ESPAÑA EN FEMENINO

¿40 años y sin hijos?

Muchas mujeres se enfrentan con miedo a que sus carreras se puedan frustrar por la maternidad y la retrasan hasta que llegan los 40. Como la autora de este relato.

CELIA GUERRERO
MADRIDActualizado:

Veinticuatro horas. 24. Son las horas que me quedan para traspasar esa terrible barrera que tanto nos asusta a las mujeres. En mi cabeza aparece un reloj de arena por el que los finos granos desfilan rápidamente. ¿Qué me quería decir el subconsciente? Sólo voy a cumplir 40 años, aún me queda mucho por vivir... Entonces me doy cuenta de que muchos harán la temida pregunta para la que aún no tengo respuesta:«¿Y no piensas tener hijos?», «se te va a pasar el arroz». Una multitud de pensamientos me clavan sus finos aguijones: «siempre pensando en ti», «tanto trabajar, tanto trabajar y te has olvidado de lo más importante»... Así podría seguir líneas y líneas describiendo los reproches que me pasan por la mente. El largo periodo educativo que, unido a la crisis económica, ha provocado una incorporación al tardía al mercado laboral, los empleos precarios, la ausencia de medidas conciliadoras son otras causas que han hecho que ser madre a los 40, o mayor aún, sea algo más normal que hace unos años.

Mi marido y yo no hemos descartado nunca ser padres pero tampoco hemos hecho nada por hacerlo realidad, sin embargo, nadie le presta atención a él. ¿Por qué nadie vuelca en el hombre la presión social? Aun no he leído ningún artículo dirigido a los que no quieren tener hijos... Nadie puede culparnos a las mujeres por habernos volcado en nuestras carreras y haber retrasado la maternidad, El escaso apoyo a la maternidad desde las instituciones nos convirtieron durante mucho tiempo en «problemas» para las empresas y eso nos ha llevado a convertirnos en el país de Europa en el que la mujer tarda más en tener su primer hijo. Formar una familia pasaba a un segundo plano si querías ser alguien en tu profesión y llegar algún día a alcanzar un puesto de responsabilidad. Algo que todavía parece estar latente ya que un 67% de las mujeres cree que sus oportunidades laborales han mermado por ser madre o estar en la edad de serlo, según la Fundación Adecco. El mobbing maternal se convertía en un problema a atajar, empezando por nosotras mismas, que sentíamos que teníamos mucho más que probar y que no podíamos «perder el tiempo» o «distraernos» teniendo hijos. Y como yo quería triunfar, ni siquiera le dejé hueco en mi vida a la maternidad para evitar el absentismo laboral o que otra persona hiciera mi trabajo durante unos meses.La mujer tiene que parecer una superheroína, sin miedos, fuerte, que todo lo puede, pasar horas en la oficina para demostrar que vale tanto o más que su compañero de escritorio.

Otras mujeres a mi alrededor tuvieron hijos y algunas vieron sus carreras congeladas, otras incluso dejaron sus trabajos, a alguna la invitaron a irse... Leo a una bloguera de esas del irónicamente llamado «Club de malamadres» que «retrasar la maternidad, es para algunas una elección, que debemos respetar y para otras, una consecuencia más de las políticas económicas y laborales de nuestro país» a lo que se añade «un factor emocional, una presión social que genera inseguridad e incertidumbre a las mujeres».

He de tomar las riendas y tomar decisiones, elegir. Y lo planteo en el trabajo, con miedo, porque creo que en ese mismo momento mi carrera se va a ir al traste, pero me encuentro con miradas de comprensión, una voluntad infinita de ayudar y una humanidad que parecemos haber olvidado al hablar de la relación trabajador-empresa. Entienden que necesito el tiempo para los médicos, reposo para que tu cuerpo esté preparado, tranquilidad para que la concepción sea una realidad. Me siento muy afortunada, muchas mujeres no han vivido esa comprensión. Hay opciones para que mi carrera continúe y convertirme en mamá, aunque tenga 40 años, ya que justo acabo de enterarme de que las mujeres de mi edad ya no entran ya en las listas de fecundación in vitro de la Seguridad Social. Me siento una viejita arrepentida.

Me preocupa conciliar mi faceta profesional con mi vida personal pero por todas partes surgían obligaciones ineludibles y responsabilidades que no podría delegar, no podría compaginarlo todo... porque hasta ahora conciliar parecía un reto femenino. ¿A quién se le iba a ocurrir pedirle al hombre que redujera su jornada una hora para estar pendiente de los niños? ¿O que fuera el que pidiera el día libre en el trabajo para ir al pediatra? ¿O que preparase cenas mientras mamá llega del trabajo, o del gimnasio? Menos mal que eso parece que está cambiando.

Dejo de lado los prejuicios y me pongo manos a la obra, es el momento de tomar decisiones para conseguir mis objetivos, superar barreras y aprender a pedir ayuda, igual que he ido haciendo hasta ahora. Empieza un nuevo proyecto y todo un reto: la maternidad a los 40.