Rouco Varela, en el décimo aniversario del 11-M: «Hubo personas dispuestas a matar por oscuros objetivos de poder»
Los Reyes saludan a las víctimas del terrorismo - efe
una década después, misa en la almudena

Rouco Varela, en el décimo aniversario del 11-M: «Hubo personas dispuestas a matar por oscuros objetivos de poder»

Los Reyes presidieron el funeral por las víctimas del 11-M, oficiado por el cardenal arzobispo de Madrid

Actualizado:

Los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Elena, acompañados por las altas autoridades del Estado, los servicios de emergencia y las asociaciones de víctimas, han asistido en la mañana de este martes al funeral oficiado en la catedral de la Almudena en recuerdo de las 192 personas que perdieron la vida hace diez años en los peores atentados perpetrados en España. [ Sigue en directo los actos de homenaje por las víctimas del 11-M]

Con el dolor ya sedimentado por el paso del tiempo, pero igual de intenso por la ausencia de los seres queridos; supervivientes, familias, autoridades, bomberos, policías y sanitarios recordaron aquel fatídico 11 de marzo que Madrid se tiñó de sangre. Y lo hicieron todos unidos en un acto único y unitario.

La ceremonia, de carácter ecuménica y con presencia de musulmanes, ortodoxos y budistas, estuvo oficiada por el arzobispo de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, acompañado por más de cuarenta obispos. En su homilía, Rouco llamó a hacer «examen de conciencia» diez años después de los atentados. «¿Qué consecuencias hemos sacado de la estremecedora experiencia de aquella terrible jornada en el orden de los valores éticos, morales y espirituales que debieron impregnar nuestra vida personal y colectiva?», preguntó.

efeRouco Varela ha oficiado el funeral

El arzobispo también afirmó que «hubo alguien, hubo personas, que con una premeditación escalofriante estaban dispuestas a matar inocentes, a fin de conseguir oscuros objetivos del poder», pero que «por mucho que lo pretendan o imaginen, tampoco podrán adueñarse del futuro de una ciudad, de un pueblo o de una comunidad política y, mucho menos, podrán definir y determinar el destino último de las propias víctimas y de sus familias».

«No sabemos exactamente cuáles fueron los propósitos e intenciones últimos de los que pensaron, programaron y ejecutaron los atentados de Atocha -afirmó-; lo que sí resulta claro es que no podrán neutralizar y menos anular los frutos de nueva y redimida humanidad».

efeLa Catedral de la Almudena

De luto riguroso, los Reyes, la Princesa -esta vez sí llevaba medias oscuras- y la Infanta Doña Elena fueron recibidos a la entrada de la catedral por el arzobispo, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que estaba acompañado por su esposa, Elvira Fernández, y las cuatro presidentas de las asociaciones de víctimas: Ángeles Domínguez, Ángeles Pedraza, Pilar Manjón y Mari Mar Blanco.

Ayudado por un bastón, Don Juan Carlos recorrió caminando el pasillo central hasta el sitial de honor mientras se oía el himno nacional. Dentro, también de luto, aguardaban las altas autoridades del Estado, encabezadas por los presidentes del Senado, Pío García Escudero, y del Congreso, Jesús Posada, y el presidente del Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes. Junto a ellos, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, los ministros Jorge Díaz Fernández y Alberto Ruiz-Gallardón; el presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría; el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, con la portavoz socialista, Soraya Rodríguez; la alcaldesa de Madrid, Ana Botella; el presidente de la Comunidad, Ignacio González; la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril; la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes; la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre.

A la salida del templo, los Reyes, la Princesa y la Infanta Doña Elena han permanecido unos minutos y han recibido el saludo de las distintas personas que han ido abandonando la catedral. Ya en calle, numerosas personas aguardaban en silencio la salida de las autoridades y de los asistentes a la ceremonia.