El candidato del Partido Popular al Congreso por Tarragona, Jordi Roca; el presidente nacional del PP, Pablo Casado; y el presidente del PP de Cataluña, Alejandro Fenández, aplauden al final del acto del Partido Popular en Tarragona
El candidato del Partido Popular al Congreso por Tarragona, Jordi Roca; el presidente nacional del PP, Pablo Casado; y el presidente del PP de Cataluña, Alejandro Fenández, aplauden al final del acto del Partido Popular en Tarragona - EP
Elecciones Generales

«Yo seré el próximo presidente»

Casado está de un optimismo que es difícil de distinguir si procede de la euforia de la infundada euforia de quien está en la carrera y quiere ganarla o de indicios razonables de que finalmente acabe ocurriendo lo que él desea

TarragonaActualizado:

Me gustan mucho las montañas rusas pero el vértigo me impedía subir a ellas, hasta que la Semana Santa del año pasado, tras unos meses muy complicados, llegué a la conclusión de que hay cosas peores que no seguir vivo y pude al fin disfrutar de Shambhala en Port Aventura. Le pedí a mi mujer que si cualquier cosa ocurría me enterrara bajo una lápida que dijera: «Aquí descansa, y de verdad, Salvador Sostres Tarrida».

Llegó Pablo Casado a la estación del AVE de Tarragona y se tomó un zumo de naranja con el mismo espíritu con que yo hace un año vencí el vértigo. Dijo lo que pensaba, exactamente lo que pensaba, sin negociarlo con nada ni con nadie, seguro de que hay cosas peores en este mundo que perder, o modos mucho más irrecuperables de perder que defendiendo aquello en lo que crees. No es que el candidato haya renunciado a ser presidente, todo lo contrario, cree firmemente que gobernará. Más bien ha asumido que tal como está España, ganar ya no puede ser sólo una cuestión numérica y es preciso que se impongan unas determinada ideas.

«Pero es que además voy a gobernar. Yo seré el próximo presidente. Estoy convencido de que el bloque de la derecha sumará y de que el PP tendrá un resultado mucho mejor del que vaticinan las encuestas». Y como incrédulo de que todavía una parte importante de la sociedad española pueda votar a Pedro Sánchez, recalca: «No son unas elecciones normales, ni está sólo en juego La Moncloa. Quieren indultar a los golpistas, quieren organizar un referendo sobre la monarquía y a la larga, con Podemos de punta de lanza, otro sobre la independencia de Cataluña. Puede parecer que lo digo por mí pero te juro que no es así: o la derecha se une o veremos la desunión de España. O el centro derecha convierte el mayor número posible de sus votos en escaños o Pedro Sánchez pondrá patas arriba al Estado, y con Rivera de palanca involuntaria si le hace falta».

La jornada, entre la visita a una empresa de innovación tecnológica en Reus y un mitin en Tarragona, transcurre principalmente en la furgoneta de campaña, con el lío de fondo de los debates. Pedro Sánchez especula, Abascal dice una cosa en público y otra en privado y Pablo Casado está tan convencido de ser mejor que sus oponentes, y de tener más razón que ellos, que acepta todos los debates que le proponga Pedro Sánchez y en las condiciones que él quiera.

Equivocado o no, vive con tal entusiasmo y orgullo su campaña que hasta a un independentista que le increpa le dice que quiere ser también su presidente para ayudarle a mejorar sus condiciones de vida. Sobre las encuestas me dice que ninguna da más de diez escaños de distancia al bloque de la izquierda. «Yo tengo un gran respeto y consideración por los votantes de Ciudadanos y de Vox, pero estoy seguro de que cuando estén solos ante la urna entenderán la tragedia de que su voto acabara beneficiando a Pedro Sánchez, sobre todo en las provincias en que PP y PSOE se reparten por 2 a 1 o 1 a 2 los tres escaños». Pedro Sánchez continúa rechazando los dos debates y Casado insiste en su ofrecimiento de ir a todos. Es disciplinado con los tiempos que le marca su jefa de prensa, María Pelayo, pero está pendiente de cada detalle y toma él todas las decisiones.

Con optimismo

Está fuerte, contento, de un optimismo que es difícil de distinguir si procede de la infundada euforia de quien está en la carrera y quiere ganarla o de indicios razonables de que finalmente acabe ocurriendo lo que él desea. En cualquier caso, no hay impostura ni disimulo. Con Pablo, «what you see is what you get», y el candidato que da mítines y saluda y se fotografía con sus audiencia se parece mucho al que más tranquilo y en confianza te dice lo que piensa y lo que piensa hacer si gana.

Se le nota el padre, el alumno aplicado, el tipo que más que demostrar lo que sabe hacer a los demás, para presumir o alardear, compite consigo mismo por hacerlo bien y ser una persona decente. Puede que el candidato pierda, pero la persona no dejará nada por el camino, y aunque tanta transparencia, por decirlo así, moral, puede que no sea la mejor estrategia, bastan unos minutos con él para darse cuenta de que no tiene otra.

Cada vez que María Pelayo le cuenta el nuevo capricho de Sánchez en relación a los debates televisados, se ríe, pero no del candidato socialista sino más bien con la risa nerviosa de la vergüenza ajena de quien no entiende cómo puede ser que los demás se pongan a ellos mismos en situaciones tan ridículas. El único momento de bajón se produce cuando su esposa le manda un vídeo de su hijo Pablo, que ha aprendido a montar en bicicleta sin las ruedecitas de apoyo y él no ha estado presente. Me mira y me dice «me lo he perdido», y a continuación dice algo muy cariñoso de Pablo Iglesias y de Irene Montero, y del impresionante valor que tuvieron los primeros meses de vida de sus hijos: «Fueron los dos muy valientes, me alegro mucho por ellos de que al final todo haya salido bien». «Si la política impidiera estos momentos personales de apoyo y de encuentro con los adversarios, probablemente no merecería la pena».

Buenas relaciones

A diferencia de Rajoy, que se impacientaba -por decirlo suave- ante la inconsistencia de Sánchez o Rivera, Casado se lleva bien con todos salvo con Bildu y los independentistas, «con quienes no tengo absolutamente nada que hablar. De hecho, y aunque de momento nadie se ha dado cuenta, aprovecho para ir al baño cuando ellos -sobre todo Bildu- toman la palabra». Está convencido de que Sánchez tiene pactado el indulto con ERC y de que Rivera prefiere ser el vicepresidente de un gobierno del PSOE para arrinconar al PP. «Pero no tendrá opción, porque los partidos de la derecha vamos a sumar y no le quedará margen para que vuelva a intentar lo de 2015».

Con el mismo entusiasmo que llegó de Madrid en AVE se marchó hacia Palma de Mallorca en avión, dejando en los suyos una dulce sensación de calidez y victoria. En diez días veremos si las cifras le acompañan. Por si la moneda cae del otro lado los lectores de ABC han de saber que no todo está perdido: entre los periodistas convocados a la jornada, el único que vestía chaqueta era nuestro Daniel Tercero, demostrando que aún significa algo más que unas siglas ser la derecha.