial Plaza & Janés), escrita en el centenario de su nacimiento, el 10 de noviembre de 1915. El autor, su sobrino-nieto y redactor jefe de la sección de España de ABC, Juan Fernández-Miranda, ha repasado sus anotaciones personales y ha entrevistado a quienes mejor le conocieron. Cuando el hijo mayor de Torcuato, Enrique, planteó al Rey esa posibilidad habían transcurrido pocos meses de su abdicación. Y el Monarca aceptó en el acto.

Don Juan Carlos no desaprovechó la oportunidad de manifestar, una vez más, su «admiración y afecto» por el hombre que le dio la clave -y muchas otras cosas más- de la restauración de la democracia. «Torcuato fue mi profesor en los primeros años 60 y, desde entonces, mi leal y eficaz consejero hasta el día de su fallecimiento», afirma.

Lo que unía a Don Juan Carlos con aquel catedrático de aspecto seco, que apenas sonreía y de humor frío, pero con el que congenió plenamente, iba mucho más allá de lo que se podía esperar entre un Monarca y un colaborador, por muy cercano que fuera. Prueba de ello era que más de veinte años después de la muerte de Torcuato, el Rey seguía conservando su foto en el despacho. Más aún, era la única foto que tenía expuesta de una persona que no pertenecía a su familia.

Su foto siempre estuvo en el despacho del Rey
Su foto siempre estuvo en el despacho del Rey

Pero el libro que el Rey tenía entre sus manos serviría para que el público conociera mejor a un hombre que había sido fundamental en su vida y en la historia de España, pero que se ha convertido en un desconocido para las nuevas generaciones. «Con la lectura de esta obra será posible conocer a la persona, al profesor y al político -expone Don Juan Carlos-, será posible conocer mejor a Torcuato Fernández-Miranda y Hevia, un español que siempre quedará en nuestra memoria con un sentimiento de honda gratitud».

En el prólogo, Don Juan Carlos habla como Rey agradecido a «este español excepcional» que participó activamente «en el diseño de la inmensa tarea de recuperar las libertades bajo el signo de la reconciliación y la concordia». Una labor que, según el Rey, «la Corona se impuso plenamente asumiendo una función integradora del conjunto de los ciudadanos y canalizando las demandas democráticas del auténtico protagonista de la Transición, el pueblo español».

Fernández-Miranda saluda a Doña Sofía en presencia de Don Juan Carlos
Fernández-Miranda saluda a Doña Sofía en presencia de Don Juan Carlos

Pero Don Juan Carlos también habla como alumno de aquel sorprendente profesor que se empeñó en enseñarle sin libros lo que un Monarca debía saber para ejercer el poder. «Recuerdo bien sus magistrales clases en la Casita de Arriba, cuando yo era aún un joven que iniciaba sus estudios universitarios. Él quiso que la formación que me dedicaba se instrumentase principalmente a través de apasionantes conversaciones que después se repetirían durante años y años».

Enseñar a un futuro Rey

Como se recoge en el libro, Fernández-Miranda consiguió cautivar a Don Juan Carlos con su peculiar forma de enseñar. «En esas clases Torcuato le habla de su futuro oficio de Rey, de lo que tendrá que hacer o dejar de hacer. Le enseña dos virtudes que le serán muy útiles: serenidad y paciencia. Pero a un chico de escasos 20 años todo eso le suena a chino y le deja angustiado:

-¿Pero cómo voy a ponerme al corriente de todas esas cosas? ¿Quién va a ayudarme? -pregunta una y otra vez el Príncipe.

-Nadie. Tendrá que hacer como los trapecistas que trabajan sin red.

-¿Sin red?

-Sin red.

La sintonía que se acabó forjando entre profesor y alumno empezó a inquietar a Franco, quien ordenó que uno de los ayudantes de campo del Príncipe estuviera siempre presente en las clases para controlar sus conversaciones; pero Don Juan Carlos y Fernández-Miranda encontraron otras vías para burlar la vigilancia y seguir diseñando esa España en libertad que, años después, sería una realidad.