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Elecciones Cataluña 21DInés Arrimadas, el contrapunto del «procés»

Afiliada a Ciudadanos desde 2011, Arrimadas se ha reivindicado como la única alternativa para acabar con el secesionismo. Ese fue el mensaje que lanzó en su último acto de campaña el pasado martes

E.B.
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Inés Arrimadas (Jerez de la Frontera, 1981) es gaditana, lleva en Cataluña nueve años, aprendió a hablar catalán por placer y puede ser la próxima presidenta de la Generalitat (si la aritmética parlamentaria se lo permite). Esta jerezana llegó a la política por casualidad. Reticente a participar en la vida pública, ella misma ha reconocido que fue una amiga quien la arrastró a un acto de Ciudadanos, partido del que es una de las caras más relevantes. Tras los pasos de Albert Rivera, a quien sustituyó al frente de la formación en Cataluña en 2015, se ha convertido en la voz opositora del Parlament.

Hoy se ha convertido en la primera mujer que gana unas elecciones autonómicas en Cataluña. Además, ha logrado que, también por primera vez, un partido constitucionalista en la región sea la opción política más votada.

Afiliada a la formación desde 2011, Arrimadas se ha reivindicado como la única alternativa para acabar con el secesionismo. Ese fue el mensaje que lanzó en su último acto de campaña el pasado martes: «Solo hay un voto que puede ganar a los independentistas, y ese es el de Ciudadanos», aseveró frente a 2.500 personas en Barcelona.

Hija de un matrimonio natural de Salmoral, un pequeño pueblo de Salamanca. Inés Arrimadas es la pequeña de cinco hermanos. Su infancia, a caballo entre Andalucía (donde nació) y Barcelona (a donde sus padres emigraron para después volver a Jerez de la Frontera) marcó las aspiraciones de la andaluza que, tras licenciarse en Derecho y Administración de Empresas por la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, y un erasmus en Niza, comenzó a trabajar en Barcelona. Fue en 2011 cuando se unió a Ciudadanos, donde se estrenó en la Ejecutiva del partido como secretaria de Juventud. Dos años después, en 2013, llegó al Parlament de Cataluña como diputada y en 2015, tras pasar por la portavocía de varias comisiones, se convirtió en la portavoz del grupo parlamentario catalán de Ciudadanos y más tarde, con el salto a la política nacional de Rivera, presidenta del mismo.

Con un bagaje político curtido en el Parlament, el pasado mes de mayo fue elegida candidata a presidir la Generalitat. Arrimadas se impuso a sus rivales con distancia y, desde entonces, ha defendido un único objetivo: hacer de Ciudadanos una «alternativa de Gobierno para todos los catalanes». Un mensaje por el que en las calles se le llama «fascista» y desde las filas rivales se le acusa de «mentir» o «humillar a las instituciones» de la región.

Su lugar de origen ha sido diana de las críticas de sus oponentes. «¿Por qué no vuelves a Cádiz?» le sugirió Nuria Gispert, expresidenta del Parlament, cuando en pleno órdago secesionista, y tras la celebración del 1-O, Arrimadas declaró que Cataluña no podía permitirse más años de procés. Sin embargo, la candidata de Ciudadanos siempre se ha mostrado orgullosa de donde es; hace tan solo un día afirmaba en una entrevista para ABC que para «algunos» no llegaba la categoría de charnega (una inmigrante en Cataluña desde otra parte de España donde no se habla catalán) porque «no nació en Cataluña» y aún así considera su origen «a mucha honra».

Celosa de su vida privada, su amor con Xavier Cima no pasó desapercibido para la opinión pública. Cima, ahora empresario, y Arrimadas se conocieron en el hemiciclo catalán cuando él ocupaba un escaño por CiU. Nacionalista, Cima se alejó de la vida política cuando su relación se consolidaba: en 2016 abandonó su concejalía en Ripoll y no volvió a concurrir en las listas al Parlament.